| 5/29/2014 12:00:00 AM

Autogol

Simon Kuper, autor de Soccernomics, asegura que el factor que más influye en el rendimiento de un equipo de fútbol son los salarios de los jugadores. Y que el Mundial será un desperdicio de recursos para Brasil.

A solo dos semanas de comenzar el Mundial de Fútbol número 32, arrecian las protestas y la inconformidad en Brasil, país anfitrión, al tiempo que millones de aficionados se preparan para despejar sus agendas y dedicarse a disfrutar del deporte rey.

Los pronósticos están a la orden del día, así como las explicaciones de por qué a unos países les va mejor que a otros en el popular torneo.

Una de las personas que ha tratado de aclarar esa pregunta es el columnista del Financial Times Simon Kuper, coautor del libro Soccernomics (¡El Futbol es así! en su edición en español).

Su obra, escrita a cuatro manos con el economista Stefan Szymanskim, es una especie de Freakonomics que usa conceptos de economía, negocios y sicología para revelar nuevas facetas del mundo del fútbol. En el libro, Kuper busca explicar por qué Inglaterra pierde con frecuencia, así como Alemania y Brasil ganan, y por qué Estados Unidos puede ser el campeón del futuro. Todo lo relaciona con factores que aparentemente nada tienen que ver con el deporte, como el Producto Interno Bruto (PIB).

Ese raciocinio lo tiene convencido de que el Mundial de Brasil va a ser un desperdicio de plata para el vecino país y que los entrenadores no son el factor determinante de un equipo. Desde París, habló con Dinero para explicar sus teorías.



¿Por qué unir el fútbol a la economía?

Hace siete años, en una conferencia en Turquía, escuché a Stefan Szymanski y me sorprendió que tuviera tantos datos del fútbol pues este es un deporte sobre el cual todos tienen opiniones, pero no datos. Él había correlacionado los salarios con las posiciones de los delanteros y fue algo que me interesó mucho.



¿Y cuál es esa correlación?

Es la que explica por qué los delanteros ganan más, pues son los que hacen los goles, además muestra por qué los equipos con los sueldos más altos terminan en los primeros lugares y los que pagan menos en los últimos. Una lección derivada de esto es que el director técnico no es tan importante como se cree. Aunque en las conversaciones futbolísticas les damos mucho valor a los entrenadores, desde el punto de vista económico estas personas no implican una gran diferencia en los resultados.



¿Cuál es la relación entre PIB y fútbol?

Los países con PIB per cápita alto son mejores en el fútbol, pues en los resultados influye desde la nutrición infantil hasta la infraestructura. Así, en naciones como Colombia, donde hay una alta tasa de desnutrición, no todos pueden ser atletas profesionales. En Europa Occidental, por el contrario, hay clubes y entrenadores financiados por el Estado, lo que implica que cualquier niño puede aprender a jugar bien al fútbol y, además, los recursos para los equipos nacionales son muy amplios, se tienen buenos médicos, buenas canchas, sedes y hoteles cuando se requieren. En términos de PIB, si un país tiene suficientes recursos para invertir en la salud de sus ciudadanos, eso se va a reflejar en buenos atletas y buenos equipos de fútbol.



¿Eso explica el bajo rendimiento de muchos equipos latinoamericanos?

Los países latinoamericanos no tienen el PIB más bajo del mundo y además les ayuda el hecho de estar altamente poblados, en particular Brasil. No obstante, en los últimos 40 años, a medida que América Latina ha tenido que lidiar diferentes crisis económicas, su desempeño ha venido bajando. La gran era del balompié latinoamericano fue de 1930 a 1986 y desde entonces Europa ha sido dominante en fútbol. El tema de América Latina es que tiene los mejores jugadores individuales, pero no los mejores equipos.



¿Visto así, las futuras potencias futbolísticas serán los países que más crezcan?

El PIB es importante, pero no es el único factor. Por ejemplo, en China no hay suficiente afición, ni suficiente espacio para practicar; hay pocas canchas, de hecho en Beijing o Shanghái es casi imposible practicar cualquier deporte. Estados Unidos es otra historia, pues en poco tiempo logró ubicarse entre los 15 o 20 equipos más fuertes del planeta, así que no me sorprendería si llega a ser campeón en unos años. Otro que podría llegar allí es Japón –rival de Colombia en la primera ronda–, que tiene una gran población, un PIB alto y cada vez más gente futbolera.



¿Por qué considera que el Mundial es un desperdicio de plata para Brasil?

El Mundial es bueno para las empresas constructoras y para quienes invierten en ellas, así como para los equipos de fútbol, pues después del campeonato se van a quedar con buenos estadios, pero no es bueno para los contribuyentes brasileños. Casi la mitad de los estadios no se usarán después del Mundial. El de Manaos o el de Brasilia, por ejemplo, tendrán muy poco uso, dado que no tienen equipos fuertes, así que Brasil está desperdiciando millones de dólares en cosas sin valor económico a largo plazo. La gente también habla del turismo, pero su impacto es muy pequeño. Los visitantes usuales, que gastan más, evitan viajar en época del Mundial y quienes van al campeonato van por pocos días.



¿Cómo ve el mundial en Catar?

Para la Fifa es fácil elegir a Catar, pues allá no hay democracia y, por ende, no hay protesta. Quienes lideran ese país son los que deciden cómo gastar, así que todo fluye muy fácil. Sin embargo, para Catar la publicidad ha sido muy mala y, de hecho, el Mundial podría presionar cambios en ese país. Todos los países del Golfo Pérsico tratan mal a los emigrantes, tanto en Catar, como en Arabia Saudita o en Dubái y el Mundial podría corregir eso.



¿Quién espera que gane este Mundial?

Si uno solo tiene un dólar para apostar, lo debe hacer por Brasil, pues jugar de local en un campeonato internacional incide de forma positiva y además su equipo es fuerte; pero la suerte es un factor que pesa mucho en un Mundial de Fútbol. Como es un torneo tan corto, de solo siete partidos, una mala decisión de un árbitro o un error de la defensa y se quedan por fuera. En consecuencia, un favorito como Brasil tiene muchas menos posibilidades en un Mundial, que un equipo en una liga.





Gasto vergonzoso

Con el grito “¡Un educador vale más que Neymar!”, los profesores brasileños se unieron a las olas de protestas en contra del millonario gasto que realizará Brasil para ser anfitrión del Mundial.

Se estima que el gobierno de Dilma Rousseff invirtió para el evento unos US$16.500 millones, que si bien no implican un descuadre en las finanzas del gigante suramericano, sí representan un gasto que muchos no dudan en tildar como “desperdicio”, pues no producirá el crecimiento económico ni el bienestar de largo plazo que sí generaría la inversión en educación, por ejemplo.

“Es un hecho que un Mundial aumenta la felicidad y en Europa tenemos encuestas que así lo demuestran y eso también sucederá en Brasil. La diferencia es que mientras Alemania o Inglaterra son naciones ricas, que pueden gastar recursos en aumentar la felicidad de sus ciudadanos, en Brasil o Sudáfrica, la mejor forma de aumentar la felicidad es asegurar que haya agua potable, electricidad, vivienda, alimentación, salud y educación para todos. Si no se obtiene, el gasto en estadios es una vergüenza”, opina Simon Kuper.
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