| 4/4/2013 8:00:00 AM

Armados hasta los dientes

La tensión entre Corea del Norte y Estados Unidos tiene temblando a medio mundo. Ambos países enfilan toda su artillería para defenderse, con enormes costos para ambas economías.

Justo en la víspera de la celebración del día de los inocentes en el mundo anglosajón –conocida como April fools day–, Corea del Norte, uno de los países del llamado ‘Eje del mal’, lanzó una amenaza de guerra a su vecino, Corea del Sur y a Estados Unidos. Quizá por esta coincidencia, o porque las intimidaciones del país comunista han sido constantes, hay quienes no lo toman en serio.

Sin embargo, esta vez su retórica subió de tono, al declararse en ‘estado de guerra’ y sus dos principales enemigos no menospreciaron el anuncio por los informes que existen en cuanto a que Corea del Norte tiene armas peligrosas.

Pero hay quienes esperan ‘ver para creer’. Por ejemplo, la prensa estadounidense asegura que esta nueva provocación del régimen de Kim Jong Un no va a pasar de una inocentada, pues es poco probable que sus misiles tengan alcance para llegar hasta Estados Unidos. En Seúl, que está tan solo a 193 kilómetros de Corea del Norte, la vida de sus más de 10 millones de habitantes tampoco se ha modificado.

Tras conocerse el ‘estado de guerra’, el índice accionario de referencia surcoreano, el Kospi, cayó el lunes primero de abril tan solo 0,4%, más empujado por una baja generalizada de las plazas bursátiles asiáticas –afectadas por datos de China y Japón–, que por la expectativa de una guerra con su vecino. Igualmente, Wall Street tuvo una jornada a la baja –con caídas inferiores a 1%– debido a que la manufactura estadounidense se expandió menos de lo pronosticado en marzo.

Las pocas probabilidades que le dan a una guerra se deben a la gran asimetría que existe entre los dos bandos. Si bien Corea del Norte tiene aliados poderosos como China y Rusia, Corea del Sur y Estados Unidos están muy bien preparados. En conjunto, gastaron en 2011 US$742.221 millones en actividades militares, lo que según las estadísticas del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (también conocido como Sipri, por su sigla en inglés), equivale a 42,7% de todo el gasto militar que se hizo en el mundo en ese año, siendo Estados Unidos el país que más dinero destina a este propósito y Corea del Sur el número 12, al invertir 4,7% de su PIB y 2,7%, respectivamente.

Además, Estados Unidos tiene unos 28.500 soldados estacionados en Corea del Sur y otros 38.000 que podrían llegar por aire y mar desde sus bases en Japón y Guam, así como desde sus portaviones y submarinos.

Muchas ganas

Corea del Norte, por su parte, es uno de los países más pobres del planeta y, aunque no revela información económica –pues no es miembro de organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial–, la CIA calcula que su PIB per cápita es de US$1.800 frente a US$32.000 de Corea del Sur.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue invadido por la Unión Soviética, se convirtió en un país socialista. En 1948 empezó a ser dirigido por la familia Kim. El primero al mando fue Kim Il Sung, quien le heredó el poder a su hijo Kim Jong-il y ahora el turno es para su nieto Kim Jong Un (cuya edad es desconocida, pero se cree que tiene alrededor de 30 años).

Aunque los norcoreanos cuentan con menos recursos económicos, eso no implica que tengan menos voluntad, pues es reconocida su marcada vocación bélica. Como es un régimen cerrado, sus cifras son poco transparentes, pero se estima que su ejército es el cuarto más grande del mundo –con más de un millón de soldados activos y 4,7 millones en la reserva– y que destinan 25% de su PIB al gasto militar.

Según un informe del periódico Washington Post, los norcoreanos han mejorado su tecnología y en las más recientes detonaciones de prueba que realizaron en febrero pasado, y que fueron la chispa que prendió la actual amenaza, los efectos de la radiación fueron más controlados, lo que dificulta la detección por parte de sus enemigos, al tiempo que se cree que estarían usando uranio enriquecido, lo que da pie para pensar en una alianza más fuerte con Irán, otro de los miembros del llamado ‘Eje del mal’.

Justamente, esa prueba nuclear de febrero le salió cara a Corea del Norte, pues inmediatamente fue castigado con sanciones económicas por parte de las Naciones Unidas, que incluso fueron apoyadas por su aliado China. Además, como respuesta a dicha prueba, a mediados de marzo Estados Unidos y Corea del Sur realizaron ejercicios militares cerca de la frontera con Corea del Norte, que ellos aseguraron son rutinarios, pero que Kim Jong Un calificó como la provocación que lo llevó a declararse en ‘estado de guerra’.

Preparados, pero sin cuentas

Aunque los expertos insisten en que hacer efectiva su amenaza sería un suicidio para los norcoreanos, Park Geun-hye, la primera mujer presidente de Corea del Sur, dijo que responderán de manera fuerte ante cualquier ataque, al tiempo que Estados Unidos ya envió aviones invisibles a los radares.

Así mismo, el papa Francisco usó su primer mensaje de Pascua para pedir una solución diplomática a la crisis en la península de Corea, al tiempo que los embajadores de Filipinas y Tailandia, en Seúl, se declararon en alerta para salir en caso de que sea necesario.

Pero más allá de esas preocupaciones, lo cierto es que por ahora los analistas económicos no incluyen dentro de sus modelos la posibilidad de una guerra que, si bien podría ayudarle a Estados Unidos a levantar su economía, llegaría justo en un momento en el que la administración Obama está recortando su gasto en defensa. Ojalá que, efectivamente, la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial sea solo una inocentada.

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