| 7/7/2016 12:00:00 AM

¿Cuáles serán los efectos del tsunami Brexit para el mundo?

En contra de lo esperado por los mercados, el Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea, a pesar de las consecuencias adversas para su bienestar y la actividad económica mundial. ¿Por qué y con qué consecuencias?

El triunfo de los partidarios de que el Reino Unido (RU) abandone la Unión Europea (UE), con el 51,9% de los votos en el referendo, resulta paradójico al considerar las advertencias sobre los efectos adversos que la partida puede tener sobre la actividad económica, el empleo y el bienestar en ambas partes, así como sobre el crecimiento mundial y la estabilidad financiera global. Por eso vale la pena reflexionar sobre las causas y las consecuencias de la decisión.

Los partidarios de la salida fueron sobre todo ciudadanos mayores de 60 años, poco educados y con trabajos de baja remuneración. En contraste, los simpatizantes de la permanencia fueron en su mayoría graduados de la universidad, menores de 40 años y con empleos bien remunerados. Esa composición sugiere que la partida fue respaldada en una gran proporción por los votantes menos beneficiados por la globalización, la membresía de la UE y el progreso tecnológico, que compiten por sus puestos de trabajo con los inmigrantes y que sienten que su destino no lo deciden ellos ni sus gobernantes, sino la burocracia de Bruselas y las fluctuaciones de los mercados.

Por este motivo, muchos analistas –como Anatole Kaletsky, economista jefe de Gravekal Economía– argumentan que el referendo en el RU fue la primera confrontación entre los marginados de la globalización y el progreso tecnológico –los ciudadanos mayores, menos educados y más pobres– y los más favorecidos –las élites de políticos, tecnócratas, hombres de negocios y finanzas–. Con un sentimiento de frustración por las promesas incumplidas de los políticos y los técnicos, los menos beneficiados tienden a respaldar las propuestas populistas de la derecha y de la izquierda, de cerrar las economías a la inmigración, el comercio y la inversión para proteger el empleo nacional, no solo en el RU, sino también en otros países de la UE e, incluso, en los Estados Unidos.

No por casualidad los movimientos políticos nacionalistas obtienen apoyo en esos países, que fueron los más afectados por la crisis financiera internacional y por la Gran Recesión. Aunque la intervención de sus bancos centrales y la expansión fiscal evitó una depresión, no los llevó de regreso al crecimiento sostenido con pleno empleo. Además, la prolongada recesión redujo su capacidad de crecimiento, debido al estancamiento de la productividad y la innovación, la parálisis de la inversión, la desacumulación de capital humano por la histéresis y de fuerza de trabajo por la menor participación laboral.

En estas condiciones, su actividad económica es lenta, mientras que la generación de empleo ocurre en su mayor parte en plazas para trabajadores poco calificados, de baja remuneración, que compiten con los inmigrantes. Por estos motivos, la globalización, los tratados de libre comercio y la inmigración son los chivos expiatorios del flojo crecimiento, el estancamiento de los salarios reales, la poca dinámica en la generación de empleo y la lenta mejora del bienestar. En consecuencia, los marginados de la globalización se rebelan contra las élites, que les prometieron mejorar sus condiciones de vida con base en ella para brindar su apoyo al populismo nacionalista de derecha o izquierda. Ese sentimiento de venganza condujo a la victoria a los partidarios de abandonar la UE en el RU, respalda los movimientos políticos separatistas que hay en varios países europeos y apoya la candidatura de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

Consecuencias eventuales

La salida de Reino Unido de la UE amenaza quebrar ambas agrupaciones de países. En el RU una parte importante de los ciudadanos (48,1%) quiere permanecer en la UE. Tanto en Escocia (con 62%) como en Irlanda del Norte (con 55,8%) y en Londres (con 75%) triunfaron los partidarios de quedarse. Debido a ello, algunos políticos escoceses consideran necesario que su país se independice del RU y continúe como miembro de la UE. Para ello insistirán en un segundo refrendo sobre la independencia de su país. De una forma paralela, el movimiento republicano norirlandés Sinn Féin manifestó la necesidad de convocar un referendo sobre la unidad de Irlanda. Al mismo tiempo, en muchos países europeos hay movimientos nacionalistas de derecha y de izquierda que desean sustraerlos de la UE.

Dentro del RU el equilibrio político no se restablecerá con facilidad. La mayor parte de los conservadores impulsó la salida con una campaña apoyada en los votantes mayores y menos educados, partidarios del nacionalismo, el proteccionismo y la intervención estatal y al tiempo enemigos de la inmigración.

No será fácil conciliar sus intereses con la doctrina conservadora, amiga de la libre movilidad de los bienes, los servicios y los factores productivos, así como de la desregulación de la economía y la globalización. Además, muchos de los que votaron por la salida fueron convencidos con el argumento de que se conservaría la mayor parte de las ventajas de la membresía en la UE –el acceso al mercado común– sin sus desventajas –los aportes al presupuesto y la libertad de trabajo de los ciudadanos europeos dentro del RU–. Pero el primer pronunciamiento de la UE posterior al referendo estableció que si el RU quiere acceso al mercado común después de abandonarla, se le concederá solo si permite el libre flujo de los bienes, los servicios, el capital y el trabajo de los países miembros dentro de sus fronteras y se compromete a aportar al presupuesto comunitario.

La partida del RU de la UE puede desestabilizar la unidad del orden liberal occidental, construido por iniciativa de los Estados Unidos y los países europeos más desarrollados después de la Segunda Guerra Mundial. Como sostiene el exsecretario de la Otan, Javier Solana, la decisión debilita la seguridad, la política exterior y el estatus internacional de ambas partes. Desunidas pierden importancia, justo cuando los Estados Unidos necesitan un fuerte apoyo de sus aliados europeos para enfrentar la mayor influencia mundial que buscan China y Rusia, para lograr la estabilidad política en el Medio Oriente y en Asia, así como para mantener un frente sólido contra el terrorismo de los fundamentalistas islámicos. Además, en el caso de triunfar los movimientos nacionalistas conservadores en varios países de Europa y en los Estados Unidos, se impondrían el proteccionismo, la xenofobia y el racismo, al tiempo que quedarían amenazadas la libertad de conciencia y la democracia, todos principios fundamentales del liberalismo.

Aunque esa eventualidad parece remota, el resentimiento y la reacción política de los marginados contra la globalización y el progreso tecnológico se fortalece cada vez más. Para evitar que se imponga alrededor del mundo, como sugiere Nouriel Rubini, profesor de la Universidad de Nueva York, se requiere de políticas que compensen a los menos beneficiados, a través de transferencias y provisión de bienes públicos (como educuación, entrenamiento, seguro de desempleo y pensiones), que resarzan las pérdidas de ingresos incurridas al perder sus empleos y faciliten el tránsito a otros trabajos. También se requieren reformas para estimular la inversión, aumentar la capacidad de crecimiento de las economías y acelerar la innovación y el progreso tecnológico, de modo que sea posible mejorar el bienestar de la población de una manera sostenida.

Los inversionistas reaccionaron al referendo como en otros episodios de aversión al riesgo. Se refugiaron en los activos más seguros, como la deuda pública de los países con menor riesgo soberano y el oro, que se valorizaron. Al mismo tiempo, se alejaron de los más riesgosos, como las acciones, la deuda pública de los países emergentes y las materias primas, que se desvalorizaron.

Como efecto de esta recomposición de los portafolios, el dólar, el yen y el franco se valorizaron frente a la libra, el euro y las monedas emergentes. Para hacer frente a la turbulencia, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo ofrecieron proveer la liquidez necesaria para facilitar un ajuste ordenado de los mercados, mientras que la Reserva Federal de los Estados Unidos propuso reactivar las líneas de swaps con los principales bancos centrales del mundo, para suministrarles liquidez en dólares. Estas propuestas, junto con las declaraciones de sus funcionarios sobre un relajamiento monetario adicional, tranquilizaron a los inversionistas, que recuperaron algo del apetito por los activos riesgosos. En consecuencia, las expectativas de una mayor liquidez contribuyeron a una recuperación de las bolsas, algunas materias primas –como los metales y los hidrocarburos–, la deuda pública y las monedas emergentes, pero mantuvieron débiles a la libra y al euro frente al dólar, el yen y el franco.

Como el proceso de la salida será largo, porque primero se debe recomponer el gobierno del RU, cuyos partidos mayoritarios están en crisis por causa del referendo; y luego se deberá invocar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que dará a las partes dos años para negociar los términos, es probable que la incertidumbre sobre las normas que regirán los flujos de bienes, servicios y factores del RU con la UE prevalezca por un periodo prolongado. Por este motivo, la confianza de los inversionistas y los consumidores disminuirá en ambas agrupaciones de naciones, lo cual reducirá su demanda, con efectos adversos sobre la actividad económica y la generación de empleo en ambas partes, que quedarán abocadas a una recesión. Esto desacelerará el crecimiento global y la expansión del comercio internacional. De esta manera, el triunfo de los partidarios de la salida del RU de la UE puede ser el catalizador de otra crisis internacional.

Como argumenta Carmen Reinhart, profesora de la Universidad de Harvard, la prolongada incertidumbre originará nuevos episodios de aversión al riesgo. Sin embargo, las previsiones de una abundante liquidez en los mercados financieros internacionales favorecen la continuidad de los flujos de portafolio hacia las economías emergentes. Para asegurarlos, estas economías deben preservar la confianza de los inversionistas, su estabilidad macroeconómica, su solvencia pública y la credibilidad de sus políticas fiscal y monetaria. Colombia debe esforzarse en mantener las ventajas comparativas que tiene sobre otras economías emergentes en estos aspectos.

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