| 2/1/2012 6:00:00 PM

Caballo de Troya

El 20 de marzo es la fecha límite para que Grecia negocie el pago de su deuda y evite el default. En sus manos está el futuro de Europa.

La tragedia económica de Grecia parece de nunca acabar. Este país, que se ha convertido en el hazmerreír de los mercados financieros y en el modelo de lo que ninguno de sus vecinos quiere ser, parece tener hoy la sartén por el mango; como en la mítica escena del Caballo de Troya, Europa ya dejó entrar al enemigo a su plaza principal.

Al menos esa es la percepción de varios analistas, quienes consideran que las cada vez más largas negociaciones para definir qué tanta pérdida deberán asumir los tenedores de deuda griega (que hoy ya va en 69%), les ha servido a los helenos para postergar las difíciles decisiones que deben tomar para ajustar sus gastos.

Así, la forma como finalmente negocien sentará el precedente de lo que ocurrirá con vecinos como Portugal, pues los inversionistas cada vez van a estar más indispuestos, en especial si les toca darse un lapo tan fuerte.

Bajo esta perspectiva, los griegos están hoy en posición de ventaja. “Después de prometer la implementación de reformas, casi ninguna ha pasado. Unos 30.000 trabajadores del sector público, contratados en medio de la crisis y que el gobierno prometió varias veces que iba a sacar, siguen con su empleo. Las decenas de empresas que iban a ser privatizadas todavía están en manos estatales y las tierras públicas que iban a ser subastadas no han cambiado de dueño. La mayoría de las reformas está congelada en el Legislativo. Los griegos son rápidos para prometer, pero lentos para ejecutar”, sostiene Walter Molano, analista de BCP Securities.

De hecho, la enredada negociación de la deuda griega opacó los resultados de la más reciente cumbre regional, el 30 de enero, cuando 25 de los 27 países miembros de la Unión se comprometieron a adoptar un pacto fiscal, con el objetivo de ajustar sus finanzas so pena de ser sancionados si incumplen. La idea es limitar el déficit estructural anual a 0,5% del PIB y asegurar ese compromiso en la Constitución, lo que implica que debe ser aprobado por los congresos de cada país firmante (de la misma forma como se adoptó la regla fiscal en Colombia).

Cuestión de soberanía

Pero, justo antes de que arrancara la más reciente cumbre, la número 16 de los últimos dos años, el debate giró alrededor de Grecia, pues funcionarios alemanes no tuvieron problema en decir que para hacer cumplir al país mediterráneo era necesario imponerle un supervisor europeo que vigilara y aprobara su presupuesto. Esto desató la ira griega, al percibir la propuesta como una amenaza para su soberanía, y llevó a que los líderes de la Unión, la alemana Angela Merkel y el francés Nicolás Sarkozy, tuvieran que salir a desmentir ese plan.

No obstante, Merkel sí manifestó la frustración que existe frente a los lentos ajustes de las finanzas griegas. Agregó que la sostenibilidad de esa deuda está cada vez peor y que, por ende, se necesita que haya más acción del gobierno heleno y más apoyo de los acreedores privados.

La idea del gobierno griego es que antes del 5 de febrero se pueda lograr un acuerdo, pero el panorama no se ve tan claro y el reloj cada vez marcha más rápido, pues el 20 de marzo se vence uno de los bonos más onerosos de Grecia (14.500 millones de euros) y si no lo logra, de nuevo está el fantasma del no pago (default) y de la consecuente salida del euro.

Y aunque una gran parte de los europeos están disgustados por el incumplimiento griego, no quieren que se salga de la moneda común, pues saben que sería un choque devastador para el sistema financiero de la región, así como para sus vecinos emproblemados, dado que si uno no paga es probable que los demás tampoco lo hagan.

La solución sería volver a su moneda y devaluarla, pero como no es posible, lo que van a hacer es darle otro paquete de estímulo, pronostica Molano, de BCP Securities.

También Portugal

Además del resultado de las negociaciones con sus acreedores, en Grecia están pendientes de un segundo paquete de ayuda por 130.000 millones de euros, que está en vilo debido a su repetido incumplimiento y, aunque las autoridades europeas insisten en que este es un caso particular, que no se da en otros países, otra cosa piensan los inversionistas, que están castigando a Portugal.

Según el diario español El Economista, el mercado está asumiendo que Portugal no va a poder pagar y que, por tanto, deberá recibir un segundo rescate o negociar el recorte de su deuda (o una mezcla de las dos). Estos augurios derrumbaron los papeles de deuda portuguesa, incrementando sus tasas de interés. Los que vencen en diez años alcanzaron el 30 de enero un rendimiento de 17,39%, el más alto de su historia y el doble del que tenía cuando recibió el primer rescate, en abril de 2011, por 78.000 millones de euros.

Si bien los bonos han corregido un poco, la pregunta que queda en el aire es si las duras reformas de austeridad (que Portugal sí ha aplicado, como eliminar los festivos para aumentar la productividad) son útiles, pues muchos temen que seguir apretándose el cinturón no sirve cuando el desafío es crecer más.

En la revista The Economist proponen que para el caso de Grecia se aceleren las negociaciones con los acreedores, no mediante un recorte voluntario, sino obligatorio. Así mismo, consideran que el pacto fiscal aprobado por la mayoría de los países miembros sirve en épocas de vacas gordas, pero ahora, cuando la crisis se está contagiando, imponer la austeridad puede tener el efecto contrario y acelerar la recesión, haciendo más difícil balancear los presupuestos.

Sea como sea, por ahora, mientras el drama griego siga estancado, los demás tampoco podrán avanzar mucho. Por eso, el analista de BCP Securities insiste en la buena posición que tienen hoy los griegos. “Luego de dejar caer su economía por un gasto imprudente, mala gestión y fraude, probablemente serán a los que mejor les irá con el recorte de su deuda, al ser los primeros en negociar”.

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