| 3/20/2015 10:00:00 AM

Preocupante desaceleración de China

La segunda locomotora del planeta avanza cada día más lento. La meta oficial para 2015 es crecer 7%, el nivel más bajo en 25 años, pero pocos creen que lo logre. Temor por la disparada de su deuda.

Este año no arrancó bien para la economía China. La producción industrial creció hasta febrero 6,8%, la cifra más baja desde noviembre de 2008; las ventas al por menor, indicador de la demanda interna, y la inversión en activos fijos aumentaron 10,7% y 13,9%, mínimos que no se registraron ni siquiera durante la pasada crisis financiera, al tiempo que sus importaciones descendieron 20%.

El gigante asiático creció 7,4% en 2014, la tasa más baja de los últimos 24 años, y completó más de cuatro años desacelerándose de forma progresiva. Sin embargo, a principios de 2015 sufrió el frenazo más pronunciado de la última década. Esto llevó a su gobierno a ajustar sus proyecciones de crecimiento para este año a 7%. El problema es que es una meta con poca credibilidad, dadas las dificultades que se registran en términos macroeconómicos.

“Algunos problemas muy arraigados en el desarrollo económico del país se están haciendo más obvios. Las dificultades que encaramos para este año pueden ser peores que las del año pasado”, advirtió el primer ministro chino, Li Keqiang, durante su más reciente discurso del estado de la Nación.

China es ya una economía que supera los US$10 billones, así que si logra crecer 7%, sería el equivalente a un país de tamaño medio como Suecia o Polonia, pero justamente su gran tamaño es una limitante adicional para crecer. Esto se explica por la llamada ‘ley de los grandes números’, que aplica para naciones así como para empresas: cuanto más grande es, más difícil es seguir creciendo a un ritmo rápido. Así que era inevitable una desaceleración tras registrar tasas de crecimiento promedio anual de 10% durante las últimas tres décadas.

El crecimiento es una función de los cambios en el trabajo, el capital y la productividad. Estos tres factores aumentaron durante muchos años en China, pero ahora enfrentan vientos en contra: la población en edad de trabajar alcanzó su punto máximo en 2012; la inversión también parece haber tocado techo –en 49% del PIB, nivel que pocos países han visto– y la brecha tecnológica con los países ricos es cada vez más estrecha, lo que implica que el crecimiento de la productividad será menor, explican en The Economist.

Bomba de tiempo

“Es factible que el ritmo de crecimiento baje a un promedio entre 4% y 5% anual en los próximos cinco años”, le dijo a Bloomberg Ruchir Sharma, jefe de mercados emergentes de Morgan Stanley Investment Management. Uno de los argumentos para su pesimismo es el creciente endeudamiento chino, que no duda en calificar como una ‘bomba de tiempo’.

La deuda total –incluyendo la del gobierno, los hogares y las empresas– ha subido de 100% del PIB en 2008 a 250% hoy. Esta deuda le permitió a China alimentar su economía durante la crisis financiera global, pero también le implica una carga pesada de pagos.

Ningún otro país en desarrollo ha amasado tanta deuda tan rápido, según las cuentas de McKinsey Global Institute, al tiempo que en Morgan Stanley señalan que los 30 países que han experimentado los mayores crecimientos de deuda desde 1980 registraron una desaceleración económica luego de subir su endeudamiento.

Mientras en 2007 cada dólar de deuda china añadió un dólar al PIB, ahora requiere US$4 de crédito para el mismo efecto. Por eso inversionistas como Sharma están reduciendo sus inversiones en China, así como en las economías que dependen de la demanda del gigante asiático, especialmente los exportadores de materias primas, como Brasil y Rusia.

Otro factor que preocupa del sobreendeudamiento chino es que gran parte de esos recursos fluyeron hacia los promotores inmobiliarios, que hoy ya no venden al mismo ritmo. Tras años de burbuja, las ventas y los precios de viviendas empezaron a caer desde inicios de 2014 y la tendencia sigue en 2015. En enero los precios descendieron 0,4% en promedio y sumaron nueve meses consecutivos a la baja.

El sector inmobiliario, que anteriormente representaba alrededor de 15% del crecimiento económico, podría enfrentar una dura contracción, pues recuperarse del elevado endeudamiento puede tardar años.

Cambio de modelo

En contra del crecimiento de China también juega el cambio de su modelo económico, para dejar de ser la fábrica del mundo, con una mano de obra barata y poco calificada, a convertirse en una economía de servicios y enfocada en su mercado doméstico, que no en balde tiene 1.600 millones de consumidores.

Este cambio de modelo conlleva el cierre de miles de fábricas en sectores con exceso de capacidad, lo que de entrada afecta miles de empleos y, por ende, el ritmo de avance en el PIB.

En declaraciones a periodistas, el primer Ministro Li ha rechazado las teorías de que el rápido crecimiento que experimentaron en el pasado tenía como objetivo superar a Estados Unidos para convertirse en el número uno de la economía mundial, pues considera que esa es una “exageración engañosa”. Agrega que según los estándares internacionales, China sigue siendo la segunda economía más grande del mundo, pero también una nación en desarrollo en todo el sentido de la palabra. En términos de PIB per cápita, se mantiene detrás de unos 80 países, lo que ratifica la necesidad de cambiar de modelo económico.

Pese a la inminencia de una desaceleración, Li insiste en que su gobierno tiene herramientas para evitar una caída pronunciada del PIB. Durante la pasada crisis financiera desplegaron un paquete de estímulos por US$640.000 millones y podrían repetir una ayuda similar, al tiempo que aplican políticas contracíclicas en tasas de interés. Tras dos años y medio sin medidas drásticas, el Banco Central chino recortó en noviembre –por primera vez– los tipos de interés y luego realizó un segundo tijeretazo a finales de febrero.

Con o sin ayudas del gobierno, lo cierto es que como van las cosas el crecimiento chino de dos dígitos parece cosa del pasado.
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