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Dilma Rousseff, Presidente de Brasil

| 2/6/2013 6:00:00 PM

¿Artillería inútil?

La fórmula brasileña, que combina aumento del gasto público, devaluación, recorte en las tasas de interés y ayuda a los empresarios, no ha servido para activar la economía. La pregunta es cuánto más durará el estancamiento.

La aplicación de recetas económicas para acelerar el crecimiento de Brasil no parece estar dando los resultados esperados por su presidente, Dilma Rousseff. Aunque en sus dos años de gobierno esta economista ha esculcado –y aplicado– todo tipo de fórmulas para reactivar el desempeño de la mayor potencia latinoamericana, los resultados obtenidos hasta el momento son decepcionantes.

Durante varias cumbres de los países más desarrollados en 2012, la presidente brasileña fustigó a los gobiernos europeos por las políticas de contracción del gasto que venían aplicando y llamó a estos países a imitar su fórmula de expandir el gasto para obtener buenos resultados. Pero, al parecer, esta tampoco era la fórmula mágica.

Al cierre de 2012, la economía de Brasil creció apenas 1%, menos que en 2011 –año en que se posesionó– cuando llegó a 2,7% y lejos del 7,5% que había alcanzado su antecesor en 2010. Ahora que el Gobierno ha dicho que 2013 será el año del desquite y que el crecimiento alcanzará 4%, algunos analistas son escépticos por el cumplimiento de estos pronósticos.

En los dos años anteriores, gobierno y analistas económicos habían pronosticado un crecimiento superior a 4%, pero al final las cosas no se dieron. Muchos temen que este año pueda ocurrir lo mismo y que el país haya entrado en periodo de estancamiento indefinido. Y, a juzgar por las cifras con las que arranca el año, no estarían muy equivocados.

Dos datos resultan preocupantes. Por un lado, el déficit comercial reportado al cierre de enero fue de US$4.035 millones, el mayor para un solo mes desde 1959, como resultado de la caída de 1,1% en las exportaciones frente a un crecimiento de 14,6% en las importaciones. A este se suma la caída en la producción industrial de diciembre, cuando el resultado fue negativo en 3,6%. Con esta cifra, la industria brasileña cerró con una caída en el año completo de 2,7%, la peor cifra desde 2009.

El pobre crecimiento brasileño y la fuerte devaluación de su moneda –cercana a 30%–, hizo efímera la reclasificación que había alcanzado Brasil en 2012 como sexta economía del mundo, un honroso lugar que alcanzó tras desplazar a Reino Unido de esta posición. De acuerdo con los nuevos pronósticos del Economist Intelligence Unit, Brasil caerá nuevamente al séptimo lugar este año, porque la devaluación del real redujo el PIB nominal calculado en dólares.

Más gasto, ¿más crecimiento?


Hasta el momento, ni la baja en los impuestos para la industria, ni la devaluación, ni la reducción de las tarifas de energía, ni el aumento del gasto para infraestructura y ni siquiera la reducción de las tasas de interés han logrado torcerle el cuello al bajo crecimiento. Algunos expertos aseguran que, aunque las medidas aplicadas por el gobierno de Rousseff son bien intencionadas, no atacan otros factores clave para mejorar el comportamiento de la economía, como son la baja productividad, la falta de reformas estructurales y la excesiva burocratización.

Un estudio del Boston Consulting Group (BCG) divulgado a finales de enero señala que entre 2001 y 2011 la ganancia de productividad de Brasil fue responsable por 26% del crecimiento promedio del PIB –de 3,7%– mientras que en otros países como Corea, respondió por 72% y en China por 93% del crecimiento económico. Esto llevó a los encargados del estudio a señalar que el resultado “muestra un nivel de productividad prácticamente estancado en el periodo”.

Pero no es la única razón. Aunque el Gobierno se ha esforzado por adoptar una política de estímulo al consumo, no ha impulsado cambios que mejoren las condiciones productivas para las empresas, como una infraestructura más eficiente, mejor preparación de la mano de obra o un ambiente institucional que estimule la creación de empresas y el ingreso de capitales, concluye el estudio del BCG.

Sin embargo, la Presidente no se amilana ante los moderados resultados de sus políticas. Aupada en la popularidad de su antecesor, Luiz Inácio Lula Da Silva, desde su llegada al cargo ha puesto sus esperanzas en la aceleración del gasto público para mover la economía y recuperar las tasas de crecimiento de la década pasada, cuando alcanzaron guarismos de hasta 7,5%.

El lunes pasado, durante la inauguración de las sesiones legislativas, Rousseff envió un mensaje al Congreso en el que señala que, si bien “2012 fue un año desafiante para Brasil”, cuando el crecimiento marchó a un ritmo “inferior a lo esperado”, 2013 será un año más alentador, según un informe de Reuters.

Las millonarias inversiones en infraestructura y las recetas aplicadas a finales del año –entre ellas, una mayor reducción en la tasa de interés– le hacen pensar a la mandataria brasileña que este año la receta podrá obtener el resultado esperado.

En su mensaje al Congreso, Rousseff destaca el avance de las obras de cara al Mundial de Fútbol que se desarrollará el próximo año en 12 ciudades brasileñas, que ha impulsado la construcción de 12 nuevos estadios y complejos deportivos y recreativos que albergarán a los millones de turistas que se esperan para este evento. A esto se suman las obras que el gobierno auspicia para desarrollar la infraestructura que requieren los Juegos Olímpicos de 2016.

Como si esto fuera poco, el gobierno planea reactivar este año las licitaciones para promover la exploración en 289 áreas con alto potencial de petróleo y gas; ampliar los programas educativos para formar a los estudiantes en carreras técnicas que hoy tienen gran demanda en las empresas y continuar con las iniciativas de desarrollo social que permitan a más brasileños salir de la condición de pobreza.

Aunque los vientos de la economía mundial siguen en contra y los efectos de la crisis financiera internacional aún se sienten, el gobierno brasileño mantiene su esperanza en que los estímulos al consumo interno y a sus productores les permitan cumplir en 2013 –por fin– las metas trazadas en materia de crecimiento.

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