| 2/18/2016 12:00:00 AM

Así afectan las intrigas de la casa Saud al precio del petróleo

La monarquía saudita pasa por una crisis de sucesión que genera inestabilidad en su país y pone en vilo las políticas de la Opep.

La prensa del corazón está al tanto de lo que ocurre con los herederos de la reina Isabel de Inglaterra, así como de la casa real española y ni para qué hablar de familias sin linaje pero con mucha exposición, como las Kardashian estadounidenses. Sin embargo, la nueva realidad económica del planeta va a hacer que los medios se concentren cada vez más en una monarquía que tiene en sus manos el precio del petróleo.

Se trata de la Casa de Saud, también conocida como Al Saud, que es la dinastía de la familia real que gobierna a Arabia Saudita desde cuando se creó oficialmente como país en 1932. Seis años después, esta joven nación adquirió independencia económica al descubrir en su territorio enormes depósitos de petróleo, que la convirtieron en la mayor productora del mundo y en el mandamás de la poderosa Opep (gremio de los mayores productores globales de crudo).

Los Al Saud han venido tomando decisiones poco racionales desde el punto de vista económico: primero dijeron que iban a aumentar en 25% la producción de crudo, cuando lo que les han pedido es que la recorten para subir los precios. Luego anunciaron que si otros grandes productores se unen, no recortarán la producción, pero al menos sí la congelarán en sus niveles actuales.

Una explicación para el comportamiento saudí sería inicialmente intentar quebrar a los productores alternativos de petróleo, como los que usan fracking, pero esto no sería sostenible, pues cuando los precios del crudo se recuperen, dichos productores volverían con fuerza al mercado.

“Entonces, ¿por qué un gobierno que por culpa de la caída del petróleo ha tenido que reducir sus reservas internacionales, recortar beneficios sociales, elevar los precios internos de la gasolina y poner en venta algunos de sus activos más valiosos, tomaría una decisión tan irracional como no recortar su producción?”, se pregunta Walter Molano, analista de BPC Securities y su respuesta está en que por lo general las decisiones irracionales son consecuencia de temas emocionales y Arabia Saudita no es la excepción.

Los problemas de este país radican justamente en su familia real, que a diferencia de las monarquías europeas, no maneja una línea de sucesión basada en el concepto de primogenitura; es decir, donde la corona pasa verticalmente al hijo mayor del rey, sino en el concepto de agnación, donde el trono pasa lateralmente de hermano a hermano. Este sistema funciona bien hasta cuando el último hermano expira y la corona pasa a la siguiente generación.

En ese punto se encuentra hoy la Casa Saud, que durante las últimas ocho décadas ha gobernado con los 45 hijos del rey Abdulaziz Ibn Saud, quien tuvo 22 mujeres de distintos clanes, para así consolidar un gobierno hegemónico.

En 2014 murió Abdullah Al Saud, uno de los hijos menores que ejercía como rey, y en enero de 2015 lo reemplazó su medio hermano Salman Al Saud. Se esperaba que a sus 80 años el nuevo monarca continuara con la tradición y designara como su sucesor y príncipe coronado a su sobrino Nayef, de 56 años, quien sería el primero de la tercera generación en llegar al poder, pero lo que hizo el nuevo rey fue nombrar a su hijo de 30 años, Mohammed, también como príncipe coronado.

Esto no solo cambia el sistema de sucesión, pues la idea de Salman es que lo reemplace su hijo y no su sobrino, sino que algunos temen que puede crear una especie de guerra civil debido a la división en la familia real.

¿Y el crudo?

¿Y qué tiene que ver el sistema de sucesión con el precio del crudo? La respuesta es que los numerosos miembros de la familia real viven de las rentas petroleras del país y una forma de tenerlos calmados es asegurándoles un ingreso y lo que pierdan con un menor precio del barril, lo compensan con volumen. No en vano, hoy la producción saudita y su participación en el mercado global están en el máximo de dos décadas (ver gráfico).

Informes de WikiLeaks sostienen que las cuotas de manutención de los miembros de la familia real equivalen a más de un millón de barriles diarios, lo que ratifica la idea de que el bienestar económico de la Casa Saud se relaciona directamente con el precio del petróleo.

Es tan álgido el tema petrolero que Mohammed, el hijo del actual rey, anunció en una entrevista con The Economist que estudian vender en bolsa acciones de Saudi Aramco, la petrolera estatal y, por supuesto, la más grande del mundo.

Aunque en la operación no se incluirían las reservas de la firma, –estimadas en cerca de 265.000 millones de barriles, 10 veces más que las de Exxon Mobil, más de 15 % de los depósitos de petróleo a nivel mundial–, Aramco pasaría a ser la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo, estimada por Bloomberg en más de US$2,5 billones.

Mientras el precio del petróleo sigue débil, ya en Arabia Saudita se rumora que el rey Salman estaría pensando en abdicar para dejarle el trono a su hijo, lo que no solo alborotaría a la numerosa familia real, sino también al mercado del crudo. Analistas como Molano recomiendan mantener una estrecha vigilancia sobre la sucesión de esta monarquía. Y su estimación es que una vez se vea el humo blanco, se dará paso a la esperada decisión de recortar la producción de petróleo.

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