| 2/2/2017 12:00:00 AM

¿Se impondrá la inestabilidad geopolítica global con Trump?

La temeridad del presidente Donald Trump amenaza el ordenamiento económico y político internacional. ¿Se impondrá la inestabilidad geopolítica global?

En sus primeros días como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump ha mostrado determinación para llevar a cabo sus propuestas estrambóticas, sin importar las repercusiones sobre el orden económico y político doméstico, ni tampoco sobre el internacional.

A partir de un diagnóstico según el cual el establecimiento cosechó los frutos del gobierno, mientras que la gente soportó los costos, sus primeras medidas se encaminan a cambiar el legado de sus predecesores, por medio de la firma de órdenes ejecutivas.

La primera busca el desmantelamiento de la ley de protección de los enfermos y la atención asequible (Patient Protection and Affordable Care Act –“Obamacare”–), del gobierno del expresidente Barack Obama, sin importar el riesgo de dejar sin seguro de salud a 18 millones de personas dentro de un año, muchas de las cuales votaron por la nueva administración. Otra retiró a los Estados Unidos de la Alianza Transpacífica (TPP, por su sigla en inglés), que esperaba la ratificación del Congreso de ese país. Una más recortó los fondos para programas de planeación demográfica en los países en desarrollo. Mediante una adicional, revivió la construcción de un par de oleoductos, frenada por el gobierno anterior, debido a sus consecuencias medioambientales y sociales perjudiciales.

Además, sigue empeñado en la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México e insiste en que se lo hará pagar a ese país. Como el gobierno mexicano rechazó esa pretensión, ahora proyecta imponer un arancel a las importaciones provenientes de allí para financiarlo. Por último, por medio de otras dos decisiones, suspendió la acogida de refugiados durante 120 días y el otorgamiento de visas para los ciudadanos de países con “vínculos terroristas” –Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Yemen e Irán–, para examinar los mecanismos de aceptación, con el fin de asegurarse de que no entren extremistas musulmanes. En virtud de ellas, varios migrantes fueron detenidos en los aeropuertos estadounidenses.

Para quienes tenían la esperanza de que los planteamientos populistas extremos del candidato Trump eran retórica electoral, estas medidas son desesperanzadoras. Por la rudeza con que las implementa como presidente, generan además la inquietud de hasta dónde estará dispuesto a poner en práctica los demás planteamientos que hizo durante la campaña.

Una gran preocupación entre los analistas es que decida conducir las relaciones internacionales de una manera aislacionista. En su discurso de posesión reafirmó esta inclinación, al proclamar el derecho de las naciones de poner su propio interés de primero. La consecuencia de hacerlo sería la renuncia al liderazgo de los Estados Unidos en el sostenimiento del orden económico y político liberal que prevalece en el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Si ese país cede su protagonismo como soporte de los inestables equilibrios geopolíticos que hay en varias regiones del planeta, es probable que otros países, como China y Rusia, intenten consolidar su influencia en ellas. Sin el respaldo de los Estados Unidos, los países balcánicos y los del Cáucaso sufrirían el asedio de Rusia, mientras en los asiáticos, el de China, ante los cuales quedarían en posiciones desventajosas, porque muchos de ellos carecen de Estados con un fuerte poder militar. El intento de mejorar su arsenal generaría resquemores y tensiones con sus vecinos, que podrían dar inicio a una carrera armamentista, la cual con una alta probabilidad incluiría artefactos nucleares.

El aislacionismo de los Estados Unidos tampoco contribuiría a crear un ambiente favorable para la cooperación internacional, que se requiere para la búsqueda de soluciones a una gran cantidad de problemas globales. Por ejemplo, si como consecuencia de la visión unilateral de los intereses de su país, el nuevo gobierno estadounidense desechara el acuerdo nuclear con Irán o el de cambio climático de París, o incumpliera sus compromisos en ellos, como explica Javier Solana, asestaría un duro golpe al sistema global de gobernanza basado en los acuerdos multilaterales, que se construyó desde la postguerra.

Su retiro del acuerdo nuclear con Irán sería en particular desafortunado, porque podría desencadenar otra carrera armamentista nuclear en el Medio Oriente, proclive a escalar en tensiones y posteriores enfrentamientos.

El cambio de la política comercial hacia China y otros socios, que se puede entrever en las propuestas y las acciones del presidente Trump, es preocupante. Amenaza imponerles aranceles onerosos y renegociar algunos tratados comerciales vigentes.

Bajo la acusación extemporánea de manipulación de la tasa de cambio, pretende gravar de manera exagerada las importaciones provenientes de China, cuando el Banco Popular la ha dejado flotar. Además, su intervención reciente en el mercado cambiario busca evitar que la moneda china se deprecie de un modo excesivo, lo cual impide que desmejore de manera pronunciada la competitividad de los bienes y los servicios exportados por los Estados Unidos al mercado chino.

Si en verdad esas señales presagian una manera agresiva de relacionarse con China, la posición de la administración Trump parece ingenua, porque quizá no considera que se trata de un país muy fuerte, cuyo poder de retaliación no es despreciable. China es quizá el mayor tenedor de deuda pública de los Estados Unidos. Una venta masiva de ella generaría una desvalorización importante. Incluso un desinterés por nuevas emisiones podría perjudicar su colocación.

Canadá, México y China son los tres mercados más importantes para las exportaciones de bienes de los Estados Unidos, donde se originan de manera respectiva 19%, 14% y 8% de los ingresos por sus ventas externas. Desencadenar una guerra comercial con estos países sería perjudicial no solo para la actividad económica de ellos, también para la propia.

Por otra parte, disminuir el interés de los Estados Unidos en Asia sería dejar el paso libre a China, que aprovecharía la oportunidad para desafiar su liderazgo global. Un signo de ello es el reciente discurso del presidente chino, Xi Jinping, en el Foro Económico Mundial, en defensa de la globalización. Mientras Estados Unidos amenaza con cerrarse y tener un papel menos protagónico en los organismos financieros multilaterales, China sugiere que se abrirá y ofrece financiación a los países en desarrollo.

Lo que hasta ahora queda claro es que el nuevo presidente de los Estados Unidos es temerario. El problema es que su temeridad amenaza causar profundos cambios en los próximos años en el ordenamiento económico y político global que prevaleció desde el final de la segunda guerra mundial. Quizá el nuevo orden internacional será más inestable y plagado de fricciones, porque lograr una cooperación fluida y acuerdos multilaterales entre las naciones será más difícil sin el liderazgo de la mayor economía ni la participación del país más poderoso del planeta.

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