| 6/10/2015 7:00:00 PM

¿TLC CON CHINA?

Una combinación de costos y decisiones en los frentes ambiental, laboral y cambiario explican el auge de los productos chinos en el mundo en los últimos años.

En la euforia de la reciente visita a Colombia del primer Ministro chino Li Kequiang, causaron cierto escozor las declaraciones del gobierno nacional sobre un posible acuerdo de libre comercio con China.

“Sería un salto al vacío”, afirmó uno los principales voceros del empresariado colombiano que prefirió mantener su nombre en reserva. Y es que, en este caso, no se sabe si el Gobierno realmente está considerando esta posibilidad o si solo era un anuncio hecho al calor de la visita del representante chino.

Un TLC sería una verdadera amenaza para la producción nacional. Colombia fabrica muchos de los productos que hace China, pero con la diferencia de que el país asiático vende a unos precios infinitamente más bajos que nuestros productores.

Esto se debe a múltiples razones derivadas del modelo de desarrollo adoptado por la China, que combina los bajos estándares laborales y ambientales con una agresiva estrategia en materia cambiaria.

¿Cómo operan estos aspectos?

El primero es el ambiental. Preguntado hace unos años sobre el crecimiento del PIB chino para ese año, el presidente del Banco Central de la China Popular respondió: “con consideraciones ambientales 7%. Sin consideraciones ambientales, 9%. Pero dada la presión política, será 9%”. En esa corta respuesta se encuentra encapsulada gran parte de la problemática del crecimiento chino. Este se hizo sin tener en cuenta gran parte de los costos ambientales que implican. En teoría económica, la sociedad sí está pagando esos costos, solo que ellos son unas externalidades; es decir, los termina pagando toda la sociedad, pero no están incorporados en el precio del producto que se le vende al consumidor.

En un país como Colombia, las licencias ambientales se han convertido en un verdadero dolor de cabeza, no solo para la minería y el sector petroleros, sino también para todas las obras de infraestructura que hacen que el país sea más competitivo. Eso en China no es un problema, mientras en nuestro caso el modelo de desarrollo que el país escogió le pone un importante énfasis a la conservación ambiental.

No obstante, y aunque es la política correcta y debe seguir siendo implementada, el país debe ser consciente de que ese modelo de desarrollo absorbe costos y, dada nuestra idiosincrasia, muchas veces sobrecostos que hacen que los productos “made in Colombia” incorporen de entrada un costo-país más alto.

Un segundo punto es el laboral. Es curioso que en un país supuestamente comunista como China nadie crea que el Estado vaya a solucionar sus problemas más apremiantes, como su vejez o sus gastos básicos. Eso, por una parte, hace que tengan una tasa de ahorro más alta que la de los colombianos, lo que ha potencializado el crecimiento.

Y, por otra, aunque en los últimos años los costos laborales en China han subido, volviéndolos mucho menos competitivos que antes; gracias en parte a su tamaño, el mercado laboral chino sigue siendo mucho más flexible y competitivo que el colombiano. Esto también se traduce en un costo más alto para el empresario colombiano y que se incorpora en el costo final del bien.

El peso cambiario


Sin embargo, el tema cambiario es uno de los más interesantes y complejos del modelo chino. De manera explícita, ese modelo decidió privilegiar el desarrollo del sector real, como manufactura o informática.

Además de la reducción de los costos laborales y del casi nulo impacto de los temas ambientales en la operación de las empresas, otro de los pilares en el desarrollo del modelo chino fue adoptar una tasa de cambio fija entre el yuan y el dólar que les permitía a los productos chinos ser muy competitivos.

Muchos economistas argumentaban que los productos chinos resultaban siendo artificialmente competitivos porque si el yuan hubiera podido flotar, su tasa de cambio con el dólar hubiera sido durante los últimos años algo como la mitad de lo que fue, doblando el precio de sus productos.

Pero no es así. La moneda china no se aprecia sino que sigue a una tasa de cambio fija con el dólar.

¿Cómo pueden mantenerla?


La razón es que el sector financiero sigue siendo público y este es el que al final asume el costo de mantener una tasa de cambio fija, ya que los dólares que compra el Banco Central Chino son esterilizados (o sea neutralizados para que no produzcan inflación) mediante la venta de títulos del Banco Central a los bancos comerciales a una tasa de cambio muy baja que hace que el Banco Central no incurra en pérdidas por este motivo. Las pérdidas generadas por la intervención cambiaria son asumidas por el sector bancario chino.

Por este motivo, el sector bancario chino ha sido objeto de múltiples capitalizaciones por parte del gobierno, debido a las grandes pérdidas causadas por los costos de la esterilización cambiaria para mantener una tasa de cambio que favoreciera la consolidación y el fortalecimiento del sector real chino y que le permitiera vender en el exterior a precios más bajos.

Este sistema llegó a ser llamado por los economistas David Folkers y Michael Dooley como Bretton Woods II y tenía –tiene– atrapado a Estados Unidos debido a su persistente déficit fiscal. A través de una tasa de cambio fija, China obtenía un superávit comercial con Estados Unidos del orden de los US$60.000 millones al mes, los cuales inmediatamente China invertía comprando bonos del tesoro norteamericano.

De esta manera, los Estados Unidos quedaban neutralizados, ya que no podían hacer más que usar una retórica comercial fuerte contra la estrategia china. El paso a las acciones o sanciones reales sobre los chinos les resultaba imposible ya que dependían y todavía dependen de estos para financiar su déficit fiscal.

Curiosamente, en los últimos meses el yuan se ha apreciado más de 14% versus una canasta de monedas asiáticas, debido a la apreciación reciente del dólar frente a la mayoría de monedas del mundo. Esta apreciación ha sido tan significativa que en las semanas recientes el Fondo Monetario Internacional por primera vez afirmó que la China no manipulaba su moneda, tal y como lo sostiene el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Sin embargo, a nadie le cabe duda de que si China dejara flotar su moneda libremente, el yuan se apreciaría significativamente, aunque quizás ya no el 50% que se predecía en la mayor parte de la década pasada. Es por esto que el sistema cambiario chino le representa al sistema productivo de su país una ventaja sustancial sobre el sector productivo de una economía mediana y abierta como la colombiana.

La reciente posición del FMI también dificulta que se pueda implementar algún tipo de salvaguarda cambiaria que ensayara compensar parcialmente la ventaja cambiaria que tienen todos los artículos provenientes de China.

Los productos chinos acceden al mercado colombiano sin pagar una serie de costos ambientales y laborales que nuestra legislación conlleva. Por otra parte, se beneficia de una tasa de cambio fija que favorece enormemente la competitividad de los productos chinos pero que no es posible en Colombia. Es por todos estos motivos que la conveniencia de un TLC con la China debe ser analizada profundamente, al menos mientras no solucionemos algunos de nuestros problemas de competitividad más importantes.
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