| 3/2/2012 10:00:00 AM

¿Argenzuela?

Las trabas cambiarias y un nuevo régimen de importaciones calificado de proteccionista, generan tal inconformidad, que algunos ya comparan a Cristina Fernández con Chávez y a Argentina con Venezuela.

Con el pie izquierdo en materia económica arrancó el segundo mandato de la presidente argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Esta vez por cuenta de las polémicas medidas cambiarias adoptadas y un nuevo régimen de importaciones, que están generando barreras a las compras de productos y servicios del exterior, desaniman la inversión y provocan malestar entre los principales socios comerciales.

Las medidas impactan tanto a empresarios nacionales como extranjeros, quienes las ven como restricciones inaceptables para un país que hace parte del Grupo de los 20 y que se comprometió en la Organización Mundial del Comercio (OMC) a respaldar el libre comercio.

Fuertes controles a la venta de divisas al sector privado, nuevas trabas a la importación de productos y servicios –que provocan desabastecimiento– y un esperado aumento en los aranceles hacen parte de la receta que está aplicando Argentina. Algunos creen que estas medidas tienen un fuerte parecido con el esquema utilizado por Venezuela en la última década, que ha terminado por estrangular al sector privado y espantar la inversión. ¿Qué tan cerca están?

El gobierno argentino justificó las medidas argumentando que necesita tener un mayor control de los productos que se importan, quiere balancear las cuentas de comercio exterior y frenar la fuga masiva de capitales, que se ha convertido en un problema endémico. De paso, las medidas permitirán profundizar la política de sustitución de importaciones en la que está empeñado el actual gobierno y garantizar el fortalecimiento industrial. Sin embargo, hay quienes creen que son medidas proteccionistas y hasta cierto punto demagógicas.

Alberto Bernal, socio de Bulltick Capital, asegura que las decisiones del gobierno de Cristina Fernández no tienen el mismo alcance de las adoptadas por el presidente venezolano Hugo Chávez, aunque luzcan parecidas. “El problema con Argentina es que no hay suficientes dólares en este momento, porque la política económica es percibida como antimercado, y muchas compañías no quieren reinvertir allí, por lo menos hasta que se aclare el panorama. Una cosa bien distinta entre los dos es que Chávez quiere convertir a Venezuela en un país comunista, mientras que Cristina no es comunista, es demagoga”, explica.

Otro factor que estaría jugando en la política económica argentina tiene que ver con un esperado descenso en la tasa de crecimiento, que pasaría de cerca de 8% en 2011 a 3% en 2012. Esto habría llevado a que funcionarios como el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, hayan votado a favor de medidas proteccionistas para evitar la exposición internacional de la economía a una crisis mayor.

El gobierno quiere reducir el déficit comercial en al menos US$10.000 millones, aumentar las reservas internacionales en unos US$6.000 millones y rebajar a menos de US$10.000 millones la fuga de capitales. Solo en 2011, según datos del Banco Central, la fuga de capitales alcanzó los $21.504 millones, una cifra preocupante para la economía. Sin embargo, algunas analistas creen que la salida de divisas se profundizó por dos factores puntuales: la campaña electoral de 2011y la falta de confianza por las medidas erráticas que en materia económica ha tomado el gobierno.

Con el nuevo régimen, puesto en vigencia el pasado primero de febrero, los empresarios deben presentar una Declaración Jurada Anticipada de Importaciones (DJAI) antes de hacer un pedido al exterior. Esta exige que para cada tipo de producto a importar se elabore una exhaustiva lista con sus componentes, y para cerca de 4.000 productos se impusieron nuevos requisitos de ingreso, lo que ha generando un verdadero ‘trancón’ en un proceso que en los países de libre mercado es automático. El secretario Moreno ha dicho que quienes quieran importar deben compensar estas salidas de dinero con exportaciones, para que nadie sufra inconvenientes y haya rentabilidad para todos.

Sin embargo, las decisiones han caído como un balde de agua fría en el empresariado. En menos de 20 días, las quejas no cesan. Periódicos como Clarín y La Nación reportan a diario quejas de los sectores que se ven afectados por el suministro de productos del exterior. Las firmas del sector automotriz protestan por la lentitud de los procesos para importar piezas y partes que no se fabrican en Argentina y que podrían paralizar el ensamblaje. El Sindicato de Bioquímicos y Farmacéuticos publicó una lista de medicamentos cuyo suministro está paralizado, entre ellos Bactrim, Reliverán, Rivotril y Buscapina.

El tema incluso ya llegó al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, porque sus asesores recibieron un informe de empresas americanas que califican de inaceptable la actitud del gobierno argentino en materia comercial. El informe, citado por el diario La Nación, sostiene que “el secretario de Comercio Moreno tiene un sistema propio de aprobación de las importaciones, que hace que las compañías tengan que someterse a un doble proceso para las aprobaciones. Esto tiene que ser efectuado para cada embarque y para cada operación, y hace que el proceso sea oneroso”.

A estas críticas se han sumado las de sus vecinos en el Mercosur, a quienes el nuevo procedimiento no les gusta. En Uruguay, el pasado lunes 27 el presidente José Mujica se reunió con un grupo de empresarios para analizar soluciones a las perturbaciones comerciales que está generando el nuevo sistema de importación de Argentina, mientras en Brasil las asociaciones de empresarios han pedido la intervención de la presidente Dilma Roussef para eliminar las trabas comerciales.

Pero, mientras el escenario resulta cada vez más complejo para el comercio internacional, el gobierno argentino no parece dispuesto a recoger sus pasos. Antes bien, se conoció que en abril próximo se elevará a 14% el arancel para un grupo importante de productos procedentes de terceros países que desde 2001 no pagan impuestos.

Si bien en un escenario internacional convulsionado en materia económica como el actual, es de esperarse que los gobiernos busquen soluciones creativas a sus problemas, lo cierto es que en esta ocasión el remedio podría resultar peor que la enfermedad, convirtiéndose en una trampa para el desarrollo y crecimiento del país.

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