| 7/25/2013 6:00:00 AM

¡A gastar chinos!

China vuelve a ser motivo de preocupación mundial. Aunque el gobierno tiene 7,5% como meta de crecimiento para este año, muy pocos la ven posible. El coletazo para el resto del planeta se va a sentir.

China está desafiando las tradicionales teorías que enseñan que, para garantizar el crecimiento, un país debe invertir antes que gastar. Aunque suene contradictorio, el actual rezago en el crecimiento de esta poderosa nación de 1.600 millones de habitantes está precisamente en que invierte mucho y gasta poco.

Si a esto se suma que cada vez disminuye la ventaja que por años se le atribuyó, de contar con un gran volumen de mano de obra barata, el desbalance es más notorio pues, en la práctica, se han encarecido sus costos de producción.

Este diagnóstico hace pensar a muchos analistas, como el Nobel de economía Paul Krugman, que China es hoy un motivo de preocupación mundial, pues difícilmente podrá alcanzar su meta de crecimiento fijada en 7,5% este año.

Es más, hoy muchos analistas son escépticos frente al dato del segundo trimestre de 2013, pues desde 1998 el país crecía mucho más de lo que estaba definido en las metas gubernamentales, pero esa distancia se ha venido acortando, al punto que las apuestas para el periodo abril- junio estaban por debajo de 7,5%, justo lo esperado en el Politburó y que resultó ser el dato oficial.

“Por lo general, todos los datos económicos parecen tener algo de ciencia ficción, pero los de China son aún más. Allí confluyen un gobierno secreto, una prensa controlada y un país muy grande, que hacen más difícil saber lo que realmente sucede”, escribió Krugman en su columna del New York Times.

Su pesimismo se basa en que China ya no cuenta con un superávit de mano de obra barata, que llegaba del campo a las grandes fábricas urbanas. Ahora los salarios están subiendo y las familias, en teoría, deberían gastar más. El problema es que en todos estos años de expansión (el país completó tres décadas creciendo a 10% en promedio), los consumidores no sintieron el mismo crecimiento en su ingreso disponible, pues gran parte de este dinero se fue en obras de infraestructura –que les sirven a todos–, pero también en burocráticas empresas estatales, así como en una reducida élite.

La recomendación entonces es aumentar el consumo interno. Pero el gran problema es cómo hacerlo rápido en un país cuyos dirigentes, que llegaron al poder en marzo de este año, no han podido establecer sus propias políticas de reactivación económica, como sí lo han hecho sus colegas de Estados Unidos y Europa, pues en China las políticas se diseñan por quinquenios y hasta que no acabe el actual, no podrá haber cambios.

Cambio de norte

“El esfuerzo del gobierno no puede seguir siendo el crecimiento per se, pues para lograrlo realizaron una insostenible expansión del crédito, que ahora se tiene que ajustar de forma caótica. Así es imposible seguir creciendo 7,5% o 7%, lo que hay que hacer es un ajuste del modelo para que lo que crezca sea el ingreso de los hogares”, opina Michael Pettis, profesor de la Universidad de Beijing y columnista de Bloomberg.

Agrega que lograr ese cambio es muy difícil, pues se requeriría que el consumo de los hogares, hoy de tan solo 35% del PIB, suba a 50% en una década (cifra que seguiría siendo la más baja entre las potencias económicas del mundo). Esto implicaría que el consumo crezca cuatro puntos porcentuales por encima del PIB cada año; es decir, que si la economía crece 7,5%, el consumo debería aumentar en 11%.

Otro factor en contra del rápido crecimiento de China es la situación externa, pues debido a que sus mayores clientes están en recesión, sus exportaciones han disminuido. En palabras de The Economist esto muestra que, por ahora, es el mundo el que está golpeando a China y no al contrario. A esto se suma su moneda, una de las más revaluadas desde 2010, lo que la ha vuelto menos competitiva.

Para Krugman, a valores de mercado, una caída china no es tan grave para el planeta, como muchos lo piensan, pues su economía es un poco mayor que la de Japón y la mitad de la de Estados Unidos o la de Europa. “Evidentemente es grande pero no enorme y, en tiempos normales, el mundo podría aguantar en calma los problemas chinos. Lamentablemente, estos no son tiempos normales: justo cuando China crece menos, los inversionistas de las economías occidentales están empezando a salir del mundo emergente, lo que puede provocar un desplome general”, pronostica el premio Nobel.

Daños colaterales


A diferencia de los países desarrollados, en América Latina la desaceleración china se siente de otra manera, pues al ser grandes productores de las materias primas que usa el gigante asiático para crecer más, se beneficiaron de una década de altos precios en los commodities.

Según el Índice de Commo- dities Dow Jones-UBS, los precios de las materias primas casi se duplicaron entre 1998 y 2008, bajo la apuesta de que ese nivel se iba a mantener gracias al eterno crecimiento chino.Sin embargo, desde mediados de 2011 los precios de los commodities empezaron a bajar y este año la tendencia ha empeorado. El índice DJ-UBS cayó 10,5% en el primer semestre.

Si bien la caída de los commodities no solo es responsabilidad china, también influye, por ejemplo, que Estados Unidos está produciendo más petróleo. Entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) están reajustando sus proyecciones para la región por cuenta de unas materias primas más baratas y una China desacelerada.

Luis Alberto Moreno, presidente del BID, dijo que rebajó su estimación de crecimiento de América Latina para el periodo 2014-2017 de 3,6% a 3,2%.

Aunque es un hecho que su locomotora sigue siendo necesaria para el mundo, lo es más ahora que las grandes potencias crecen a paso de tortuga. Falta ver si el gobierno del presidente Xi Jinping y de su primer Ministro Li Keqiang, sigue los consejos de los expertos y logra hacer que los chinos consuman más.
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