| 6/26/2013 6:00:00 PM

¿Balota negra?

El uso excesivo de la fuerza por parte del gobierno turco para acallar las protestas es el argumento de los países europeos para frenar su ingreso a la UE. ¿Excusa o argumento?

La estrategia de la Unión Europea (UE) de utilizar ‘zanahoria y garrote’ para premiar o frenar a los países que intentan hacer parte de su exclusivo club está en crisis.

Por décadas, esta ha sido una herramienta eficaz para lograr que algunos países retornen a la democracia, reconozcan las libertades políticas de todos sus ciudadanos y protejan sus minorías. Pero ahora uso y el abuso de requisitos tienen al Eurogrupo en el ojo del huracán.

La prueba ácida en este momento se llama Turquía. Este país, que desde 1963 expresó su interés por integrarse más con sus vecinos europeos con la firma de un documento denominado Acuerdo de Ankara, está a punto de darle un ‘portazo’ a la UE por lo que considera una ‘burla’ a su aspiración de ingresar a este grupo.

El florero de Llorente fue el anuncio de los voceros de Alemania, Austria y Holanda, la semana pasada, de retrasar nuevamente las negociaciones del acuerdo de adhesión con Turquía, que debían reanudarse este 26 de junio.

Aunque no hubo una declaración oficial que explicara el motivo del nuevo retraso, la decisión se interpreta como una muestra de repudio al excesivo uso de la fuerza por parte del gobierno de Recep Tayyip Erdogan a las protestas que arrancaron el pasado 27 de mayo en un parque de Estambul para rechazar la construcción de un megaproyecto inmobiliario, y que se han extendido dejando como saldo cuatro muertos y más de 7.500 heridos.

La molestia del gobierno turco por lo que considera una intromisión en sus asuntos domésticos es evidente y su respuesta no se ha hecho esperar. “Turquía no es un país cualquiera. No se puede aceptar algo así de la Unión Europea, que se considera un proyecto a favor de la paz y es ganadora del Nobel de la Paz. Quién se habría imaginado que nos tratasen con tanta hipocresía, tanta falsedad”, dijo el pasado fin de semana el ministro turco de asuntos europeos, Egemen Bagis.

El gobierno turco ha rechazado de forma tajante la propuesta liderada por Alemania de aplazar las negociaciones hasta el próximo otoño o, más probable aún, hasta 2014, con declaraciones poco amistosas hacia la canciller alemana. “Si la señora Merkel quiere usar otro país para su campaña electoral, que no sea Turquía”, aseguró Bagis el pasado 24 de junio.

Y quizá no le falte la razón al gobierno turco en señalar que esta podría ser una jugada política de la canciller alemana, de cara a las elecciones generales de septiembre próximo y a la posición de su partido, que se ha mostrado en contra del ingreso de Turquía a la UE.

Lo cierto es que las dilaciones en la negociación del acuerdo de adhesión no son nuevas –tras 50 años, no ve la luz–, pero han resultado muy efectivas para lograr que este país de mayoría musulmana adopte reformas que lo han llevado a ‘occidentalizarse’.

Desde el punto de vista de los europeos, las demoras obedecen a la lentitud con que se han adoptado reformas pendientes en temas sociales, políticos y económicos. Hasta el momento, uno de los principales reclamos del Eurogrupo frente a Turquía tiene que ver con la invasión de una parte del territorio de Chipre, uno de los países que integran este bloque económico. Tras una larga negociación, el tema no ha sido resuelto totalmente y muchos temen que su solución podría llevar a que Turquía no ingrese a la UE antes de 10 años.

A esto se suma el uso excesivo de la fuerza por parte del gobierno de Erdogan para reprimir las marchas ciudadanas, que cayó muy mal entre los países europeos, que defienden las libertades individuales y el derecho democrático a la protesta, lo que ha enredado aún más las negociaciones.

¿Excusas?

El gobierno turco cree que la negociación para hacer parte del Eurogrupo ya ha dado muchas vueltas y esta vez decidió amenazar al bloque con buscar nuevos socios si no se reanudan este mismo año las conversaciones del capítulo de Política Regional, uno de los 35 que hacen parte del proceso y que está congelado desde 2005.

Aunque la amenaza de este país emergente de 72 millones de habitantes pareciera menor frente a un bloque de naciones desarrolladas con cerca de 500 millones de habitantes, como es la UE, los intereses que están en juego son estratégicos.

Turquía es la puerta de entrada de Asia y África hacia Europa y es quizá uno de los socios más importantes del Eurogrupo. Actualmente es considerada la gran ‘despensa agrícola e industrial’ de Europa, ya que las reformas adoptadas por este país le han permitido alcanzar un notable desarrollo.

A esto se suma que la economía turca ha vivido en la última década un resurgimiento que algunos interpretan como ‘un milagro’, que le ha permitido al país registrar tasas de crecimiento superiores a 5% y ha sacado de la pobreza a millones de ciudadanos.

El diario Financial Times destacó que “la economía es uno de los grandes aciertos del gobierno de Erdogan, aparte del fortalecimiento del poder político y de reducir el militar”. Este país está incluido dentro de las 20 mayores economías del mundo, como quiera que logró ya triplicar la renta nacional en cerca de una década y su crecimiento económico en 2012 alcanzó 2,2%, por encima del promedio de las economías europeas.

Las proyecciones del Banco Mundial, citadas por el diario El País, de España, apuntan a que este año el crecimiento de la economía turca podría alcanzar 3,6% y para el próximo llegaría a 4,5%.

La decisión de reanudar las negociaciones con Turquía permanecen enredadas en la UE y muchos creen que este pulso se resolverá cuando terminen las afugias políticas del gobierno alemán. Pero nadie apuesta porque efectivamente este ingreso se dé antes de una década.
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