| 7/21/2016 12:00:00 AM

Así perjudica el terrorismo al sector turismo

El mundo vive un auge fatal de ataques terroristas. ¿Cuáles son sus efectos frente al turismo? ¿Sigue siendo el mundo un lugar seguro para los turistas?

En los últimos 40 años, Niza, una de las principales ciudades turísticas de Francia y Europa, ha sufrido 32 ataques terroristas, de acuerdo con la Global Terrorism Database (GTD). En el más reciente episodio de terror, 84 personas fallecieron luego de una demencial acción.

Se trata de una de las mayores tragedias en Francia. La preocupación fundamental es cómo enfrentar esta amenaza que está mostrando nuevos mecanismos para generar terror en la población y ocasionando muchas bajas.

Otro de los asuntos que ha generado preocupación es el impacto de los atentados en la que es una de las principales actividades económicas no solo de Francia sino del mundo entero: el turismo. Una mirada a la correlación (o no) de estos dos temas puede revelar algunas sorpresas.

Según relatan los medios, desde los primeros minutos luego de los atentados, lo primero que ha ocurrido es una ola de cancelaciones de reservas en los hoteles de Niza. Eventos como conciertos, exposiciones y congresos se vieron afectados. En Francia la preocupación es grande, pues el terror ha llegado incluso a su capital.

El turismo representa para el país galo cerca de 7% del PIB, gracias a las divisas que le llevan cada año cerca de 85 millones de visitantes de todo el mundo. Así que el terrorismo pone en riesgo la estabilidad de una de las más importantes actividades económicas del planeta.

La correlación

Que el mundo está enfrentando una creciente amenaza terrorista lo demuestran las mismas cifras. El número de atentados se ha multiplicado prácticamente por tres en los últimos años, al pasar de 5.009 incidentes en 2011 a 14.806 en 2015, según lo muestran las cifras de GTD.

Además, el impacto en vidas humanas de tal expresión de violencia también está siendo cada vez más dramático: en 2014 se registró un récord histórico en el número de muertos por atentados terroristas, al llegar a un total de 32.658, frente a los 18.111 que se registraron en 2013.

Pero si el terror sigue aumentando y se muestra más efectivo, lo que ocurre con el turismo es igualmente sorprendente. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), la actividad registró su sexto año consecutivo de crecimiento por encima del promedio histórico, con 1.184 millones de turistas por todo el planeta. Esto representa un crecimiento de 4,4%; es decir, 50 millones de turistas más viajando a un destino internacional. Y los ingresos 3,4%, US$1,2 billones (millones de millones). En el mismo periodo en que el terror se triplicó, el turismo, medido como el número de pasajeros que viaja a destinos internacionales, creció 24%.

La OMT destaca que el turismo internacional ya representa 7% de las exportaciones mundiales y 30% de las exportaciones de servicios. En su más reciente informe anual, la Organización señaló que “la proporción del turismo sobre el total de exportaciones de bienes y servicios pasó de 6% a 7% en 2015, siendo el cuarto año consecutivo en que el turismo internacional supera en crecimiento al comercio mundial de mercancías, que aumentó 2,8% en 2015”. Asia, Europa, América y el Pacífico lideraron este ritmo. La expectativa es que en 2016 el crecimiento se mantenga por encima de 4% y todo parece indicar que así será, pues a junio los 538 millones de turistas internacionales registrados ya representaban un crecimiento de 4% frente a 2015. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué en medio de un incremento inusitado del terrorismo y sus efectos atroces, la gente sigue considerando que el mundo es un lugar seguro para viajar?

Grandes Impactos

Que el turismo siga creciendo no quiere decir que el terrorismo no tenga impactos económicos. Para empezar, ya se dijo que la primera reacción con relación a los lugares donde ocurren los atentados es la cancelación de reservas y eventos como medida de seguridad; este efecto se puede extender en el mediano plazo, si las personas consideran que un destino específico no garantiza las condiciones de seguridad o que la amenaza se mantiene viva.

De otra parte, los mercados de valores aumentan su volatilidad y se presentan pérdidas en sectores específicos. Sin embargo, tal y como lo muestran las cifras, los impactos no son universales ni estructurales, pues no logran cambiar de fondo las prácticas de las sociedades víctimas de este flagelo. Prueba de ello es que Niza, a pesar de los más de 30 atentados sufridos en cuatro décadas, sigue siendo una de las perlas del turismo francés.

Lo que el terrorismo logra tiene una capacidad focalizada, pues la reacción natural de las personas frente a los hechos es tomar más precauciones de seguridad, pero continuar con sus actividades. El terrorismo no logra sacar de órbita a las sociedades víctimas, sino que las obliga a adaptarse.

Cabe recordar el desplome de la actividad turística y de la industria aérea luego de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, los más sanguinarios en la historia de occidente. Ese año la actividad del turismo prácticamente se paralizó. Por otra parte, las bolsas del mundo reaccionaron con caídas históricas. Sin lugar a dudas se enfrentó una situación crítica que no tenía antecedentes. Sin embargo, los atentados obligaron a tomar medidas de seguridad extremas que llevaron en el mediano plazo a que las cosas volvieran a su curso natural, que por lo que indican las cifras es de crecimiento sostenido.

La reacción de las personas ante los actos terroristas no es dejar de viajar, sino cambiar sus destinos turísticos o aplazar sus planes por algunos meses mientras todo se decanta. Esto incluso dentro de los mismos países afectados por terrorismo. Por ejemplo, si bien hasta antes del atentado en Niza el turismo hacia París había caído cerca de 11% desde enero, el número de turistas hacia otras ciudades de Francia había aumentado cerca de 1%, según relata la revista Expansión. Es muy probable que este año muchas personas que tenían planeado viajar a Francia decidan cancelar sus itinerarios; pero luego se recupera la tendencia de mediano plazo, que en el caso del turismo es crecer por encima de 4%.

Así es posible concluir que los efectos del terrorismo, devastadores en vidas y en generar sensación de inseguridad entre los ciudadanos, no tienen el mismo impacto generalizado y estructural en las decisiones sobre turismo.

Lo que sí afecta drásticamente al turismo es la situación económica. El único año en que el turismo mundial cayó en la última década fue 2009, justo después de la debacle mundial del sector financiero, cuyos efectos todavía hoy se sienten en muchas regiones.

Esta resiliencia frente al terrorismo se puede explicar por una clase media que ha crecido en varias regiones del mundo y que ha logrado incluir los viajes internacionales en su canasta básica de consumo; igualmente, la devaluación de numerosas monedas duras permitieron a muchos turistas de clase media en países desarrollados buscar destinos fuera de sus países de origen. Ahora, cuando las monedas duras se volvieron a fortalecer, la industria turística de mercados emergentes como el de Colombia puede volver a tomar fuerza. Finalmente, la oferta de turismo se ha ampliado en muchas partes del mundo como Asia y Suramérica.

El terrorismo se ha convertido en uno de los temas centrales de la agenda de seguridad mundial. Reducir la incidencia, evitando acciones terroristas como las que se han manifestado en Francia y Turquía es fundamental. Ese sigue siendo el desafío central.

Sin embargo, lo que ocurre con las tendencias en el turismo son una señala positiva en medio de un ambiente de miedo, al final de cuentas esta actividad es una forma pacífica de intercambio entre culturas.

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