| 9/13/2012 6:00:00 AM

Cuenta regresiva

Ni Obama ni Romney logran convencer a la mayoría de los electores. La llave de la Casa Blanca sigue en juego y la economía ocupa el primer lugar de importancia en la contienda.

El pasado 4 de septiembre, cuando el país estaba concentrado en los anuncios de paz del presidente Juan Manuel Santos, en el recinto de la Comisión III del Senado, encargada de temas económicos, no cabía un alma. Pasado el mediodía se inició el debate sobre el futuro de la cuarta generación en telecomunicaciones (4G) y el papel del Gobierno en la asignación y la subasta del espectro.

Con el debate –citado por los senadores Juan Mario Laserna y Jorge Enrique Robledo– se buscaba poner en blanco y negro qué pasará con el internet móvil y de datos, que serán los negocios del futuro, ya que se estima que la voz va a ser solo una aplicación sobre el ‘tubo’ de datos y la ventaja que hoy tiene podría ir desapareciendo.

El debate llegó en un momento de alta tensión. ¿Por qué? Para muchos, incluidos los senadores citantes, en Colombia hay una posición casi de monopolio por parte de la empresa Claro –antes Comcel– en el mercado de voz celular –que tiene cerca de 67%– y, aunque desde hace tres años se definió que la empresa tenía una posición de dominio, el Gobierno y la autoridad regulatoria (Comisión de Regulación de Comunicaciones, CRC) no han tomado medidas para romper el desequilibrio competitivo.

Con una tasa de desempleo que ha estado por encima de 8% durante los últimos 43 meses –al cierre de agosto fue de 8,1%–, una deuda pública que el viernes 7 de septiembre llegó a US$16 billones y un crecimiento todavía incipiente –debido a los coletazos de la crisis mundial–, la mayor economía del mundo enfrenta una coyuntura particularmente difícil.

Como en 1992, cuando Bill Clinton le ganó a George Bush padre, el pulso por la presidencia con la clásica frase de campaña “es la economía, estúpido” y enfocarse en plantear soluciones en esta materia, en 2012 el debate electoral se concentra en las propuestas para lograr que la primera potencia productiva del mundo salga del bache.

Esta vez, sin embargo, la coyuntura es esquiva para los dos candidatos en contienda, pues tendrán que conquistar electores que han sentido en sus bolsillos el rigor de la crisis.

Para Barack Obama, el lastre desde su llegada al poder en 2008 ha sido la recesión económica, que lo obligó a adoptar costosas medidas de ayuda que le han valido duras críticas y una abultada deuda.

Tampoco el republicano Mitt Romney puede cantar victoria. Sus propuestas de crear 12 millones de empleos en el cuatrienio y de recortar impuestos para reactivar la economía son vistas con desconfianza por quienes dudan de la existencia de ‘fórmulas mágicas’. De hecho, sus principales detractores le critican que defienda el recorte de impuestos para los más ricos, en desmedro de la clase media.

Quien se posesione el 20 de enero de 2013 tendrá que tomar dos decisiones cruciales: el recorte de US$110.000 millones en gastos de defensa y programas sociales –o buscar alternativas para financiar el hueco fiscal– y, por otro lado, decidir si mantiene o recorta las exenciones fiscales creadas por George W. Bush, que vencen el próximo año.

Las cifras mandan

Durante la proclamación de Obama como candidato oficial del Partido Demócrata, el 6 de septiembre pasado en Charleston, el expresidente Clinton hizo una férrea defensa del actual mandatario, pidió el voto de confianza para un nuevo periodo de Obama y centró su discurso en los temas clave de la economía de Estados Unidos.

En el emotivo discurso, que le mereció una cerrada ovación, Clinton aseguró que “cuando Obama llegó al poder se encontró con una economía en crisis. Ninguno de sus predecesores, ni siquiera yo, podríamos haber reparado en solo cuatro años el daño que encontró. Ha echado los fundamentos y tiene derecho, por tanto, a recoger los frutos de estas políticas y consolidarlas. Obama ­dijo­ que creará millones de nuevos y buenos empleos”.

Pese a las críticas de sus adversarios por los escasos resultados, el esfuerzo desplegado por el equipo económico de Obama ha sido monumental. El presidente lanzó un paquete de estímulos fiscales por US$825.000 millones para sacar a flote una economía afectada por el coletazo de la crisis mundial.

Sin embargo, hay quienes no le perdonan haber incumplido su promesa de duplicar las exportaciones de las pequeñas empresas, crear más de un millón de empleos –en su gobierno se han creado 500.000– o controlar el endeudamiento, que a su llegada se situaba en US$10,6 billones y ya alcanza los US$16 billones.

El corolario ha sido la elevada tasa de desempleo, que en 2008 llegó a estar en 10%, y durante más de tres años se ha mantenido por encima de 8%, un tema que para el ciudadano común es el de mayor preocupación. Según el diario El País, ningún presidente desde Franklin Delano Roosevelt ha sido reelegido con una tasa de desempleo por encima de 7,4% Pero los republicanos no escapan a las críticas por el manejo económico del pasado. El propio Clinton fue el encargado de enrostrarle a Romney el legado del partido republicano al asegurar que “quieren volver a implantar las medidas que nos metieron en problemas. Pretenden rebajar los impuestos a los ricos y reducir las partidas destinadas a la clase media y a los pobres”.

Con una propuesta enfocada en reducir el tamaño del Estado y recortar los impuestos a las empresas para estimular la generación de nuevos empleos, los republicanos tienen por ahora una ventaja en la percepción de los ciudadanos frente al manejo económico que le darían al país.

La encuestadora Gallup encontró que 71% de los estadounidenses desaprueba el manejo que Obama le ha dado a la economía desde su llegada al gobierno, mientras una encuesta del diario The Wall Street Journal y la cadena NBC, divulgada en junio, indica que 40% de los consultados cree que los republicanos controlarían mejor el gasto público, frente a 23% a favor de los demócratas.

Sin embargo, a la hora de medir la favorabilidad de los candidatos, Obama sigue llevando la delantera, frente a un Romney a quien todos perciben como mejor preparado, pero muy alejado del ciudadano común. Antes de las convenciones Demócrata y Republicana, en las que se proclamaron los candidatos, muchas encuestas mostraban un empate técnico.

Sin embargo, luego de los discursos de los candidatos oficiales, Obama ha aumentado la diferencia frente a Romney.
Neil Newhouse, el principal asesor del candidato republicano, aseguró a la prensa que no hay que estar nerviosos por las encuestas –que le han dado algunos puntos adicionales al presidente– pues “la realidad de la economía de Obama supondrá en última instancia la caída de su Presidencia y Mitt Romney ganará esta carrera”.

Más allá de la coyuntura electoral, es claro que el desafío económico para el nuevo mandatario de Estados Unidos es gigantesco. Reducir el déficit fiscal, estimular la creación de empresas, generar nuevos empleos y reactivar la economía serán los principales temas del próximo presidente. Y, por ahora, no hay fórmulas mágicas para solucionarlos.

 

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