| 10/13/2016 12:00:00 AM

Desconfianza en la banca europea por sanciones a alemanes

El mal momento del Deutsche Bank y del Commerzbank agitan los mercados financieros. Temen contagio.

Al finalizar septiembre, los inversionistas internacionales estuvieron inquietos por la solidez de la banca alemana. El motivo de preocupación fue el efecto que una indemnización reclamada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos podría tener sobre la rentabilidad, la solvencia y la liquidez del Deutsche Bank (DB). La compensación fue establecida en US$14.000 millones, por la venta engañosa de activos financieros complejos, respaldados por hipotecas entre 2005 y 2007 en ese país.

Como el DB había hecho una reserva de apenas US$6.200 millones para ese tipo de contingencias, en el caso de pagar esa sanción incurriría en un déficit de capital. Para restablecer su relación de solvencia –que en 10,8% es la más baja de los grandes bancos europeos–, tendría que cubrir ese déficit con la venta de activos, aportes adicionales de sus accionistas o con fondos públicos. La multa podría bajar –se habló de US$5.400 millones– como fruto de una negociación similar a la que realizaron otros grandes bancos multinacionales con el Departamento de Justicia estadounidense. Aún así, no dejaría de generarle dificultades.

Los problemas del DB intranquilizan a las autoridades y a los inversionistas por su importancia sistémica: es el mayor banco alemán, el cuarto en Europa y el décimo más grande del mundo. Su interconexión con el sistema financiero internacional es amplia y compleja, entre otras razones porque es la mayor cámara de compensación de Europa. Su fragilidad es tan peligrosa, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) lo catalogó como “el más importante contribuidor neto a los riesgos sistémicos globales”.

Sus dificultades podrían derivar en una disminución de la oferta de crédito en Alemania, lo cual frenaría la actividad económica en Europa y el resto del mundo. Las consecuencias de su eventual insolvencia podrían resultar incluso más graves. Algunos analistas creen que bastaría con el derrumbe de uno de los grandes bancos europeos para desencadenar otra crisis financiera internacional, en razón de sus interconexiones con el resto del sistema mundial, que conducirían a congelar de nuevo el crédito en una escala global.

El efecto de la multa sobre la solvencia del DB podría estrechar su liquidez, por un eventual retiro de sus clientes y las dificultades de fondeo que enfrentaría en los mercados. Esos temores motivaron hace dos semanas a algunos fondos de cobertura a dejar de utilizar sus servicios. Esta reacción inquietó a los inversionistas, debido a sus implicaciones sobre el portafolio de derivados y la materialización del riesgo de liquidez del banco.

Por tal motivo, la acción del DB cayó a un mínimo en 33 años. El descenso presionó a la baja las acciones de otros grandes conglomerados financieros, cuyo conjunto disminuyó 7%, lo cual haló el S&P 500 1% hacia abajo el 29 de septiembre. Además, la desconfianza en la estabilidad del sistema financiero internacional, motivada por las dudas sobre la solidez de la banca europea, generó entre los inversionistas una mayor aversión al riesgo y sesgó sus preferencias hacia los activos seguros, por lo cual la tasa de interés del bono a 10 años del Tesoro estadounidense se redujo 6 puntos básicos.

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La inquietud de los mercados se acrecentó además por las dificultades del Commerzbank, que es el segundo alemán y tiene otra de las solvencias más frágiles de la región. Por esos días el banco anunció planes para disminuir de cuatro a dos sus unidades de negocio, recortar su nómina en 9.600 plazas y suspender la repartición de dividendos.

La estrechez de los márgenes de los bancos alemanes, que causó el nerviosismo de los mercados, es común a toda la banca de la Zona Euro. Sus principales causas son la menor demanda de crédito, ocasionada por el estancamiento de la economía; las bajas tasas de interés, el aplanamiento de la curva de rendimientos y los réditos negativos que les paga el Banco Central Europeo por las reservas bancarias.

Otro argumento de temor es que muchos de los bancos de esa región no se reestructuraron después de la crisis financiera de 2007–2009. Por tal motivo, tienen todavía líneas de negocio riesgosas e insostenibles, junto con activos desvalorizados y de alto riesgo, entre ellos créditos rotativos e hipotecas titularizadas, cuyos valores nominales no han reducido ni sacado de sus balances o hecho las provisiones de rigor, al tiempo que sus ponderadores de riesgo son muy bajos.

Por estas razones, a pesar de la complacencia con que las autoridades certifican que el sistema tiene suficiente capital para soportar un escenario económico y financiero adverso, los analistas piensan que los bancos europeos tienen déficits y que las autoridades deberían obligarlos a capitalizarse. Deberían hacerlo, entre otras razones, porque el valor de su patrimonio y sus activos en libros no han registrado la desvalorización sufrida en el mercado. Por el contrario, las autoridades les permiten pagar dividendos, cuando deberían capitalizarlos para mejorar su solvencia.

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Tampoco les exigen sincerar sus balances, debido a las pérdidas y al efecto que tendría sobre su solvencia. En ese caso, su déficit de capital saltaría a la vista y la incapacidad para suplirlo con aportes de los accionistas o emisión de nuevas acciones en el mercado causaría una corrida bancaria, lo cual obligaría a los gobiernos a rescatarlos.

Un motivo de preocupación adicional de los mercados es que algunas de las instituciones bancarias multinacionales europeas podrían recibir onerosas multas por el mismo motivo que el DB, con consecuencias similares sobre su estabilidad.

Como si todos estos peligros fueran pocos, los bancos italianos tienen también un alto riesgo de crédito, debido a la mala calidad de sus préstamos, que no mitigan porque hacen unas provisiones exiguas. Además, su solvencia es tan frágil que dejaría a algunos de los más grandes al borde de la bancarrota en una coyuntura adversa.

El descenso estructural en la demanda de crédito después de la crisis, por la necesidad de los deudores de ahorrar para atender su alta carga financiera, generó también un exceso de capacidad en la banca europea.

En lugar de obligarla a capitalizarse y a reducir su exceso de capacidad, para mejorar su solvencia y rentabilidad, las autoridades adoptan bajos estándares regulatorios y le proveen liquidez barata. Con ello aplazan la solución de sus problemas.

Mientras tanto, por la baja rentabilidad y las falencias de capital, la banca europea continuará como uno de los mayores peligros para la estabilidad financiera mundial.

Fuente: Statista

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