| 9/4/2013 6:00:00 PM

El coletazo de Siria

Aunque el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene la facultad para tomar la decisión de realizar una invasión militar sin consultarlo con otros poderes de su país, esta vez le pasó el balón al Congreso para que este defina.

El Congreso de Estados Unidos tiene en sus manos la decisión de un ataque a Siria. Mientras tanto, los mercados aprovechan para especular.

La escalada violenta del conflicto en Siria tiene al mundo aterrado y confundido. Desde el plano económico, aunque este país no es un jugador importante en la producción mundial de petróleo, sus vecinos sí lo son, así que cualquier conflicto en Oriente Medio tiene un impacto inmediato en el precio del crudo. En el ámbito político, pone sobre la mesa la terrible posibilidad de que una profundización del enfrentamiento desate una guerra mundial.

Por eso, mientras el mundo clama por decisiones que logren tranquilizar los nervios, los anuncios del presidente Barack Obama en cuanto a una posible intervención en Siria –debido al uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar al-Asad– han generado desconcierto.

Primero dijo de manera vehemente que iba a atacar, así sus aliados tradicionales como el Reino Unido no lo acompañaran. Esto hizo que el precio del crudo de referencia Brent subiera hasta los US$117 por barril, frente a un promedio de US$107 en julio.

Obama tiene la facultad para tomar la decisión sin consultarlo con otros poderes de su país. Sin embargo, le pasó el balón al Congreso para que este defina. El impacto fue inmediato en los precios del petróleo: el barril de Brent cayó a US$112, ya que el posible ataque fue postergado hasta la semana que arranca el 9 de septiembre, cuando el legislativo estadounidense retoma actividades tras las vacaciones de verano.

La tensión de los mercados, que no dejan de incluir una prima de riesgo en sus cálculos sobre el petróleo, se redujo pues la aprobación buscada por Obama no es nada fácil. Aunque algunos analistas políticos dicen que la jugada del primer mandatario es acertada –no tendría que cargar él solo con la responsabilidad de una intervención en Siria– otros piensan que fue una retractación disimulada, ya que la fragilidad de la economía estadounidense hace que este no sea un buen momento para enfrentarse con los países que los están financiando, como Rusia y China.

Estados Unidos es cada vez más dependiente de los recursos internacionales y prueba de ello es el crecimiento de su deuda externa neta, que hoy es diez veces mayor que la de 1989. Lo peor es que crece a tasas de US$500.000 millones al año.

Ninguno de los cuatro principales acreedores del Tío Sam –Japón, China, Alemania y Rusia– lo acompaña con su ejército en la intervención militar a Siria. Por el contrario, Rusia lo ha desafiado públicamente para que muestre las pruebas del uso de armas químicas.

Ese es el argumento del columnista de la revista Forbes, Eamonn Fingleton, especializado en Medio Oriente, para explicar por qué Obama le bajó la intensidad al ataque contra al-Asad, pasándole la decisión al Congreso. Agrega que para ir a una guerra, Washington tiene que pedirles dinero a sus acreedores, conscientes de que hoy “el sistema monetario mundial pende de un hilo y el más mínimo contratiempo podría precipitar una corrida contra el dólar, hundiendo al sistema” y, de paso, el valor de los bonos del Tesoro, que es el mecanismo a través del cual le prestan a Estados Unidos.

Cálculos pesimistas


Para algunos, por el contrario, la posibilidad de una guerra podría servir para reactivar la economía, tal como ha ocurrido en el pasado. Pero Fingleton asegura que, en estos tiempos de globalización, los nuevos lobistas de los intereses extranjeros son los banqueros de inversión, que con solo mencionar la fragilidad del mercado de los bonos del Tesoro pueden generar rápidos cambios de opinión.

Mientras se prueba si la teoría de este columnista es acertada, los expertos en hacer predicciones siguen calculando el impacto de una intervención en Siria. Uno de ellos es el banco francés Société Générale, que prevé que el precio del petróleo subirá hasta US$125 por barril e incluso llegará a los US$150, dependiendo de la tensión que se genere.

“Los precios del petróleo responden a la espera de algún tipo de ataque en Siria y podrían tener un impacto en la inflación, pero más allá de ello aún no vemos efectos en la economía real. El verdadero peligro sería un alargamiento del conflicto, lo que minaría la confianza empresarial”, advirtió el banco de inversión en una nota a inversionistas publicada por Business Insider, al tiempo que en The Wall Sreet Journal se advirtió que un conflicto en Medio Oriente podría frenar la recuperación de la economía global.

Pulso político

Lo que viene ahora es la campaña de Obama para buscar el aval del Congreso, con el cual ha tenido complicadas relaciones durante sus dos mandatos. Paradójicamente, esta vez el problema no será tanto con el partido de oposición, el Republicano, sino con su propio partido, el Demócrata, que por tradición se ha opuesto a los ataques militares.

El portal estadounidense Politico asegura que dentro del país hay poco apoyo para una guerra y eso explica el escaso interés de los congresistas, que en su mayoría buscarán la reelección en 2014. De hecho, el mismo Obama usó su oposición a la guerra en Irak para destacarse en las primarias del Partido Demócrata en 2008, así que conoce muy bien el poder electoral de las posiciones no bélicas.

En el Legislativo, el presidente podría tener el apoyo de la bancada pro-israelí y de algunos de sus copartidarios, pero la decisión de los republicanos es difícil de predecir dado que, si bien apoyan el ataque militar, podrían cobrarle a Obama todas las diferencias que han tenido, en especial, en el frente fiscal.

Por eso, al dejarle la decisión al Congreso no solo está poniendo en juego su credibilidad, sino la de Estados Unidos como policía del planeta. Sus dotes de estadista estarán a prueba y de ellos dependerá que se tome la mejor decisión para Siria, Estados Unidos, sus acreedores y el resto del planeta.
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