| 7/24/2014 6:00:00 AM

¿Los nuevos parias?

El apoyo de Rusia a los rebeldes ucranianos, acusados de derribar el avión de Malaysia Airlines, le puede salir caro a su economía y a su creciente élite de oligarcas.

Luego de muchos años de ser literalmente los malos de las películas, los rusos fueron reemplazados por villanos de otras nacionalidades como los terroristas islámicos o los narcotraficantes colombianos. Miles de filmes se han rodado desde entonces, pero a partir del inicio de la crisis en Ucrania, los rusos temen recuperar ese rol protagónico en el Séptimo Arte y, peor aún, en la economía mundial.

Las sanciones impuestas por Occidente –como bloquear financieramente a compañías rusas cercanas al círculo del presidente Vladimir Putin– y lideradas por Estados Unidos tras la anexión de Crimea al territorio ruso en marzo, prendieron las alarmas en la creciente clase alta soviética. Ellos hoy son inversionistas globales y podrían verse bloqueados por cuenta de nuevas penalidades que se les impondrían en caso de comprobarse que su gobierno ayudó a las milicias que derribaron el avión de Malaysia Airlines cuando cruzaba por territorio ucraniano.

Con el recrudecimiento de la crisis de ese país –que llevó a la separación de Crimea y a que otros estados amenazaran con unirse a Rusia–, se impusieron sanciones a funcionarios y empresas rusas y ucranianas que incluían restricción de viajes e inmovilización de cuentas bancarias.

Entre los rusos que ya fueron sancionados por Estados Unidos se encuentran miembros del círculo de Putin, como los multimillonarios Arkady Rotenberg y Gennady Timchenko. Un día antes del atentado contra Malaysia Airlines, se le prohibió a una empresa, propiedad de Timchenko, la productora de gas OAO Novatek, recurrir a los mercados de deuda de Estados Unidos en busca de financiamiento superior a 90 días. Como resultado, las acciones de Novatek cayeron en Londres 8% en dos días, lo que redujo su valor de mercado casi en US$3.000 millones.

De comprobarse que además alentaron el ataque al avión, los castigos podrían ser mucho mayores de parte de la comunidad internacional, que hoy ya no amenaza con misiles, sino con cierres de fronteras y bloqueos comerciales.

Según informaciones de Bloomberg, ese temor es cada vez mayor entre los empresarios más ricos de Rusia, quienes se quejan de forma anónima pues temen represalias en su país, pero consideran que si el presidente Vladimir Putin no toma medidas para poner fin a la guerra en Ucrania, corre el riesgo de convertirse en un paria internacional como Aleksandr Lukashenko, de Bielorrusia, a quien Estados Unidos calificó como el último dictador de Europa.

Equiparar a Rusia con Irán o con la Libia de Muammar Gadafi, calificándola como un estado patrocinador del terrorismo tendría impacto en la economía soviética y en sus empresas. Esta idea es del ministro de Defensa inglés, Timothy Ash, tras conocerse que 10 de las 193 víctimas del avión siniestrado eran de esa nacionalidad y el resto holandeses.

Sin embargo, el portavoz de Putin, Dmitry Peskov, le dijo a Bloomberg que su país no está preocupado por la posibilidad de ser etiquetado como un patrocinador del terrorismo.

Otra cosa piensan los analistas de los bancos de inversión que recuerdan el bombardeo a un avión de Pan Am mientras volaba sobre Escocia en 1988. Tras la muerte de sus 270 pasajeros, se culpó a Libia y con ello se endurecieron las sanciones internacionales que sufría este país desde 1980 y que la consolidaron como una nación marginada hasta el final del siglo.

Interconectados

Así el gobierno de Putin niegue que le preocupa ser estigmatizado, lo cierto es que su país está cada vez más interconectado con el mundo, con un mercado de US$2 billones y 144 millones de habitantes que dependen en gran medida de la inversión extranjera directa. Por ende, no se puede dar el lujo de darles la espalda a los mercados financieros globales.

Es más, mientras los 64 estadounidenses más ricos han aumentado su fortuna en US$56.500 millones en lo corrido del año, de acuerdo con el Índice de Multimillonarios Bloomberg, la de los 19 rusos más ricos se redujo en US$14.500 millones.

Al cierre de esta edición, las potencias de Occidente discutían la severidad de las nuevas medidas que se impondrían a Rusia de no echar para atrás su apoyo a los rebeldes en Ucrania. Se estima incluso que estarían enfocadas en sectores industriales, más que en empresas o personas, lo que podría hacer colapsar a la novena economía del mundo.

Además del temor de los oligarcas rusos, en los mercados de valores también se siente la incertidumbre derivada del conflicto entre Rusia y Occidente. El jueves, tras la tragedia del avión de Malaysia Airlines, el índice de volatilidad CBOE Vix –conocido como la medición del miedo– repuntó 32%. Este índice es considerado un barómetro clave de la confianza de los inversionistas y de la volatilidad del mercado.

El viernes siguiente el índice cayó y la explicación de los expertos es que para que las bolsas convulsionen con este tema, primero se requiere una guerra comercial entre Occidente y Rusia, que aún no ha sucedido y podría no ser muy probable dado que la ex Unión Soviética tiene fuertes lazos comerciales con sus vecinos europeos, que son difíciles de reemplazar. La Unión Europea, que está en plena recuperación económica, vende 6,9% de sus exportaciones a Rusia, mientras que Rusia suministra cerca de 30% de gas al bloque comunitario.

Curiosamente, los mercados de commodities, que son muy sensibles al riesgo geopolítico, no han estado muy afectados. Los de energía, con productos como petróleo o gas, se han mantenido sin cambios, pues Rusia no ha interrumpido su suministro. Lo que ha subido un poco es el oro, al ser un activo refugio.

Pero más allá del impacto en los mercados o de si los billonarios rusos pasan a ser de nuevo los malos de la película, todo indica que este episodio de la historia, por ahora, no va a tener un final feliz.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?