| 4/11/2017 6:00:00 PM

Contra el reloj: ¿Qué viene para el Brexit?

El Reino Unido acaba de solicitar el inicio de las negociaciones de un acuerdo de salida de la Unión Europea. ¿Qué tendrán que pactar?

Como resultado de la aprobación de la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) en el referendo de junio del año pasado, el 29 de marzo la primera ministra Theresa May invocó el artículo 50 del Tratado de Lisboa, para iniciar las negociaciones del acuerdo que la oficializará.

En respuesta a esa solicitud, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se comprometió a elaborar las guías para llevarlas a cabo, que serán aprobadas el 29 de abril. Luego los gobiernos conferirán un mandato a la Comisión Europea para realizarlas.

A partir de ahora, las partes tendrán dos años para acordar los términos de la separación, que podrían extenderse si los gobiernos lo consideran necesario.

No se pierda: Frexit: ¿El fin del euro?

El primer asunto a resolver es por dónde comenzar las negociaciones. El RU plantea llevarlas a cabo de manera simultánea sobre los términos de la disociación y los de la nueva relación, mientras que la UE prefiere hacerlo de forma consecutiva.

Dentro de los términos de la separación habrá que precisar las condiciones de la permanencia y los derechos de los ciudadanos de cada una de las partes en el territorio de la otra. También se deben establecer las reglas de la inmigración entre Irlanda del Norte (IN) y la República de Irlanda (RI).

Además se tendrá que acordar si el Reino Unido deberá pagar y cuánto por la separación.

Foto: Si la relación posterior no restablece un acceso amplio a los mercados de la contraparte, ni una movilidad fluida de factores de producción, desmejorará la capacidad de crecimiento de ambas economías. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo; Boris Johnson, ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido y Theresa May, primera Ministra del Reino Unido.

La UE pretende que el monto ascienda a US$65.000 millones. Las autoridades del RU, por el contrario, sostienen que no hay deuda. Sin embargo, acceder a pagar un alto monto contribuiría a generar un ambiente amigable en las negociaciones, que favorecería el otorgamiento de un acceso amplio de los británicos al mercado único.

En cuanto a la relación posterior, el gobierno del RU está de acuerdo en que el costo de recuperar el control de la inmigración, quedar excluido de las leyes de la UE y fuera de la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia es perder el acceso al mercado único y la participación en la unión aduanera. No obstante, pretende obtener pronto el mayor acceso posible para cada parte a los mercados de la otra.

Esa pretensión no parece fácil de alcanzar. Las negociaciones pueden demorar mucho más de dos años, como ocurre con frecuencia al acordar las relaciones comerciales y financieras entre países. El elevado número de miembros de la UE (27) alargará la ratificación de cualquier acuerdo, porque deberán hacerlo los parlamentos de cada uno. Sin embargo, las autoridades del RU piensan que podrían resultar menos demoradas, gracias a que ambas partes cumplen las mismas normas comerciales y financieras, a las cuales convergieron luego de 44 años de integración. Además, propondrán al parlamento que el RU adopte la mayoría de las normas de la UE.

También habrá que acordar las reglas sobre las barreras no arancelarias al comercio. Las autoridades británicas proponen adoptar de manera temporal algunas de las vigentes en la UE. Sin embargo, es probable que las de la UE quieran condicionar las particularidades del acceso otorgado a su mercado al acatamiento permanente de todos sus estándares regulatorios en el Reino Unido.

Lea también: Las implicaciones de un ‘brexit áspero‘ en el Reino Unido

Quizá lo más conveniente para el RU sea lograr un acuerdo, porque en el caso contrario las relaciones comerciales entre ambas partes quedarían regidas por las normas de la Organización Mundial de Comercio. Eso implicaría que el RU debería enfrentar todas las barreras no arancelarias que la UE aplica a países con los cuales no tiene tratados, junto con un arancel de 10% para los automóviles, 15% para los alimentos y 36% para otros productos de consumo diario de los hogares. Además, el RU quedaría por fuera de los tratados que tiene la UE con 53 países.

En tales condiciones, el deterioro de la competitividad de las exportaciones británicas sería notable. Por tal motivo, según un cálculo del ministerio de economía del RU, el costo de abandonar la UE sin un tratado comercial sería tener en 15 años un PIB 7,5% inferior al que podría lograr al conservar sus actuales privilegios.

Para restablecer el acceso a los mercados de esos 53 países, el RU tendría que emprender un esfuerzo negociador de grandes proporciones, en una época en la cual la inclinación al proteccionismo se acentúa.

Como explica The Economist, en el evento de no lograr un tratado comercial comprensivo en dos años, una solución provisional sería recurrir a un acuerdo transitorio. En ese caso, se podrían prolongar las condiciones vigentes. Sin embargo, eso contrariaría las pretensiones de quienes aprobaron la salida.

Las demoras en acordar la separación y la relación posterior no solo provienen de la UE. Lograr una unidad de criterio en el RU tampoco será fácil, al tiempo que evitar otras consecuencias sobre su cohesión será difícil. No conviene olvidar que Irlanda del Norte (IN) y Escocia votaron por la permanencia. En consecuencia, el partido Sinn Fein propone ahora un referendo en IN para decidir sobre su anexión a la República de Irlanda. Mientras tanto, en Escocia el parlamento apoya la propuesta gubernamental de realizar un segundo referendo sobre su independencia.

La aprobación de las 15 leyes que propone el gobierno del RU para legalizar la salida también será complicada. En la Cámara de los Lores la mayor parte se opone a la separación, mientras que la mayoría suficiente de los conservadores en la de los Comunes, para la aprobación de una ley, no es abrumadora (17 representantes). Algunos podrían cambiar de parecer al conocer a cabalidad los costos de la salida.

Hasta ahora los efectos de corto plazo de la decisión de abandonar la UE han sido atenuados en el RU, en gran parte por un relajamiento fiscal, monetario y crediticio, junto con una depreciación de la libra esterlina. No obstante, el ciclo en el RU evoluciona hacia una desaceleración. Esta podría pronunciarse o no, según el clima de las negociaciones y su efecto sobre la confianza de los inversionistas y los consumidores.

En el largo plazo, las restricciones que impondrá el RU a la movilidad del trabajo (inmigración) y su acceso menos profundo a los mercados externos significarán una menor capacidad de expansión de su economía. Para incrementarla, el RU tendrá que aumentar la tasa de inversión en capital físico y humano, así como incrementar su productividad y acelerar la innovación.

En las negociaciones ambas partes procurarán minimizar los perjuicios de la salida. Sin embargo, lograrlo cuando se llevan a cabo de una manera apresurada y con unas pretensiones tan divergentes no parece fácil. Además, la UE tiene incentivos para tratar de imponer unas condiciones ásperas para el RU, con el fin de disuadir a otros países que quieran abandonarla.

Le puede interesar: La Ocde percibe un crecimiento económico estable en su conjunto y la eurozona

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 523

PORTADA

¿Cómo llegó Jeff Bezos a convertirse en el hombre más rico del mundo?

Jeff Bezos, el fundador de Amazon, llegó a ser temporalmente el hombre más rico del mundo, lugar al que volverá más pronto que tarde. ¿Cómo lo logró?