| 12/18/2014 6:15:00 AM

Echando para atrás

Michelle Bachelet sigue generando polémica, pues sus críticos dicen que promueve la estatización de la economía y reforma algunas de las políticas exitosas de los últimos años. ¿Va por el camino equivocado?

El influyente diario británico Financial Times puso en el centro del debate la propuesta de repensar el esquema de libre mercado impulsada por la presidente Michelle Bachelet quien, con ocho meses en el cargo, ha impulsado reformas que podrían dar al traste con los milagros de política económica que le atribuyen al país austral. Lo que preocupa a los expertos es que esta vez, a diferencia de su primer periodo presidencial 2006-2010, cuenta en el Congreso con una coalición mayoritaria (La Nueva Mayoría) de centro izquierda.

Después de todo, las políticas desarrolladas en ese país en los últimos 30 años han sido exitosas en términos de crecimiento económico y reducción de la pobreza. Hoy es posible mostrar a Chile como el país de mayor ingreso per cápita de la región, por encima de pares que en el pasado mostraron mejores indicadores, como Venezuela, Argentina y México; así mismo, otros indicadores revelan mejoras continuas en la productividad del sector agrícola, acceso a la educación e índices de apertura comercial, impulsados por varios acuerdos comerciales y bajas tasas de desempleo. La suma de buenas calificaciones hace que Chile sea considerado el estudiante ejemplar en la región.

Para nadie es un secreto que desde hace varios años líderes de distintos países de la región, con las notables excepciones de Argentina y Venezuela, observan o siguen con frecuencia los desarrollos de Chile. Así es, por ejemplo, con la implementación de la jornada única en instituciones educativas o con la creación de sistemas pensionales administrados por entidades privadas.

Sin embargo, a pesar de ser la piedra angular de la mayoría de las transformaciones del continente y ejemplo citado por especialistas de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ha iniciado un proceso de reversión de políticas que tiene en vilo al mundo. Expertos como Niall Ferguson, profesor de la Universidad de Harvard, han manifestado reservas en torno a lo que podría ser el derecho que tiene Chile “a ser estúpido”.

Otros especialistas también han alzado su voz refiriéndose a lo que podría ser un reversazo en las políticas económicas. Uno de ellos es Felipe Larraín, exministro de Hacienda del presidente Sebastián Piñera, quien sugirió que las reformas de Bachelet cambiarían el panorama positivo de las últimas décadas. Cree que el país no retornará a sendas de crecimiento de 5% ni en 2015 ni en 2016 ni en 2017, pues las medidas de Bachelet castigan duramente la inversión.

Según el experto, el nuevo gobierno debe pasar de los discursos al desarrollo de buenas políticas que impulsen la inversión. Larraín señala que es un problema “de esencia y de la calidad de las reformas”. Sus opiniones no son un tema menor, pues a pesar de ser funcionario de la anterior administración, cuenta con una amplia trayectoria y prestigio que lo posicionan como una voz autorizada para opinar sobre la coyuntura.

¿Cuáles son las reformas?

En el paquete de iniciativas adelantadas por la presidente chilena, está una reforma a la Constitución vigente desde la dictadura de Pinochet. Sin embargo, una de las que más controversia ha generado es la aprobada reforma tributaria, la cual recaudaría US$8.000 millones y que, al igual que la aprobada recientemente en Colombia, incrementó los impuestos empresariales. En el caso chileno estos pasarían de 20% a 25% (equivalentes a 3 puntos del PIB). Esta medida ha generado temor entre los empresarios, quienes sienten que en un escenario de contracción y del fin de la bonanza de la última década, se va a tomar una medicina que agrava la situación del enfermo.

Estos tributos fueron aumentados, para mejorar la distribución de la riqueza, impulsar cambios en los servicios de salud y financiar una reforma educativa. Esta última sería de corte estatista, buscaría eliminar los incentivos del mercado, propendería por un sistema gratuito y acabaría el lucro privado del sistema educativo. A pesar de que el impulso de un sistema educativo gratuito es deseable, la eliminación de vales educativos para que estudiantes de todas las clases sociales accedan a escuelas privadas genera controversias. Después de todo, no debería existir inconveniente alguno en que los privados, con adecuados controles, operen estos esquemas.

Existen otros temas que serán objeto de una difícil discusión, como por ejemplo en el marco de una reforma pensional, se promovería la creación de una Administradora de Fondos de Pensiones del Estado. Esta medida mejoraría los indicadores de cobertura, que en Chile son de 55% de la fuerza de trabajo, pero podría generar las mismas presiones que existen sobre las finanzas públicas colombianas, donde existe un esquema público administrado por Colpensiones.

En el gobierno chileno son conscientes de las críticas recibidas por un amplio segmento del sector empresarial, pero en defensa alegan que las loables reducciones de la pobreza de los últimos años han ido de la mano de una peor distribución del ingreso. Además, las reformas sociales que se están impulsando se financiarán con tributos, no siguiendo los esquemas nocivos de otros países. Por ahora, Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, apoyó la iniciativa de gravar para educar, revelando que los efectos de estas medidas solo serán visibles en el largo plazo.

Independientemente de si Chile está tomando o no el camino equivocado, el contexto de la región sugiere que las perspectivas no son las mejores, como lo señalan Guillermo Perry y Alejandro Forero en un estudio publicado en la Universidad de los Andes. Según ellos, las condiciones externas que generaron viento de cola en la última década, como la abundancia de flujos de capital y bajas tasas de interés, ya no están presentes. La alta concentración en exportaciones extractivas generó un estancamiento de actividades transables y América Latina no aprovechó plenamente el auge para fortalecer la mayoría de los fundamentales claves para lograr adecuados niveles de crecimiento a largo plazo. Los años que vienen para la región no serán fáciles y el otrora alumno aventajado cambió sus métodos de estudio. Solo el tiempo dirá si Bachelet estaba equivocada.
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