| 8/6/2009 12:00:00 AM

Y tanto trabajo, ¿para qué?

Llega un punto en el que cualquier emprendedor o empresa exitosa debe cuestionarse ¿Cuál es nuestro propósito, más allá del dinero y el negocio? y ¿por qué competimos diariamente?

En 2004, en una crónica titulada El forjador de empresas (edición No. 210), Dinero visitó en sus oficinas al emprendedor paisa John Gómez Restrepo. Con 91 años de edad, Gómez es la inspiración del emprendimiento en Colombia pues fundó más de 35 compañías, algunas tan grandes como Productos Familia y Cartón de Colombia. Visitar a quien es considerado el más grande emprendedor del país resultó ser una experiencia inesperada. Fueron pocas horas, pero el recuerdo es tan nítido, que su imagen abarca todo lo que este artículo pretende expresar. En una pequeña y modesta oficina en el barrio el Poblado, tras un viejo escritorio, acompañado de su secretaria de muchos años, el rejuvenecido Gómez relataba con anécdotas el surgimiento de una empresa tras otra. A pesar de haber nacido en la pobreza, Gómez, con su convicción de que "el que no sabe para dónde va, nunca llega", evidentemente alcanzó su destino. Allí, entendimos que la gran meta de este luchador nunca fue el dinero. En su jornada, John Gómez tenía un plan en mente distinto al negocio. Tenía un propósito.

Gómez es un perfecto ejemplo de que las mejores empresas y empresarios son como árboles de raíces fuertes y profundas. Camino a casa, por la noche y en medio del trancón, revisas tu día. Disgustos con proveedores, malentendidos con compañeros, peleas por precios, angustias por no cumplir las metas... en cualquier parte estabas haciendo lo que fuera necesario para crecer como profesional o sacar adelante tu proyecto. Y todo esto, ¿para qué? Esta es la pregunta clave para el intelectual griego, Nikos Mourkogiannis, un hombre que entiende el valor del carácter en un ser humano. Mourkogiannis fue un destacado profesor de Harvard y ha sido consultor internacional de firmas como Monitor o Panthea. Cuando tenía 6 años, miembros del partido comunista de la época allanaron su pueblo y ejecutaron a 54 mujeres. Este suceso lo marcó profundamente. "Ellas murieron por la libertad en mi país. Ese día sentí la necesidad de hacer algo valioso con mi vida", recuerda. Con el tiempo, Mourkogiannis descubrió que su propósito en la vida era transferir este concepto a las empresas. Es decir, los ejecutivos suelen hablar de visiones, misiones y estrategias. Pero muchas veces dejan a un lado una pregunta de carácter más moral ¿cuál es nuestro propósito? Para este autor las empresas deben identificar una razón de su existencia distinta al dinero. En su último libro Purpose: the starting point of great companies, Mourkogiannis pretende cumplir con su propósito.

Cierto día, Gil Schwartz, director de relaciones públicas de la CBS, en una reseña del famoso libro El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, para el Wall Street Journal, escribió "al fin de cuentas las consideraciones morales poca utilidad tienen en el día a día de una empresa exitosa". Lamentablemente, según Mourkogiannis, muchas personas comparten esta visión de la vida empresarial: un lugar frío, sin ideales, en donde solo importan los resultados. Pero nada es más distinto a la realidad. Para este autor, definir un propósito moral, un tema aparentemente esotérico, es en realidad una potente herramienta en los negocios. Por ejemplo, esto es evidente en los tiempos de crisis. Suele pasar que la abundancia atrae a la gente, pero es solo en las dificultades cuando se conoce realmente quiénes trabajan por un ideal. Un propósito moral en común unifica a un equipo. "Finalmente, las personas no son leales a un jefe, ni incluso a una compañía, sino a una serie de valores con los que se identifican", resalta Mourkogiannis. Para él, definir un propósito moral es una tarea clave de los gerentes y de los mejores líderes. "Definir un propósito moral es trabajo de los verdaderos campeones", asegura. Por eso, el propósito de una compañía debe ir más allá de la ambición y la avaricia. Es como el ADN de la empresa, es lo que cree su gente sin necesidad de pensar.

Raíces

Según Mourkogiannis, la principal ventaja de un propósito es que representa un gran motivador para la vida personal y empresarial. Para Mourkogiannis, un propósito moral es algo muy distinto a los conocidos valores corporativos. De alguna forma es la respuesta a la pregunta más filosófica ¿cuál es mi destino en la vida? Este propósito recoge todo lo que usted es en realidad: sus experiencias, su vida y aquello en lo que cree. "En los negocios, probablemente un propósito bien definido no sea garantía de éxito, pero es un prerrequisito para forjar una compañía a largo plazo", plantea el autor. Así, además de motivar, el propósito de las empresas les ayuda a no perder el rumbo ni desesperarse. Es como un ancla que nos aferra en las mayores turbulencias. Como bien lo establecieron los autores James Collins y Jerry Porras, en su libro clásico Empresas que perduran, las mejores compañías del mundo nacieron de un sueño bien definido.

El paso a seguir, para este autor, es establecer su propio propósito moral. "Cuando se reúna con su equipo a realizar esta tarea, lo mejor es pensar en ideas que hayan perdurado con los años", asegura Mourkogiannis en su libro. Aunque usted es libre de definir el propósito, Mourkogiannis plantea cuatro ideas principales. Lo primero es un afán por descubrir. Empresas como IBM, Sony, 3M o GE tienen en su código genético el deseo de innovar y aportar al mundo. Además, existe el propósito de la excelencia. Emprendedores que se levantan todas las mañanas deseando construir ese "relojito" que marcha perfectamente. The Economist, BMW y Warren Buffett son ejemplos de este propósito de la excelencia. En tercer lugar, Mourkogiannis habla del altruismo. Sam Walton, fundador de Wal-Mart, es recordado por su pasión casi obsesiva por atender a sus clientes. En su autobiografía, Walton dejó una carta en la que expresaba "que su principal fuerza de cada mañana era mejorar la calidad de vida de todas las personas cercanas a su compañía". Finalmente, Mourkogiannis habla del heroísmo como el cuarto propósito fundamental en los negocios. Y la mejor forma de entenderlo es toda aquella compañía que nace de la frase ¡voy a cambiar el mundo!, como por ejemplo Ford, y en años recientes Microsoft y Google.

Ojalá la crisis que apenas se está superando nos haya dejado lecciones sobre el liderazgo. Muchas personas están cansadas de los prototipos típicos de un líder: el gran negociante, el duro emprendedor a toda prueba e, incluso, el carismático. Definir un propósito requiere más que intelecto, ego y experiencia. Finalmente, las compañías no compiten en los mercados por recursos, como el dinero o las tecnologías, sino por las mejores ideas. Estamos hablando de la vida y sus connotaciones morales. Quienes dudan de la importancia de estos temas deberían preguntarse ¿cuántas personas trabajan para hacer ricos a sus jefes? Sí, las personas quieren un salario competitivo, pero principalmente quieren que su vida tenga sentido. Quieren líderes que puedan ganar la batalla de las ideas y que actúen como piensan. Y, por su puesto, la mejor forma de lograrlo es construyendo empresas y organizaciones cimentadas en un férreo propósito.

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