| 10/16/2014 6:00:00 AM

¿Al borde del abismo?

Tras contraerse 0,2% en el segundo trimestre, Alemania está en riesgo de caer en recesión si registra un nuevo bajonazo en su PIB.

Los aficionados al fútbol le atribuyen a ese deporte cualidades que incluso van más allá del juego mismo. Una de ellas es su capacidad de explicar cómo está el mundo y parecería que los recientes encuentros están demostrando que las cosas no van bien.

En los partidos que está jugando la selección de Alemania para clasificar a la Eurocopa 2016, por primera vez en la historia Polonia los derrotó 2-0. Este resultado fue calificado por muchos como humillante para el campeón del pasado Mundial de Brasil y una señal de que las cosas no están bien para los germanos, ni en el fútbol, ni en otros campos.

Y quizá uno de los temas que preocupa tanto o más que el balompié es la situación económica, pues así como el equipo de fútbol alemán se destaca por su juego ordenado y eficiente, su sector productivo venía marchando como un reloj y empujando a su vecindario, hasta este año, cuando los indicadores ya no son tan favorables.

La preocupación comenzó con una contracción de 0,2% del PIB en el segundo trimestre de 2014 y, aunque podría pensarse que fue una caída temporal, varios indicadores estarían mostrando que en el tercer trimestre se mantuvo el mal desempeño, lo que daría para que técnicamente el país entrara en recesión –fenómeno que se presenta tras dos trimestres consecutivos de contracción económica–.

En agosto, la producción industrial tuvo su mayor caída mensual en cinco años (4%), lo que sorprendió, pues el mercado esperaba una baja de 1,5%. Esto pone al país en la misma situación que registró en febrero de 2009, cuando la crisis comenzaba a golpear las fábricas europeas. El bajonazo se atribuye al debilitamiento de la demanda por sus exportaciones, debido a las conmociones geopolíticas y a la desaceleración de China.

Precisamente uno de los problemas de Alemania es que tiene una excesiva dependencia de las exportaciones –en particular de plantas productivas y maquinaria– lo que lo hace muy sensible a pequeños cambios en la demanda externa, que en su caso se ha visto afectada por la situación en Medio Oriente y la agresión de Rusia a Ucrania.

“Y como no hay signos de una fuerte recuperación mundial, ni de un auge de la inversión global, es razonable esperar un desempeño mediocre de la economía alemana por un tiempo. Los institutos de economía de ese país, en su previsión conjunta, ven un crecimiento de 1,3% este año y de 1,2% el próximo”, escribe el columnista del Financial Times, Wolfgang Münchau.

También el Fondo Monetario Internacional recortó sus previsiones de crecimiento de Alemania a 1,4% para 2014 y a 1,5% para 2015.

Mal en la bolsa

Esos pronósticos reservados también parecerían reflejarse en los mercados de acciones, que se ufanan de ser predictores de lo que ocurrirá en sus respectivas economías. El indicador bursátil de referencia de Alemania, el DAX, ha caído 12% desde que alcanzó un récord en julio, mientras que el índice paneuropeo Stoxx 600 bajó 8% tras su pico de 2014 y el S&P 500 se ha debilitado 4,7%.

Entre los principales indicadores europeos solo el italiano ha descendido más que el germano, tras tocar su máximo de 2014 (casi 15%), pero las acciones italianas tuvieron un rally fuerte en el verano, lo que hace que en el año corrido se mantengan en terreno positivo, a diferencia del DAX, que hasta el 10 de octubre caía 8%.

Este índice se ve además afectado porque sus principales acciones son de las empresas industriales y exportadoras, muy sensibles a las expectativas de crecimiento en Alemania y en el extranjero. Entre ellas están Volkswagen, BASF y el fabricante de materiales de construcción Heidelberg-Cement, cuyos títulos han caído más de 20% en los últimos tres meses.

Igualmente, debido a los lazos comerciales y energéticos de Alemania con Rusia, muchos inversionistas usan el DAX para expresar sus preocupaciones en ese frente, razón por la cual este indicador, que era uno de los más tranquilos de Europa, dado que lo conforman empresas sólidas y con bajo endeudamiento, pasó a ser uno de los más volátiles, señala un informe de The Wall Street Journal.

Mano dura

A la elevada dependencia de sus exportaciones, la economía alemana debe sumar otros problemas: un shock demográfico por cuenta del creciente número de jubilados, que hacen perder fuerza al PIB –se estima que la tasa de crecimiento potencial podría caer por debajo de 1% durante la próxima década– y la dura posición del país frente a las estrategias de recuperación de Europa.

Mientras muchos de sus vecinos están pidiendo a gritos un programa de estímulo monetario similar al aplicado en Estados Unidos, la Alemania de Angela Merkel está convencida de que esa no es la solución y es necesario seguir apretándose el cinturón.

Prueba de ello es el creciente conflicto entre Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), y Jens Weidmann, presidente del Bundesbank. El primero dice que ya está listo para expandir el balance del BCE en 1 billón de euros (US$1,3 billones), con el objetivo de inyectarle liquidez a la Euro Zona y combatir una inflación que está en 0,3%, la más baja en casi cinco años; el segundo, por su parte, dice que esa cifra aún no está definida, como tampoco la fecha en que se empezarían a comprar papeles para entregar la liquidez.

Una de las diferencias está en si el programa de estímulo solo incluye la compra de activos del sector privado y la aceptación de garantías a los bancos a cambio de préstamos baratos, o si también se va a comprar deuda soberana, un tema tabú en Alemania, cuyos políticos temen que con dicha compra se les quite presión a los gobiernos para que sigan ajustando sus finanzas públicas.

Con o sin programa de estímulo, lo cierto es que Alemania no solo tiene que seguir ayudando a poner su vecindario en orden, sino también su propia economía, pues así como en el fútbol debe demostrar por qué quedó de campeón mundial, en su región debe prender de nuevo la locomotora.
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