| 1/26/2015 10:40:00 AM

Ajuste a lo suizo

El Banco Nacional de Suiza liberó su tipo de cambio y generó una tormenta en los mercados. ¿Cuáles son las consecuencias de la medida?

Los suizos, los mismos que acostumbraron al mundo a la exactitud de sus relojes, sorprendieron a los mercados con una medida intempestiva. Todo porque al parecer previeron la noticia del relajamiento cuantitativo del Banco Central Europeo (BCE). El 15 de enero, el Banco Nacional Suizo (BNS) anunció el abandono de la tasa de cambio fija de 1,20 francos por euro, vigente desde septiembre de 2011 y que buscaba frenar la apreciación del franco frente a la divisa europea, zona donde se ubican sus principales socios comerciales. Además, con el ánimo de espantar a especuladores, redujo tasas de interés sobre los depósitos a -0,75% y -0,25%.

Esta decisión generó muchas visitas a las casas de cambio; caída en la Bolsa de Zúrich, la cual registró una reducción de 8,7%, la mayor desde 1991; nerviosismo mundial y una subida considerable en el precio de la divisa, que llegó a tener una variación de 30% en pocas horas, llegando a estabilizarse alrededor de 18%.

La aparente razón que motivó al BNS a tomar esta decisión es que no quiere ser arrastrado en el momento en que el BCE expanda su liquidez. Es sabido, por leyes de oferta y demanda, que esta expansión debilitará la moneda común, dado que a mayor oferta se genera un menor precio. Mantener la paridad haría necesario que el banco suizo comprara más euros y sacara más francos a la economía, medida costosa en términos de esterilización e inflación; incomprensible dado que tendría el espacio para asumir el efecto en precios.

En adición a lo anterior, tener una tasa de cambio fija o semiflexible hace difícil la absorción de movimientos externos. La evidencia empírica de mantener un tipo de cambio intervenido ha sido ampliamente documentada, ejemplos cercanos, aunque en un contexto diferente, son palpables revisando la experiencia de la banda cambiaria colombiana a finales de los noventa, la cual permitía algún tipo de ajuste; otras son el tipo de cambio fijo que mantuvo Argentina hasta 2001 y la tasa de cambio artificial que trata de mantener Venezuela, con rotundo fracaso, por más de una década.

Los que sintieron directamente los efectos de la medida fueron los deudores de Europa del Este (Polonia, Croacia y Hungría), quienes tienen pasivos atados a la moneda suiza, principalmente en créditos hipotecarios. Ya se sienten consecuencias económicas, políticas y sociales de esta bomba. Por ejemplo, en Polonia, país perteneciente a la Unión Europea, pero no a la Unión Monetaria Europea, casi medio millón de personas están intranquilas frente a una mayor consolidación del franco suizo. Este hecho podría hacer que el monto de las obligaciones llegue a estar por encima del valor de las hipotecas, dado que el precio del colateral (la vivienda) está dado en zlotys (moneda polaca). Al respecto, Reuters destacó el hecho de que la calificadora Moody´s alertara sobre una posible revisión a la baja de las calificaciones de los bancos polacos BPH, Millennium, mBank y Getin Noble; entidades que mantienen una alta proporción de deudores con estas características.

Quizá las más felices con esta decisión son aquellas personas que reciben sus salarios en francos suizos y viven en la frontera con otros países europeos. Mientras la moneda suiza se siga revaluando, sentirán mejoras en su capacidad adquisitiva.

Uno de ellos es Julián Badillo, ingeniero colombiano que trabaja en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (mejor conocida como el CERN). Él trabaja en Ginebra pero vive en Saint-Genis-Pouilly, localidad francesa situada a 5 kilómetros del país helvético. Si al momento de cambiar sus francos el euro se encuentra a 0,96 (frente al 1,2 vigente hasta la semana pasada), el valor mensual de su arriendo, pactado en 1.000 euros, será de 960 francos, frente a los 1.200 que pagaba hasta hace poco.

La decisión de la autoridad monetaria suiza hizo que en localidades como Saint-Genis-Pouilly y en otras con estrechas relaciones fronterizas, los particulares que celebran contratos de arrendamiento solamente estén pactando negocios atados al franco suizo. Tal vez por hechos como este y por el nerviosismo generalizado, Eveline Widmer-Schlumpf, ministra de Finanzas de Suiza, aseguró que el tipo de cambio estará alrededor de los 1,10 francos por euro en el futuro cercano.

Por ahora, un reporte de Credit Suisse plantea que la medida provocaría un impacto negativo sobre el crecimiento de esta economía entre 0,5% y 1,5% y una menor inflación entre 0,5% y 1%. De otra parte, las tasas de interés negativas podrían estimular la economía, aunque generarían que haya un retiro masivo de fondos para mantener el dinero en cajas fuertes. En caso de que esta salida de recursos del sistema financiero sea lo suficientemente grande, se podría desestabilizar todo el sistema financiero, tal como lo indicó Michael Casey en un análisis publicado en The Wall Street Journal.

Antes de los anuncios, Suiza enfrentaba una difícil situación generada por el fantasma de la deflación (crecimiento negativo de los precios) y una brecha de producto negativa (estaba creciendo por debajo de su nivel potencial). Datos del World Economic Outlook del Fondo Monetario Internacional señalan que ese país crecería 1,5% en 2014 y alrededor de 2% en los próximos dos años.

Divergencia monetaria

Al cierre de esta edición se esperaba que el Banco Central Europeo iniciara un programa de relajamiento cuantitativo, como se ha anticipado desde hace varios meses, medida similar a la de los Estados Unidos. Este incluiría la compra de bonos gubernamentales, caracterizados por tener baja liquidez. De llegar a aplicarse, se espera que la medida mejore las condiciones de liquidez en la Zona Euro y promueva la recuperación de Europa. Según un informe reciente de Corficolombiana, la liquidez originada en Europa alcanzaría 1 billón de euros (US$1,2 billones).

El reto de la política monetaria será reactivar economías que pasan por un mal momento, como Grecia (ver artículo pág. 48), Francia e Italia. Sin embargo, aunque existe algún grado de consenso en que este es el mejor remedio para solucionar los problemas del entorno, Europa aún se encuentra dividida, dada la aversión que sienten los alemanes por presiones inflacionarias. Cabe señalar que el modelo de banca central en Europa fue moldeado a semejanza del anterior Banco Central Alemán.

Al otro lado del Atlántico, datos como la mejora en la confianza del consumidor indican que la Reserva Federal, que en noviembre pasado finalizó el relajamiento cuantitativo luego de seis años, ya se prepara para subir tasas de interés.

Quedará esperar en los próximos meses los efectos de la divergencia de política monetaria de Estados Unidos y Europa y la evolución del moneda suiza.
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