| 12/13/2013 5:00:00 AM

Pan y circo

La derrota que sufrió la oposición en las elecciones municipales confirma que la estrategia oficialista da resultados, en un país que sigue acostumbrado a las dádivas.

El presidente venezolano Nicolás Maduro acaba de confirmar la máxima según la cual el que ríe de último ríe mejor. En octubre las encuestas vaticinaban un nefasto resultado para el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) en las elecciones del 8 de diciembre.

El desolador escenario de una inflación que se acercaba al 50%, un desabastecimiento de 21%, un déficit fiscal sin precedentes y un dólar que en el mercado negro superaba los 60 bolívares –frente a 6,30 del oficial– tenía contra las cuerdas al gobierno. Muchos querían ‘desquitarse’ en las urnas de un gobierno que en 14 años ha probado su ineficiencia en el manejo económico.

Pero en noviembre, atrincherado en una diatriba de lucha contra la ‘guerra económica’ que estaría adelantando en su contra la oposición, Maduro volteó el resultado y logró quedarse con cerca de 80% tanto de las 336 alcaldías del país, como de los 2.389 concejales. La oposición, que había pedido al pueblo acudir a las urnas como un ‘plebiscito’ contra el gobierno, tuvo que conformarse con unas 55 alcaldías, aunque algunas de ellas emblemáticas por la cantidad de habitantes, como Caracas, Maracaibo, San Cristóbal y Barquisimeto, o por el simbolismo político, como Barinas, cuna de Hugo Chávez.

¿Qué provocó este cambio? Para el líder de la oposición, Henrique Capriles: la evidente división porque “el país no tiene dueño” político.

Pero quizás la explicación se encuentre en un tema más simple, como lo asegura un análisis del diario El País de Madrid: Maduro capitalizó el descontento popular en el tema económico y antes de que se lo achacaran, culpó a la oposición de declararle una guerra económica y vender productos caros.

Con la imagen de ‘presidente vengador’ y protector de la clase media, en noviembre Maduro expropió empresas, tomó el control de establecimientos y, al bajar por decreto los precios de electrodomésticos y vehículos generó un impacto sicológico entre los venezolanos, que encontraron que alguien estaba haciendo “algo por ellos”.

Sin una estrategia clara para responder de forma contundente, la oposición mantuvo su discurso tradicional y no fue al contraataque, generando la sensación de que “el que calla otorga”.

Aunque no le faltan razones a la oposición para asegurar que los resultados económicos de la última década han sido desastrosos, las dádivas otorgadas a la clase media terminaron siendo más efectivas que las expectativas ideológicas de quienes buscaban un cambio.

¿Qué tan sostenible es la estrategia populista? Pocos creen que el gobierno pueda mantener las dádivas a las que está acostumbrando a los venezolanos. Una caída en los precios del petróleo podría llevar a un 2014 de cruda verdad para los venezolanos, cuando enfrentarán una nueva devaluación y un sinceramiento en las cuentas fiscales. Un guayabo de cuidado.
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