| 8/3/2017 12:01:00 AM

Analistas en alerta por amenaza de la economía china

Los analistas están preocupados por los crecientes riesgos financieros de la economía China. ¿Son señales para alarmarse?

La expansión de la actividad económica en China permanece robusta, pero las estrategias que la apoyan introducen riesgos. Según el FMI, su tasa de crecimiento este año será similar a la del anterior (6,7%), mientras que el entrante será un poco menor (6,4%). Además, el gobierno tiene el propósito de duplicar en 2020 el PIB de 2010.

Al mismo tiempo, las autoridades buscan rebalancear el patrón de crecimiento, de uno basado en la producción de manufacturas para la exportación, a otro en el cual la provisión de servicios y el consumo tengan un mayor protagonismo. Esta transformación implica una desaceleración.

Por tal motivo, con el fin de sostener una dinámica actividad económica, las autoridades estimulan la demanda por medio de una alta inversión pública y una fuerte expansión del crédito. Al hacerlo, posponen la consolidación fiscal e incrementan el endeudamiento. Ambos factores podrían obstaculizar el crecimiento en el mediano plazo.

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Por tanto, la mayor preocupación sobre las perspectivas de la economía china surge del incremento de la deuda y de un estrechamiento del mercado inmobiliario, que podrían conducir a la formación y posterior estallido de burbujas financieras. La estrechez del mercado inmobiliario luce alarmante porque el incremento de los precios de la vivienda –50% desde 2005, cinco veces mayor que el promedio mundial– sugiere la formación de una burbuja.

Sin embargo, el exceso de demanda por vivienda en China es mucho mayor que en gran parte de las economías desarrolladas, porque su población urbana crece más rápido. El reto para las autoridades consiste, por tanto, en aumentar la oferta al ritmo de la demanda, para evitar una elevación exuberante de los precios, que infle una burbuja.

Aunque la deuda total de China no parece exagerada cuando se la compara con la de las economías emergentes y la de sus hogares (44,4% del PIB) y su sector público (46,4% del PIB) son moderadas, la de sus empresas (166,6% del PIB) es la más alta del mundo –más del doble de la de los Estados Unidos (72,5% del PIB)–. Además, la razón de apalancamiento (deuda / patrimonio) de sus firmas también es alta y creciente.

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Un elevado endeudamiento y un fuerte apalancamiento de las empresas pueden llevar a una crisis financiera cuando incumplen de manera sistemática sus obligaciones. En tal caso ocurre un deterioro en la calidad y una desvalorización de los activos de los bancos, que desmejora su solvencia e incrementa su apalancamiento.

Foto: Xi Jinping Presidente de la República Popular China.

Por tal motivo, los inversionistas pueden optar por no refinanciarles su deuda de corto plazo y los cuentahabientes por retirarles sus depósitos. En tales circunstancias se congela el mercado monetario, se dificulta el fondeo de los bancos y se estrecha su liquidez.

En consecuencia, disminuye la oferta de crédito y aumentan las tasas de interés. Los deudores sufren un incremento de la carga financiera, que complica el servicio de sus deudas. El incumplimiento se generaliza, con lo cual la calidad de los activos de los bancos desmejora y su valor cae, de manera que se agravan sus problemas de solvencia y apalancamiento.

Incapaces de aumentar su patrimonio a través del mercado de capitales, los bancos caen en la bancarrota. Ocurre entonces una corrida bancaria en gran escala, que conduce al colapso del sistema financiero.

Por tanto, si las autoridades no llevan a cabo unos ajustes macro prudenciales exigentes para mitigar de una manera adecuada los riesgos que entraña para su sector financiero un incremento desbordado del crédito corporativo, podrían ocurrir una crisis financiera y una recesión. Estas perturbarían la estabilidad financiera internacional y tendrían consecuencias adversas para la actividad económica mundial, a través de un descenso de la confianza, del comercio internacional y de los precios de las materias primas.

Foto: Un reto para las autoridades chinas es aumentar la oferta de vivienda. Zhou Xiaouchan, gobernador del Banco Popular de China.

Sin embargo, algunas de las características de la economía china facilitan a sus autoridades enfrentar estos peligros de una manera más eficaz que en otras. Su alta tasa de ahorro (45% del PIB) les permite mantener una amplia oferta de fondos prestables y unas bajas tasas de interés. Además, la deuda pública (49% del PIB) es sobre todo doméstica, de manera que su sostenibilidad y rotación no se dificultan por una elevación de las primas de riesgo por parte de los acreedores extranjeros.

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Al mismo tiempo, la mayor parte de la deuda corporativa es de las empresas estatales con los bancos públicos, por lo cual los inversionistas y los depositantes tienen una mayor confianza que en otros países de que sus activos tienen una garantía implícita del gobierno.

Además, las finanzas públicas todavía se mantienen sólidas –con una deuda de 46% del PIB y un déficit de 3,7% del PIB– y las reservas internacionales exceden la deuda externa. Por tanto, el gobierno podría capitalizar los bancos con dificultades de solvencia, antes de que ocurriera una bancarrota generalizada de sus instituciones financieras.

Asimismo, la cuenta financiera de la balanza de pagos está todavía cerrada en comparación con los estándares internacionales. Esto les permitiría a las autoridades bloquear con mayor facilidad que en otras economías las fugas de capital, que entonces resultarían menos perturbadoras. Por último, su banco central dispone de los mismos instrumentos que los de otros países para preservar la liquidez del mercado monetario.

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Un problema adicional que no es mencionado con frecuencia por la mayoría de los analistas es el peligro de una deflación, que incremente el valor de las deudas en términos reales y desestimule la inversión. Esto podría significar una amenaza para su estabilidad macroeconómica y financiera mucho mayor que el excesivo endeudamiento. Para conjurar este peligro, las autoridades deben esforzarse en mantener la economía creciendo cerca de su potencial. En condiciones normales, bastaría estimular el consumo privado. No obstante, en ausencia de un amplio sistema de seguridad social, lograrlo no es fácil. Por ello el gobierno prefiere aumentar la inversión pública y la de las empresas estatales, incluso a costa de un mayor endeudamiento.

Por tanto, las autoridades chinas tiene cuatro metas difíciles de conciliar: reformar la economía y rebalancear su crecimiento, sostener su dinámica expansión, evitar una espiral deflacionaria y preservar la estabilidad macroeconómica y financiera. También pueden intentar lograrlo de una manera más eficaz que la de otros países, porque tienen un mayor control sobre la economía y disponen de más instrumentos para hacerlo.

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