| 6/26/2014 10:00:00 AM

El enemigo de Cristina

El inversionista Paul Singer se ha convertido en la peor pesadilla para Argentina, al poner al país de nuevo en riesgo de default. En Nueva York temen perder reinado en reestructuraciones.

El millonario estadounidense Paul Singer es hoy uno de los personajes más odiados en Argentina. Y no precisamente por su parecido físico con el personaje de El Arquitecto, que en la saga cinematográfica Matrix es el diseñador y ejecutor del programa en el que los humanos son esclavizados por las máquinas.

Tras más de una década de litigio con el país austral, logró una victoria el pasado 16 de junio, cuando la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos decidió rechazar las apelaciones argentinas en su disputa con un grupo de fondos de inversión (hedge funds), liderados por Elliott Management Corp., el fondo propiedad de Singer.

Este fondo, junto a otros inversionistas, no aceptó las condiciones del acuerdo de pago que estableció Argentina con sus acreedores tras declarar en 2001 que no podía seguir pagando sus deudas, que en ese momento ascendían a US$80.000 millones. Se realizaron entonces dos rondas de reestructuración en 2005 y 2010, que planteaban a los acreedores aceptar un pago de 35 centavos por cada dólar adeudado. 94% aceptó la oferta y los argentinos decidieron no pagarle al 6% restante, negándose a obedecer las órdenes de las cortes estadounidenses, que les pedían llegar a un acuerdo con los fondos también conocidos como holdouts.

Ahora Singer tiene la sartén por el mango, pues Argentina deberá pagarles antes del 30 de junio los US$1.500 millones que les debe a los holdouts que no negociaron. Aunque el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está buscando una negociación, lo cierto es que Singer se ha convertido en la mayor piedra en el zapato en sus casi siete años como jefa de Estado. Esto porque existe una alta probabilidad de que no logren negociar y Argentina vuelva a caer en una cesación de pagos.

Mientras se busca una salida, Singer espera tranquilo recuperar su dinero. No en vano, su fortuna de US$1.500 millones (que lo ubica como el billonario 381 de Estados Unidos, según Forbes), la ha logrado administrando sus fondos y comprando deuda barata en problemas, que luego busca recuperar vendiéndola más cara o demandando. Por este motivo ha estado involucrado en las mayores reestructuraciones de Estados Unidos, como las de las firmas del sector automotor Chrysler y Delphi.

Es un hombre de negocios reconocido en su país, no solo por sus inversiones y por las demandas, sino porque es un activista comprometido con el Partido Republicano y con la causa gay, dos sectores que en teoría no son afines. Al ser financiador del partido, ha promovido que dentro de este exista un grupo que aliente el matrimonio entre personas del mismo sexo. Este apoyo proviene del que le dio a su hijo, quien se casó con otro hombre. Es más, habló en Davos este año sobre cómo la homosexualidad de su hijo cambió su visión.

En 1996 comenzó a comprar deuda soberana –la que emiten los países– en default. Primero fue la peruana, por US$11,4 millones y, aunque en 1998 una corte estadounidense prohibió la compra de deuda soberana solo con el fin de demandar, en 2000 Singer ganó en juicio US$58 millones, una vez la prohibición fue levantada.

Su pleito con Argentina comenzó por US$182 millones, pero Singer estimaba la valoración en US$2.300 millones. Al no avanzar en las cortes, a principios de octubre de 2012 logró incautar un buque de la Armada argentina en Ghana, el ARA Libertad, en un esfuerzo por obligar al país austral a pagar. Argentina, sin embargo, se negó a cancelar y poco después recuperó el control de la nave.

En un artículo de noviembre de 2012 en el Huffington Post, el ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Héctor Timerman, criticó a Singer y lo llamó “el inventor de los fondos buitre” (esos que compran los bonos basura o carroña para luego ‘comérselos’ a punta de intereses).

Timerman puso como ejemplo los US$127 millones que Singer había recibido de la República del Congo para saldar una deuda de US$400 millones y que había adquirido por US$10 millones. “Ese dinero debió haberse ido a construir carreteras, escuelas y otros programas de reducción de la pobreza”, se lamentaba el argentino.

Singer ha dicho que las negativas de Argentina son “desafiantes y mordaces”, en especial porque califican las decisiones de las cortes como “colonialismo judicial”, algo que lo desconcierta pues fue Argentina la que eligió la jurisdicción de Nueva York para resolver el litigio.

Justamente este es un motivo de preocupación en la Gran Manzana, pues al fallar la Corte a favor de los inversionistas y no de los países emproblemados, hizo mucho más improbable que otras naciones decidan ir a reestructurar sus deudas en Nueva York. Al menos esa es la opinión de The New York Times, que considera que el respaldo a los holdouts llevaría a los países a tomar prestado bajo ley inglesa, en lugar de neoyorquina, y de ese modo disminuir el rol de esta ciudad como centro financiero del mundo, afectando además el papel sistémico del dólar estadounidense.

Otra preocupación la expresó el economista colombiano José Antonio Ocampo en una columna en el Financial Times. Dice que al fallar la corte a favor de los inversionistas y no de Argentina, se desincentivan en el futuro posibles renegociaciones voluntarias de deuda. Esto porque si los tenedores de bonos saben que en los estrados pueden recuperar la totalidad de su inversión, no tiene sentido participar en un acuerdo de pagos. Esa misma razón la expuso el Fondo Monetario Internacional el año pasado al conocerse la primera decisión de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos (apelada hasta este año). Advirtió que esta tendrá un impacto sistémico al volver imposibles las renegociaciones de deuda.

Las cartas están jugadas y, mientras Singer espera su pago, al igual que el Arquitecto de Matrix espera seguir controlando a los humanos, Argentina no cuenta con un Neo que pueda salvarla.

Bajas en la economía

El enfrentamiento con los ‘fondos buitre’ no es el único problema económico que desafía al gobierno argentino. La caída del Producto Interno Bruto, de 0,2% al cierre del primer trimestre de este año, también tiene en ascuas al equipo económico dirigido por el ministro Axel Kicilloff.

Esta es la segunda caída consecutiva del PIB, pues en el último trimestre de 2013 la economía argentina cayó 0,4%. El expresidente del Banco Central argentino, Rodolfo Rossi, le dijo a la agencia Reuters que el país está a las puertas de una recesión porque “cuando dos trimestres seguidos son negativos, es la mayor expresión de una recesión”.
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