| 6/20/2012 6:00:00 PM

Comprando tiempo

El triunfo de la derecha en Grecia no resuelve los graves problemas de la Eurozona. Atenas y España son las mayores preocupaciones. El euro sigue bajo fuego.

El 25 de junio, griegos y alemanes serán de nuevo el centro de atención mundial. Y no por la rivalidad generada tras la crisis de la Eurozona, sino por el partido que jugarán el próximo viernes por los cuartos de final de la Eurocopa 2012, el torneo de fútbol que por estos días acapara la atención mundial.

El partido tendrá más patriotismo del acostumbrado pues, para los griegos, el malestar contra Alemania y su canciller Angela Merkel se ha convertido en una causa nacional, al culparlos de todas sus penurias. Al mismo tiempo, los alemanes ven en Grecia un lastre muy costoso, que quieren apoyar, pero al que le exigen austeridad.

Los expertos en fútbol se inclinan por un triunfo de Alemania, dada su tradición en este deporte, al tiempo que los ojos del mundo económico cada vez se centran más en ese país, del que esperan decisiones que por fin saquen al vecindario del grave lío en el que está metido.

Si bien en las elecciones parlamentarias de Grecia del 17 de junio pasado ganaron los partidos de derecha, que apoyaban la permanencia del país en el euro –y con ello el cumplimiento de los pactos firmados con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI)–, ni los mercados, ni los economistas celebraron.

Para muchos analistas, con este triunfo solo se compró un tiempo adicional para tratar de encontrar una salida que le permita a Grecia salir a flote, pero principalmente que saque del atolladero a España.

Es más, las expectativas sobre el futuro griego todavía no son claras, dado que la victoria del partido Nueva Democracia, que derrotó por un margen estrecho a la izquierda radical –que proponía dejar de pagar la deuda–, no garantiza que el Congreso griego se ponga de acuerdo fácilmente y pueda aprobar y poner en marcha las reformas que requieren para permanecer en el euro.

Los técnicos del Citigroup estiman que entre los próximos 12 a 18 meses existe una posibilidad entre 50% y 75% de que Grecia abandone el euro. Su argumento no es otro distinto a que el nuevo gobierno heleno tiene pocas posibilidades de reformar el programa de rescate, al tiempo que la izquierda, representada en el partido Syriza, se mantiene con gran poder en el Parlamento y, principalmente, con una gran capacidad para organizar protestas ante cualquier anuncio de mayor austeridad.

Así mismo, los analistas de Pimco, uno de los mayores fondos de inversión del mundo, están convencidos de que la salida de Grecia es inevitable, pero la pregunta es a quién va a arrastrar cuando abandone la Eurozona.

¿Temor ibérico? Justamente un día después de las elecciones griegas, los mercados reaccionaron con un aumento en las tasas de interés de los papeles españoles a diez años (que son los de referencia de ese mercado), los cuales alcanzaron un nuevo récord de 7,2% y ratificaron la creciente idea de que Grecia no es el principal protagonista de la crisis europea.

Pese a que la banca española recibirá un rescate de 100.000 millones de euros, las dudas sobre su salud siguen creciendo, debido a que se conoció que los créditos en mora alcanzaron en abril 8,7% del total, el nivel más alto en dos décadas.

Ante la creciente preocupación por España (cuyo equipo, al cierre de esta edición, estaba clasificado para cuartos de final en la Eurocopa y superó con éxito la fase de grupos, lo que ayuda a mejorar el ambiente dentro del país) los países del G-20 emitieron una declaración de respaldo al plan para recapitalizar la banca ibérica.

El lío es que dentro de Europa no hay consenso sobre la posibilidad de usar los recursos del Mecanismo Europeo de Estabilización (fondo de rescates regional) para inyectarlos directamente a los bancos, sino que el dinero debe ser prestado a los países y estos a su vez ayudan a sus bancos, lo que en el caso de España va a implicar una disparada de su deuda y un probable nuevo rescate, pero no de sus bancos, sino del país entero.

Gideon Rachman, columnista del Financial Times, calcula que el rescate de España costaría unos 500 millones de euros; es decir, todo el dinero que tiene el Mecanismo Europeo de Estabilización “y, entonces, ¿qué quedaría para Italia?, país cuya deuda pública recientemente alcanzó un nuevo récord de 1,95 billones de euros, por encima de 120% de su PIB y que debe pedir prestados cientos de millones en los mercados este año, solo para servir sus obligaciones”.

¿Hora de integrarse? Debido a que ni el FMI, ni la Unión Europea tendrían la capacidad para conseguir los recursos que requieren España e Italia, se espera que hagan lo necesario para que los mercados no les cierren sus puertas.

El FMI acaba de emitir un comunicado en el que pide que la región busque como sea mejorar su crecimiento, pues con solo austeridad no va a poder desactivar la bomba de tiempo, mientras los analistas esperan que el resultado positivo de las elecciones griegas sirva para que las autoridades europeas, que el 28 de junio tendrán una nueva cumbre en Bruselas, tomen las medidas necesarias para salir adelante.

El economista estadounidense Larry Summers se unió a las voces que piden aprovechar el tiempo que se ganó con Grecia para actuar de forma rotunda: reduciendo los intereses de los acreedores de los países más endeudados; con políticas expansionistas que fomenten el crecimiento y con una mayor integración, tanto política como económica.

Mientras se llega a ese punto, los europeos seguirán embelesados con el fútbol y ya comparan el juego Grecia-Alemania con el partido de Argentina frente a Inglaterra, en el Mundial de México 86, cuatro años después de la Guerra de Las Malvinas, cuando Argentina ganó con dos goles de Maradona. La diferencia es que Grecia no tiene un Maradona, pero sí un país quebrado. Y eso motiva bastante.
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