| 8/21/2009 12:00:00 AM

Su vecino el emprendedor

Una mirada fría a las cifras del emprendimiento es Estados Unidos.

No hay duda, los emprendedores son los héroes de nuestro tiempo. Historias como las de Bill Gates, Michael Dell, Mark Zuckerberg, Sergey Brin y Larry Page, personajes que en el dormitorio de la universidad forjaron las semillas de compañías multimillonarias, son el sueño del hombre contemporáneo. Si en algo están de acuerdo periodistas, académicos, gestores de políticas públicas, emprendedores y ciudadanos en general, es que ¡vale la pena apostarle al emprendimiento! Por crecimiento económico, innovación, por generación de riqueza y creación de empleo, pensamos que necesitamos más y más emprendedores. El emprendimiento está tan de moda que parecería fuera de lugar cualquier opinión distinta. Pues bien, el profesor de la Weatherhead School of Management, Scott A. Shane tiene una opinión muy particular sobre el tema. En su último libro The illusions of entrepreneurship, el profesor Shane argumenta que ciertos mitos afectan seriamente el mundo de los emprendedores.

En opinión de este autor la vida diaria está plagada de mitos del emprendimiento que reforzamos en cocteles, conferencias, libros y revistas. Los hemos idealizado tanto que seriamente los consideramos muy distintos al resto de los mortales. Es por esto que Scott A. Shane se dio a la tarea de recoger los datos y estadísticas más confiables sobre el emprendimiento en Estados Unidos para contrastarlos con nuestra sabiduría popular. Aun cuando sus conclusiones se aplican al caso norteamericano, existen lecciones para nuestra propia realidad. “Puede que mi libro no lo haga sentir tan bien como otras publicaciones, pero sin duda le será más útil”, expresó Shane en entrevista con Dinero.


¿De qué mitos estamos hablando? Lleve a su mente la imagen de un emprendedor.
Mark Zuckerberg fundador de Facebook, que a los 23 años se hizo el joven más rico del mundo, puede ser una idea. Pero en realidad, según estadísticas del autor, el emprendedor promedio es un hombre blanco en sus cuarentas y está casado. Solo 2,4% de las personas que montan empresa en Estados Unidos tiene menos de 24 años. El gran porcentaje se encuentra entre los 35 y 45 años. Y, a pesar de que mucho se ha escrito sobre el emprendimiento femenino, los hombres todavía crean el doble de empresas que las mujeres. Por otra parte, las personas de raza negra solo participan en un 5,1% de los emprendimientos en este país.     

“Contrario a la sabiduría popular, un emprendedor típico no quiere construir un emporio. Según los datos, la gran mayoría simplemente quiere ganarse la vida y su principal razón para montar empresa es que no quieren trabajar para alguien más”, argumenta el autor. Las cifras muestran que el 81% de los emprendedores asegura no tener interés en hacer crecer sus negocios. Además, según cifras del libro, la probabilidad de hacerse emprendedor crece cuando alguien llega a un trabajo en el que gana menos y una de las principales causas de montar empresa es el desempleo. Según el profesor Shane, los emprendedores están por todas partes. En Estados Unidos es más probable que una persona monte una empresa a que contraiga matrimonio. Incluso, el 41% de la gente intenta ser un emprendedor al menos una vez en su vida. Además, Shane muestra que en la práctica los emprendimientos son más pequeños de lo que pensamos. En Estados Unidos, el 48,40% arrancan en la casa del emprendedor y el costo promedio para montar una empresa está entre US$15.000 y US$25.000 (una cifra pequeña para ese país). De hecho, un emprendedor promedio en ese país solo espera ventas anuales por US$100.000 luego de cuatro años de trabajo.

Leyendas del vecindario

Los mitos urbanos refuerzan las historias de los emprendedores que se hicieron millonarios de la noche a la mañana. Pensamos que siempre va a ser mejor negocio trabajar para uno mismo que para alguien más. Nuevamente, Scott A. Shane muestra que los datos no soportan nuestras leyendas. Una de las estadísticas que más impacta en este libro es que en promedio los emprendedores ganan menos de lo que hubieran logrado si hubieran continuado como empleados. En la perspectiva de Shane, el emprendimiento es más como una ruleta rusa. Un estudio encontró que el 10% de los proyectos  más exitosos concentra el 73% de la riqueza creada en un año por el emprendimiento en Norteamérica. Aunque la gran mayoría de empresas con pocos años de fundadas rodean los US$160.000 en ingresos, una proporción bajísima sobrepasa el millón de dólares. Por si fuera poco, en la mayoría de países desarrollados, los emprendedores trabajan mucho más que su contraparte empleada. Por ejemplo, en Alemania la diferencia de horas semanales trabajadas son de 56 contra 41. A esto debemos sumarle la incertidumbre del éxito. Aun cuando las ganancias promedio de una empresa que persiste son de US$39.000, como es bien conocido 20% de los proyectos fracasan el primer año y solo el 30% de los emprendimientos llegan a sus diez años de vida. Existen estadísticas que señalan cómo en Colombia estas tasas de éxito son aun más bajas. De todas formas algunos estudios muestran que las personas que trabajan para sí mismas se sienten más felices con su trabajo, 62,5% contra 45,9% de los empleados.

Otro de los mitos populares es que los emprendedores son visionarios, que olfatean oportunidades de negocio a kilómetros de distancia e innovan constantemente. Esta vez también, tristemente, Shane contradice con estadísticas lo que pensamos. Una investigación encontró que el 92% de los emprendedores montan empresas en sectores que tienen experiencia. También un alto porcentaje de personas se lanza a hacerle competencia a su antiguo empleador. Esto hace que los emprendedores escojan los sectores más competidos, como agricultura, comercio al por menor o construcción, en donde hay menos probabilidades de éxito. Incluso, en Estados Unidos calculan que solo 7% de los emprendimientos se enfocan en tecnologías de punta. En una encuesta, 63% de los emprendedores reconocen no contar con una ventaja competitiva. Otro de los mitos es que vivimos en sociedades cada vez más emprendedoras. Para el caso de Estados Unidos, Scott A. Shane muestra que es todo lo contrario: el porcentaje de la población dueña de negocios en este país cayó del 14,2% en 1983 a 11,5% en 2004. Paradójicamente, las superpotencias del emprendimiento en el mundo moderno son países en desarrollo como Perú, Turquía y Colombia (ver artículo de Emprendedores página 60). Para Shane, los niveles de ingresos explican buena parte de la actividad emprendedora de un país. Entre más gana la gente, más alto es el costo de oportunidad de aventurarse en tierras desconocidas.   

Pa’ lante

El profesor Scott A. Shane no escribió su libro para desmotivar a nadie. “Por seguir mitos errados los emprendedores pueden estar haciendo cosas que los perjudican y dejando a un lado elementos claves para su éxito”, explicó el autor en la entrevista. Dos aspectos muy puntuales llaman la atención en su argumento. Contrario a lo que se cree, sacar una profesión adelante mejora sensiblemente las posibilidades de éxito de un emprendedor. Autores populares como Robert Kiyoski denigran de la educación en la vida empresarial, pero diversos estudios muestran que las empresas forjadas por profesionales tienen ingresos 25% más altos. Otro tema es no afanarse por empezar muy rápido. Está en nuestra psiquis que el emprendimiento es terreno de jóvenes, pero los estudios muestran que las empresas fundadas por personas entre los 35 y 55 años tienen muchas mayores probabilidades de éxito. Tener experiencia en una empresa, sobre todo cuando se tiene la responsabilidad de dirigir gente, aumenta sensiblemente las probabilidades de éxito. Otras tres recomendaciones valiosas son: escoja un buen sector para trabajar ¿por qué tiene que ser el más competido? Continúe con su proyecto (está demostrado que se hace más fácil con el tiempo, empresas de más de diez años son más rentables y sólidas), y finalmente capitalice las utilidades (capitalizar cambia radicalmente a su favor las posibilidades de triunfar con su empresa, 23% más posibilidades de sobrevivir).    

En el fondo, la visión del profesor Shane es que en cuestiones de emprendimiento no importa tanto la cantidad sino la calidad. Este autor argumenta que no existe evidencia real para decir que el emprendimiento tiene un impacto significativo en el empleo y el crecimiento económico. Además de que las empresas nuevas contratan poca gente, este empleo se pierde cuando muchas fracasan y, en ocasiones, no son cargos de buena calidad. No es fácil digerir la información que nos presenta el profesor Shane. Para quienes defendemos el emprendimiento puede parecernos incluso molesta. Pero si lo pensamos con detenimiento existen dos lecciones que vale la pena tomar para el caso colombiano. Finalmente, muchos emprendedores en el país toman este camino como la única salida para regalarles un futuro a sus familias. Pero además de pensar en más, más y más emprendedores, los esfuerzos deben ir muy encaminados a su sostenimiento. De nada sirven un millón de proyectos si no logramos afianzarlos y no dejarlos caer. Muchas de las iniciativas están enfocadas en crear, pero no tantas en sostener. Además, debemos aceptar que no todos nacimos para ser emprendedores. Una mala decisión en este sentido puede conllevar años de amargura. Que sea esta una oportunidad para recibir una opinión distinta y seguir cultivando el emprendimiento en el país.

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