| 10/26/2017 12:01:00 AM

¿Volvieron las burbujas a los mercados financieros?

Después de una década de extrema laxitud monetaria, varios mercados financieros lucen inflados de manera exuberante. ¿Cuáles son y qué riesgos entrañan?

En términos generales se puede afirmar que una burbuja surge en el mercado de un activo cuando se transa a unos precios que exceden cada vez más el valor que corresponde a sus determinantes estructurales, que en condiciones óptimas debería ser el descontado de sus rendimientos esperados. En esos casos el precio del mercado se aleja de manera progresiva de ese equilibrio, debido a un exceso de demanda generado por una distorsión –un sesgo cognitivo– en la percepción del riesgo de la inversión en el activo.

La distorsión puede originarse, por ejemplo, cuando la política monetaria es en extremo laxa por un periodo prolongado, con bajas tasas de interés y excesos de liquidez en los mercados financieros. Eso ocurrió como consecuencia de la postura estimulante adoptada por los bancos centrales más importantes del mundo, desde hace una década. Durante ella, el VIX –indicador que muestra la intensidad de las fluctuaciones esperadas de las acciones en un año– tuvo una tendencia decreciente, que lo condujo a gravitar en torno de 10 este año, un valor que no alcanzaba desde 2007.

En tales condiciones, con una sensación de incertidumbre decreciente, a pesar de un número considerable de amenazas para la actividad económica y la estabilidad financiera global, los inversionistas, en búsqueda de una alta rentabilidad, optaron por los activos más riesgosos, como las acciones, los bonos corporativos de deuda, los inmuebles y los denominados en las monedas de los países emergentes.

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Como efecto de la distorsión en la percepción de riesgo, en la actualidad se pueden encontrar síntomas de burbujas en los mercados de varios activos. En primer lugar, en los de las acciones, tanto en los Estados Unidos como en otras partes del mundo, como advierten Robert Shiller, premio Nobel de Economía, y Jeffrey Frankel, de la Universidad de Harvard. En esos mercados los índices de las bolsas alcanzaron varias veces sus máximos históricos este año y, en muchos casos, los precios exceden los que corresponderían a su generación de ganancias.

La relación entre el índice S&P real y el promedio de las ganancias en los últimos diez años, ajustada por el ciclo; en los Estados Unidos, por ejemplo, supera el 30. Ese valor se alcanzó solo en 1929 y 2000, después de lo cual el índice cayó de forma pronunciada. Aunque no conduce con necesidad a un desplome de los precios de las acciones, con una alta frecuencia un valor elevado y creciente de ese indicador precede a un evento bajista del mercado, que ocurre cuando el índice cae 20% o más en algún momento del año siguiente a su última cima. Además, la generación de ganancias en términos reales es alta (13,2% anual) y la volatilidad –medida por la desviación estándar de las variaciones reales del precio real durante el último año– es baja (1,25%), como con frecuencia acontece antes de los sucesos bajistas. Por último, la capitalización bursátil en ese país está cerca de 150% del PIB, una magnitud no alcanzada desde antes del estallido de la burbuja de los punto com.

Aunque la magnitud de esos indicadores no predice una caída pronunciada de los precios, sugiere que están muy elevados y que, si se presenta un acontecimiento que provoque una venta masiva, podría ocurrir un desplome.

El expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, también previno sobre la existencia de una burbuja en los mercados de bonos, debido a que las tasas reales de interés de largo plazo estaban muy bajas y eran insostenibles.

Además, en el mercado de la vivienda alrededor del mundo se presentaron valorizaciones exuberantes en la última década. Ese fenómeno ocurrió, sobre todo, en los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Australia, donde la relación entre el precio y el arrendamiento superaba su promedio de largo plazo.

Otras burbujas pueden haberse inflado en los mercados de las criptomonedas y las plataformas que las ofrecen. En el de Bitcoin, por ejemplo, en la actualidad su precio (US$ 5.766) aumenta a 790% anual y podría incrementarse todavía más en los próximos años. En opinión de Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard, lo que pase con sus precios dependerá, en buena medida, de la reacción de los gobiernos a su expansión y del desarrollo de otras criptomonedas competidoras.

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Sin embargo, no hay certeza de que estos incrementos exuberantes en los precios de los activos constituyan burbujas, porque pueden estar respaldados por el repunte que ha ocurrido en la actividad económica global desde mediados del año pasado. Además, puede que el descenso secular de las tasas de interés de largo plazo, que ha contribuido a estimular la inversión en activos financieros, no fuera causado solo por la laxitud extrema de la postura monetaria de los grandes bancos centrales. También puede deberse a un exceso global de ahorro, como consecuencia del envejecimiento de la población.

En cualquier caso, hay una gran cantidad de riesgos cuya materialización podría contribuir a desinflar con contundencia los mercados financieros. En primer lugar, un repunte de la inflación o una desalineación de las expectativas inflacionarias que generara la percepción de un tránsito de los grandes bancos centrales a una postura monetaria normal, más rápido que el previsto. Esa sensación podría generar una venta masiva de bonos y de acciones, que conduciría a un exceso de oferta, como consecuencia del cual sus precios se deprimirían con rapidez.

También hay muchos riesgos de naturaleza geopolítica que podrían ocasionar pánico entre los inversionistas. Los más protuberantes quizá sean una confrontación entre Estados Unidos y Corea del Norte, la ruptura del acuerdo sobre armas nucleares entre Estados Unidos e Irán, las desavenencias entre los países del Medio Oriente, los desacuerdos entre el gobierno y el congreso sobre la política fiscal en los Estados Unidos –el proyecto de la reforma tributaria y el techo de la deuda pública– y los indicios de contactos indebidos entre la campaña de Trump y el gobierno ruso. En tales eventos, el temor conduciría a los inversionistas a buscar refugio en activos seguros y a liquidar los más riesgosos de forma masiva, con lo cual sus precios se desplomarían.

Existen otros peligros de naturaleza económica, que se podrían sintetizar en que el actual repunte del crecimiento en las economías avanzadas y el aterrizaje suave en algunas emergentes no sea respaldado por reformas estructurales que aumenten su producción potencial y aseguren su estabilidad financiera. En ese caso, un retorno al estancamiento global y el intento de estimular la demanda podrían acelerar la inflación. Ello requeriría un estrechamiento de la política monetaria, lo que podría deprimir los precios de los activos.

También podría ocurrir una crisis financiera en China, debida al alto endeudamiento; o una guerra comercial por la implementación de un proteccionismo extremo en los Estados Unidos.

Con semejante cantidad de amenazas, la prudencia sugiere que la Reserva Federal continúe y otros bancos centrales comiencen pronto el tránsito a la normalidad de sus posturas monetarias, para que los inversionistas puedan dimensionarlas sin distorsiones. De esta manera, tal vez los precios de los activos en los mercados financieros podrían converger de una manera no traumática a sus valores de equilibrio, sin que ocurra un estallido de las burbujas que arriesgue la estabilidad financiera global y conduzca a una recesión global. Otra precaución que se debe tomar es asegurar que los bancos estén bien capitalizados y que mitiguen de manera adecuada los riesgos que entraña su actividad, para que puedan enfrentar el ajuste de los precios de los activos sin socavar su solvencia, ni poner en peligro la estabilidad financiera global.

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