| 11/9/2017 12:01:00 AM

Dominio del dólar como moneda de reserva estaría en peligro

El aislacionismo de Estados Unidos y la preservación de su estabilidad económica amenazan el domino del dólar como moneda de reserva. ¿Ocurrirá un relevo?

El papel del dólar de los Estados Unidos como unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor global ha perdurado, a pesar de una serie de eventos económicos y políticos que, a juicio de los expertos, presagiaban su decadencia desde la década de 1960.

Entre esos sucesos, Barry Eichengreen, de la Universidad de California en Berkeley, menciona el colapso del acuerdo de Londres entre el Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Suiza, Alemania Occidental, Bélgica, Italia, los Países Bajos y Luxemburgo para sostener la paridad del dólar con el oro (a US$35 por onza troy), por medio de intervenciones en el mercado de Londres, entre 1961 y 1968, con el fin de mantener el sistema de tasas de cambio fijas y monedas convertibles de Bretton Woods.

También destaca el final de este sistema en 1973, junto con los choques inflacionarios en los Estados Unidos en la década de 1970. Además, hace referencia al ataque de Al-Qaeda a las torres gemelas en Nueva York en 2001, el incremento del déficit de la cuenta corriente de los Estados Unidos y la crisis financiera internacional de 2008.

Carmen Reinhart, de la Universidad de Harvard, añade que tampoco la pérdida de importancia económica de los Estados Unidos, medida por el descenso de su participación en la generación del PIB global, que se redujo de cerca de 30% a 18% desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ha hecho mella en la demanda por el dólar como la moneda de reserva predominante en el mundo.

Aunque todos esos eventos generaron grandes fluctuaciones en la tasa de cambio de esa divisa frente a otras, no disminuyeron su atractivo en los mercados internacionales.

Fortalezas del dólar

Una parte importante de la supremacía del dólar se basa, como resalta Esward Prasad, de la Universidad de Cornell, en la alta credibilidad que tienen la Reserva Federal (Fed) y el sistema de controles y equilibrios de las instituciones en los Estados Unidos, que contribuyeron a que el país superara todos esos episodios adversos.

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Gracias a esa confianza, la preferencia por el dólar se incrementó, de tal manera que otros activos muy líquidos y poco riesgosos denominados en él se convirtieron en un buen sustituto para suplir el exceso de demanda.

De este modo, los bonos de la deuda pública del gobierno de los Estados Unidos son apetecidos por los inversionistas como refugio en épocas de incertidumbre, mientras que los Estados del resto del mundo conservan en ellos una proporción importante de su riqueza.

Es una práctica usual que los bancos centrales inviertan en dólares o activos en esta moneda una parte de sus reservas internacionales equivalente a la proporción del intercambio que tienen sus países con los Estados Unidos.

Con alguna frecuencia esa participación es incluso mayor. La existencia de relaciones militares y diplomáticas estrechas con los Estados Unidos es una fuente de demanda adicional de los activos en dólares por los gobiernos de sus países aliados, en gran parte porque confían en que ese país tendrá como prioridad cumplir sus obligaciones con las naciones amigas.

De esta forma, el dólar se mantiene como la moneda de reserva preferida en el mundo. Cerca de dos terceras partes de los países, que generan alrededor de 70% del PIB global, lo usan como la divisa ancla.

Amenazas para el dólar

La provisión de activos denominados en dólares por los Estados Unidos al resto del mundo supone que este país debe mantener un déficit en su cuenta corriente, originado por un exceso de gasto doméstico.

Una parte importante de ese desbalance externo debe originarse en un exceso de gasto público, que sostenga un déficit fiscal, para que el gobierno deba emitir bonos de deuda pública.

Por tanto, la moderación de los déficits fiscal y externo de los Estados Unidos, por medio de una disminución del gasto doméstico –o, lo que es lo mismo, de un incremento del ahorro interno–, junto con la necesidad de preservar la solvencia del Estado en ese país, a través de una disminución de su deuda pública, implican una menor provisión de activos en dólares para el resto del mundo.

Además, las depreciaciones del dólar, cuando su déficit en la cuenta corriente alcanza dimensiones insostenibles, pueden causar pérdidas de capital a quienes conservan parte de su riqueza en activos en esta moneda.

Para prevenirlas, los inversionistas y los gobiernos podrían optar por disminuir su demanda por ellos, e incrementarla por otros en una moneda distinta. Por tanto, la primacía del dólar como moneda de reserva mundial está hasta cierto punto amenazada por la necesidad que tienen los Estados Unidos de preservar su estabilidad macroeconómica y financiera, que se basa en gran parte en el imperativo de salvaguardar la solvencia de su Estado.

También podría peligrar si la independencia y la credibilidad de la Fed, o el sistema de controles y balances característico de las instituciones en los Estados Unidos, sufrieran un menoscabo como consecuencia del sistema de gobierno de matoneo del presidente Trump.

Asimismo, la apertura de la cuenta de capital y la adopción de un régimen de tasa de cambio flexible en China implican una menor demanda por activos en dólares, porque su banco central ya no tendría necesidad de comprar divisas para evitar la apreciación del yuan.

Un cambio en la política de las relaciones internacionales de los Estados Unidos, hacia el aislacionismo, podría desincentivar el deseo de denominar en dólares una gran parte de las reservas internacionales de las naciones aliadas.

Por tal motivo, si se retirara su presencia militar en algunas zonas donde ayuda a preservar el equilibrio entre las naciones con intereses divergentes, como en el medio oriente, en Europa o en Asia, la demanda por activos en dólares en esas áreas disminuiría.

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Duro de destronar

La entrada de otros países rivales en esas zonas, como China o Rusia, apreciaría sus monedas frente al dólar, debido a que esos países acrecentarían su importancia geopolítica frente a los Estados Unidos, lo cual estimularía la demanda por sus divisas.

Con el tiempo, en la medida en que los Estados Unidos dejara de ser la nación más poderosa del mundo, o implementara políticas para preservar su estabilidad macroeconómica y salvaguardar la solvencia de su Estado, el dólar perdería relevancia como unidad de cuenta, medio de cambio y depósito de valor en el mundo.

Sin embargo, para que eso ocurra puede todavía mediar un largo periodo, como ocurrió con la libra esterlina entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Hasta el momento, ninguna otra moneda ni activo en otra divisa tiene su liquidez ni la de los denominados en él.

Quizá reemplazarlo como moneda de reserva requiera, como lo plantea Paola Subacci, de la Universidad de Bolonia, una reforma del sistema monetario internacional, del FMI y del Banco Mundial. Pero, mientras tanto, el dólar mantiene su hegemonía.

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