| 10/29/2004 12:00:00 AM

¿Tiene usted ansiedad por el status?

La búsqueda frenética por el reconocimiento se ha convertido en una obsesión para los ejecutivos modernos. Entender sus motivos y saber cómo manejarla son fundamentales para la vida.

Pocos deseos hay más fuertes que el de ser considerado exitoso u obtener el amor del mundo. Ser visto como un ganador es condición para merecer dignidad y respeto. Por el contrario, ser percibido como no exitoso condena al hombre a sentirse mal consigo mismo, lo cual se refleja en su vida y sus relaciones. Las personas buscan status y que las consideren. En caso de no conseguirlo, se sienten decepcionadas, poco inteligentes y torpes. Esta búsqueda de status se da en el trabajo, en la casa y en todas las relaciones del hombre, que permanentemente se compara con sus semejantes para sentirse superior a ellos. Compara el tamaño de su casa, los carros que puede comprar, la universidad y el colegio al que asisten sus hijos y cuántos viajes realiza al año, entre otras muchas cosas.

¿Pero qué pasa cuando el amor que esperamos y el reconocimiento a nuestro mérito no llegan o no corresponden a nuestras expectativas? Que tristemente el hombre no alcanza la felicidad, aunque lo tenga "todo". Es muy común que los ejecutivos se vean inmersos en esta problemática y que cada vez necesiten más del reconocimiento de otros para poder apreciarse a sí mismos, lo cual termina generando un círculo vicioso porque nunca van a estar satisfechos con lo que tienen. Siempre les parecerá normal tener lo que tienen y su ansiedad aumentará, lo cual les causará dolor y angustia.

Esta angustia se refleja en inseguridad, sentimiento que ha acompañado al hombre por años. La ansiedad por conseguir cosas materiales ha creado tal grado de inconformidad, que los hombres nunca se satisfacen con lo que consiguen y quieren cada vez más. Ya sea reconocimiento, aprecio, atención y riqueza; y con ello mostrar que tienen virtudes como valía, inteligencia y creatividad, que se reflejan en los negocios y en la vida.

En su libro Ansiedad por el status, Alain de Botton explica los daños ocasionados por siglos de este mal. De Botton explica las razones de la condición humana con aspectos psicológicos, políticos y económicos para identificar las razones de la ansiedad y ofrece algunas soluciones para sobrellevarla. Muestra aspectos que, en ausencia de esa necesidad, también son valiosos para el hombre moderno. A lo largo de los años, se ha ido gestando la idea de que poseer la mayor cantidad de dinero es el paso seguro para conseguir la felicidad. Pero De Botton muestra cómo el dinero no constituye la única forma de felicidad y ofrece salidas por medio del arte, la literatura, la comedia, el estilo de vida y el dolor ante la inminencia de la muerte.



El paradigma de la ansiedad

El status es un término que nos ha acompañado toda la vida y es una obsesión que genera pena o dolor. Es tan común que parece obvio. Pero la realidad es que su significado es muy profundo. Status viene de la posición social, se refiere al valor e importancia que uno tiene ante los ojos del mundo y cada sociedad lo califica de manera diferente. En el pasado, el status se otorgaba a diferentes grupos, por ejemplo, las tribus les otorgaban status a los valientes cazadores de jaguares que lucían orgullosos los colmillos de sus presas. Desde esa época hasta hoy, los elementos materiales han reflejado el status de las personas dentro de la comunidad. Por esto, aunque solo algunos lo admitan, la gran mayoría piensa que el status está ligado a los bienes materiales.

Sin embargo, cuando se convierte en una preocupación constante, puede ser perjudicial y llevar al individuo a pensar que si no lo tiene, no puede responder a los ideales de éxito establecidos; y a sentirse no exitoso y por ende humillado, ya que no fue capaz de mostrar al mundo su "valía".

En su libro, De Botton afirma que "el ansia por alcanzar un status puede tener la utilidad de incitarnos a hacer justicia a nuestro talento, fomentar la excelencia, impedirnos incurrir en excentricidades y hacer que los miembros de una sociedad converjan en un sistema de valores común. Y quizá la forma más provechosa de abordar esta situación sea intentar comprenderla y hablar de ella".

Hoy, los expertos analizan el tema y formulan teorías sobre los motivos que nos inducen a buscar un status elevado, como el deseo de conseguir dinero, fama e influencia. Pero las causas de fondo de la ansiedad por el status son la falta de amor, el esnobismo, las expectativas, la meritocracia y la dependencia.



¿Cómo se explica esta necesidad?

Cuando el alimento y el refugio están asegurados, subyace el deseo de triunfo representado no tanto en los bienes que logremos adquirir o en el poder que podamos ejercer, sino en la cantidad de amor que podamos recibir por tener un alto status. De Botton dice que la vida adulta se define por dos tipos de amor: la búsqueda por el amor sexual -lo que ha inspirado la música y la literatura- y la búsqueda del amor del mundo.

Cuando una persona obtiene la atención de los demás se siente apreciada, aceptada y valiosa. Por el contrario, cuando hay falta de atención de los demás, baja su autoestima, se siente no exitosa y poco inteligente.

El esnobismo es otra de las causas de ansiedad. Un esnob en 1820 era una persona sin nobleza -s.nob-. Pero con el paso del tiempo la palabra cambió completamente de significado y fue utilizada para calificar a una persona que evalúa y discrimina abiertamente a personas o bienes. Generalmente, al esnobismo la acompañan complejos como una posición social inferior o personas que requieren mostrarse "ideales" para ser queridas y admiradas. Son quienes no se pueden mostrar como son, porque perderían el respeto de la sociedad en la que se mueven y requieren incorporar gran cantidad de elementos a su vida para mostrar que ellos valen y tienen y merecen amor.

Las expectativas son otra causa de la ansiedad. La industrialización ha llevado a que la gente tenga cada vez más y necesite más cosas para vivir. Esto se traduce en que sienten que tanto lo que son como lo que tienen, no basta. Las expectativas se establecen comparando la situación propia con la de un grupo de referencia que se considera igual. De acuerdo con De Botton, las personas envidian a quienes consideran similares, a los miembros de su grupo de referencia, porque no se pueden comparar con quienes han nacido y crecido en circunstancias diferentes.

Con la igualdad de oportunidades, las clases sociales empezaron a cambiar. Ya no eran los hijos de los nobles y ricos los que obtenían los mejores trabajos. Por el contrario, ahora la inteligencia y la capacidad eran los condicionantes del éxito. Ahora la riqueza se considera como un signo de carácter. Ahora ya no se heredan los trabajos, sino que se obtienen por los talentos. Con la meritocracia, un status inferior no solo es lamentable, sino merecido porque se atribuye a personas que no tenían la capacidad de logro requerida para ser reconocidas.

Hoy en las grandes ciudades, los miembros más reconocidos y respetados por la sociedad son quienes por mérito propio han llegado a la posición en la que están y su éxito se refleja en los bienes materiales. Este tema se liga al clima organizacional, ya que los individuos se esfuerzan por obtener reconocimiento. En las organizaciones, en ocasiones, el vendedor más exitoso tiene el mayor status, tiene el mejor carro y, por ende, el reconocimiento de sus colegas. Esto genera envidia hacia la persona exitosa en la organización. El problema surge cuando es tal la presión del grupo para que no haya una persona que se destaque, que la organización se limita a realizar un trabajo que no sobresalga entre el grupo para evitar la presión. Y los trabajadores se vuelven mediocres.



Soluciones para romper el esquema

Se han planteado varias soluciones para no caer en la tentación del status. Tanto la filosofía como el arte han formulado soluciones para controlar y distraer al hombre de la ansiedad por el status. Como lo explica De Botton, "la vida es un fenómeno que necesita crítica y que nosotros, al ser criaturas caídas, estamos en permanente peligro de adorar a falsos dioses, de no comprendernos a nosotros mismos, de malinterpretar el comportamiento ajeno, de convertirnos en seres improductivos a causa de la ansiedad o el deseo, y de perdernos en la vanidad y el error. Las artes pueden orientarnos hacia una concepción más verdadera, juiciosa e inteligente del mundo". Por esta razón, el arte y la filosofía se presentan en relación con el status, ya que el arte y la filosofía son criticados por muchos y no hay mayor desafío que su creación. Por esto, un artista que está inmerso en su obra y es superior a la crítica, logra sobrellevar el ansia de amor del mundo hacia él y su obra. Crea para él mismo sin esperar reconocimiento a cambio.

En la historia han aparecido otras formas de enfrentar el status. El humor es una de ellas. Formas de arte como la sátira, la comedia y la caricatura han contribuido a mostrar a las personas tal como son. La prueba más clara de que el status no importa es cuando se padece una enfermedad mortal, entonces el amor que se espera recibir cambia de dimensión y se vuelve fraternal. La amenaza de morir muestra la fragilidad de las personas y, por ende, la falta de valor de las atenciones que se obtienen con el status. La muerte elimina la vanidad y el hombre mira dentro de sí para descubrir su propio ser, dando lugar a expresiones de amor, bondad, sinceridad, humildad y amabilidad.



El desafío para la organización

Para evitar caer en el esquema, se necesita la madurez para enfrentarse al fracaso y al miedo del descrédito. Seguramente si la persona se conoce a sí misma y sabe que da lo mejor de sí, aun cuando su comunidad no la reconozca, estará muy cerca de no caer en la ansiedad del reconocimiento público y podrá continuar su vida sin necesidad del amor del mundo. No tendrá pautas que midan el éxito o fracaso en la vida y seguramente será más feliz, aunque esta tarea no es fácil por la presión que impone la sociedad.

Para las organizaciones, el reto es lograr que el clima dentro de ella se mantenga amable, cuando asuntos como los incentivos están ligados al status de la gente. La compensación entre unos y otros e incluso el piso y la oficina en la que se trabaja son factores determinantes para que el status se apodere de la organización. Por esta razón, cada vez más se utilizan sistemas de remuneración colectiva en los cuales todo el grupo es reconocido por su trabajo e igualmente remunerado. También se refleja en los organigramas que cada vez son menos piramidales, pues se vuelven planos y, mejor aún, matriciales, lo cual elimina las jerarquías y cada individuo tiene un papel fundamental dentro de la organización. Sin duda, el impacto del status está cambiando; pero hay que entender de dónde viene para poder lidiar con él.

Aunque ya esté arraigado a la cultura organizacional, se puede manejar favorablemente. La lección es: acéptese como es, conózcase y asuma sus capacidades, fortalezas, debilidades y retos.
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