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La fiesta del triunfo de Hugo Chávez en 2012 podría tener un ‘guayabo’ complicado en 2013, cuando el gobierno tendrá que tomar duras medidas cambiarias y de austeridad para enfrentar un año que podría ser tormentoso.

| 10/11/2012 12:00:00 AM

Y ahora el guayabo

Tras el triunfo de Chávez, viene lo más difícil para el presidente: enderezar la economía. El desbordado gasto público de este año le pasará cuenta de cobro en 2013.

La fiesta por el triunfo del presidente Hugo Chávez en las elecciones del pasado 7 de octubre podría aguársele a partir de enero, por cuenta del guayabo económico que vivirá el vecino país en 2013.

El crecimiento desbordado del gasto público en vísperas de la jornada electoral, la sobrevaluación de la moneda –que alcanza niveles preocupantes para la competitividad– y un escenario sombrío por los vaticinios de menores ingresos petroleros ante la persistente crisis internacional, se han convertido en un peligroso ‘coctel’ para la salud de la economía venezolana.

Por eso, pasada la algarabía por el triunfo del proyecto bolivariano y una vez terminen las elecciones regionales de diciembre próximo, Chávez tendrá que hacer drásticos ajustes para enderezar el rumbo de la economía venezolana. ¿Qué cambios se anticipan y cuál será su impacto?

Tres acciones parecen inminentes a partir de enero próximo: devaluación de la moneda, recortes presupuestales en varios programas sociales que hasta el momento han tenido generosas asignaciones de recursos, y un ajuste en la gigantesca nómina oficial.

En materia de devaluación, todo es incertidumbre. Economistas como el director de Datanálisis, Luis Vicente León, calculan que esta tendrá que ser de no menos de 100%, mientras que la directora de estudios económicos de la Cámara Colombo-Venezolana, Anamaría Camacho, cree que, dependiendo de cómo se comporten los precios del petróleo, el gobierno vecino tendrá que devaluar como mínimo 30%.

La decisión es inaplazable ante el crecimiento que registra la deuda pública venezolana que, de acuerdo con cálculos del economista venezolano Orlando Ochoa –no hay cifras oficiales–, podría alcanzar los US$215.000 millones y estaría generando un déficit fiscal cercano a 17%.

Independiente del tamaño, una devaluación tendrá graves implicaciones en la vida diaria de los venezolanos. Desde 2003, cuando el gobierno de Chávez puso en vigencia un control de cambios, se han hecho cuatro devaluaciones, y una quinta alteraría los equilibrios de costos y gastos para las empresas y castigaría el ingreso de los ciudadanos.

El impacto arrancaría en las importaciones, que para 2012 se calculan en unos US$54.000 millones –solo en el primer semestre alcanzaron los US$27.020 millones y crecieron 26%– y afectaría el comercio con Colombia, que este año, hasta junio, registraba un crecimiento de 65%.

Pero su principal efecto se sentirá en los precios, debido a la gran dependencia que tiene el país de los productos y servicios extranjeros, luego de 13 años de expropiaciones y restricciones al sector privado que han provocado el cierre de miles de empresas.

Analistas del diario El Universal de Caracas atribuyen el aumento en las importaciones del primer semestre a la necesidad del gobierno de mantener controlados los precios de los productos en vísperas de la jornada electoral. De hecho, el abundante flujo de productos extranjeros permitió que la inflación, que en el primer semestre de 2011 llegó a 18,6%, se frenara y alcanzara en el mismo periodo de este año 9,8%.

Sin embargo, una devaluación se convertiría en ‘gasolina’ para la inflación del próximo año, en un país que ha tenido dificultades para frenar el comportamiento de los precios. Solo en 2011, la inflación alcanzó 27,8% y, pese al estricto control de precios vigente desde 2003, no ha estado por debajo de los dos dígitos.

Pero ahí no paran los ajustes. La ‘tijera’ al gasto público, que según analistas políticos estuvo desbordado en el primer semestre del año, resulta inminente para cuadrar las finanzas del Estado.

Aunque esta decisión en Venezuela normalmente ha estado atada a los precios del petróleo –cuando estos suben, el gasto público crece al mismo ritmo– la incertidumbre por el comportamiento de los precios internacionales del crudo y la menor presión electoral –los próximos comicios se harán en 2015– llevarían al gobierno a iniciar un programa de austeridad.

Las apuestas por un precio del barril de petróleo por debajo de los US$100 para el próximo año han encendido las alarmas del gobierno; pero, debido a la alta volatilidad en la cotización del crudo, han preferido esperar para ver cómo evoluciona el tema.

De la mano de un ajuste fiscal estaría el replanteamiento en la estructura del Estado, que en trece años ha crecido a un ritmo que algunos consideran insostenible en un entorno económico cada vez más sombrío. Solo en el caso de los ministerios, en algo más de una década pasó de 15 carteras a cerca de 30. El crecimiento de la nómina fue mucho peor en entidades como la petrolera estatal Pdvsa, donde se triplicó la nómina, que pasó de unos 30.000 empleados a cerca de 100.000, que no solo cumplen labores relacionadas con el negocio petrolero, sino que se dedican a importar y distribuir alimentos.

Todo apunta a que el nuevo periodo presidencial de Hugo Chávez se enmarcará en un escenario económico complejo. Aunque el mandatario llega con una experiencia acumulada y un caudal electoral copioso, sin duda los desafíos de los próximos años serán una dura prueba de resistencia para su gobierno.

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