| 6/20/2012 6:00:00 PM

Como el cangrejo

Brasil va para atrás: su economía no crece, su industria se repliega y el crédito se enfría. El gobierno se la juega toda con medidas poco ortodoxas. ¿Servirá la receta?

La desaceleración de la economía brasilera no solo trasnocha al gabinete de la presidente Dilma Rousseff, que en las últimas semanas ha recibido pésimas noticias sobre el estado de salud de su economía, la sexta del mundo. También inquieta al vecindario, que veía en Brasil un modelo a seguir en materia económica.

El destemplamiento es más que evidente y sus consecuencias todavía inciertas. El Banco Central de Brasil estimó en apenas 0,8% el crecimiento económico anualizado al cierre del primer trimestre del año, y notificó que en abril el crecimiento fue cero.

Este resultado ha llevado a los analistas económicos y al mismo gobierno a replantear las proyecciones sobre el comportamiento de esta poderosa economía. En el caso del sector privado, un informe divulgado el 18 de junio pasado por el boletín Focus, del Banco Central, indica que los bancos privados han reducido a 2,3% el pronóstico de crecimiento económico de Brasil para 2012, luego de que una semana atrás lo estimaran en 2,53% y quince días antes en 2,72%.

El gobierno ha hecho lo propio al recortar sus ambiciones frente al desempeño del Producto Interno Bruto y, de una expectativa de 4,5% planteada a comienzos de año, ha pasado a 3% a mediados de junio.

Pero, frente a la destorcida, el equipo económico ha decidido tomar medidas urgentes que buscan estimular el crecimiento económico y soltar amarras al crédito y a la tasa de cambio. A diferencia de lo que ocurre en Europa, donde se optó por el ajuste fiscal, la fórmula de Brasil apunta a un tratamiento opuesto que privilegiará el consumo y la inversión para salir del atolladero. ¿Será efectiva la receta que aplica Brasil a su alicaída economía?

El primer diagnóstico muestra que el gobierno brasileño está enfrentando el dilema entre crecimiento e inflación privilegiando el primero. El último día de mayo, durante la reunión del Comité de Política Monetaria, Copom, la decisión fue histórica: reducir en 50 puntos básicos la tasa referencial Selic, a 8,5%, que marca el nivel más bajo en la historia reciente. Una tasa tan baja solo se vio en 2009 –de 8,75%–, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva buscaba frenar el impacto de la crisis financiera de 2008.

La del 31 de mayo fue la séptima reducción en línea adoptada por el Emisor en coordinación con el gobierno –en marzo y abril bajó 0,75% en cada sesión–, y que arrancó en agosto de 2011 cuando la tasa de referencia alcanzaba 13% y ya se avizoraban nubarrones en el panorama económico. Su propósito no es otro que el de estimular el consumo y mejorar las condiciones de acceso al crédito, tanto para las empresas como para las personas, a fin de lograr que la economía retome su impulso.

De hecho, hay quienes apuestan porque la próxima reunión del Copom, los días 10 y 11 de julio, marcará un nuevo hito y la tasa de referencia podría llegar a 8%. Varias señales indican que este será el camino, entre ellas las declaraciones de la presidente Dilma Rousseff durante la pasada Cumbre del G-20 –que terminó el 19 de junio en Los Cabos, México–, en las que defendió el modelo de estímulo y atacó las políticas de ajuste.

Pero no es la única medicina. Junto con la rebaja en las tasas de interés, el gobierno ha venido impulsando desde marzo medidas para desactivar la revaluación y estimular la industria –que al cierre de mayo registraba una caída de 3%– con créditos blandos.

Desde finales de 2011, el gobierno adoptó un impuesto de 6% al endeudamiento externo que provocó una devaluación del real y revirtió la tendencia revaluacionista.

Francisco Chávez, analista de Corredores Asociados, señala que esta devaluación inducida, coordinada por el Banco Central y el equipo económico, está generando una reacción favorable de la moneda, que da un respiro al sector productivo.

El precio del dólar alcanzó a mediados de mayo los 2,09 reales, mejorando la competitividad para la industria, que llevaba meses pidiendo medidas cambiarias. Hasta finales de mayo la devaluación del real llegaba a 14% y los industriales insistían en mantener la divisa por encima de los 2 reales. No obstante, el gobierno decidió flexibilizar el impuesto, que ahora se aplicará solo para créditos externos superiores a US$2 millones.

Para el presidente de la Asociación de Comercio Exterior, Analdex, Javier Díaz, Brasil está demostrando que sí se puede tener éxito en la lucha contra la revaluación y esto les está permitiendo ser más competitivos en materia de exportaciones.

Sin embargo, todavía hay que esperar para saber si esta es la receta adecuada para los síntomas que presenta la economía brasilera.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?