| 2/26/1999 12:00:00 AM

Se reinventan las escuelas de administración

Las facultades de administración en Colombia atraviesan uno de los períodos más interesantes de su historia. En todas se vive un ambiente de profunda transformación que busca elevar la calidad y responder a las exigencias de la economía de hoy. Sin embargo, aún falta un largo camino por recorrer.

El 17 de junio del año pasado, el legendario Peter Drucker presentó las cualidades de los líderes empresariales del próximo siglo en una teleconferencia de tres horas que presenciaron empresarios, académicos, periodistas y funcionarios oficiales colombianos. Sus palabras, que fueron bastante duras, sintetizan el estado de la cuestión. Pero, además, describen con exactitud el escenario en el cual se mueven las escuelas de administración en Colombia y las fuerzas que las están llevando hacia un profundo proceso de cambio que, si bien se ha dado con lentitud, es firme y no tiene marcha atrás.
 
El impacto de este cambio se notará en la forma como se gerencian las empresas colombianas en el mediano y largo plazo.

En su teleconferencia, el gurú mundial de la gerencia tocó la llaga de los problemas de formación de los líderes empresariales colombianos, una formación que fue exitosa por muchos años pero que se quedó rezagada ante los cambios económicos y sociales. A juicio de Drucker, todavía falta visión global, no hay un dominio adecuado de las más altas tecnologías y nos hemos quedado envueltos en un modelo de empresas cerradas y familiares.

En el mundo que avizora Drucker, el dominio de la informática, el liderazgo, la globalización y la innovación son las habilidades que tendrán que desarrollar los gerentes del futuro para sobrevivir en el complejo y cambiante mundo empresarial.
 
La informática va mucho más allá del dominio de los computadores; el liderazgo es la habilidad de llevar a cabo iniciativas empresariales exitosas y de tomar decisiones adecuadas en los momentos difíciles; la globalización es el hecho simple de que hace rato las empresas dejaron de operar en ambientes locales; y la innovación constante es indispensable porque las ventajas competitivas desaparecen todos los días y las empresas tienen que aprender a desarrollar nuevas formas de diferenciación para mantenerse en los mercados.

Hay un cierto rezago en la formación empresarial, porque hay problemas en las escuelas de negocios. Tal como pasó con la economía colombiana, nuestras facultades de administración no se movieron con la rapidez necesaria para atender los retos de la nueva economía y mantienen viejos hábitos del modelo de economía cerrada, parroquial y proteccionista. Salvo unas pocas escuelas como Eafit de Medellín o el Cesa, las universidades no han tenido una tradición de fortaleza en temas como liderazgo y creación de empresas.

Por fortuna, las cosas han empezado a cambiar y con energía. Nuestro recorrido por algunas de las principales escuelas de administración del país muestra que la academia colombiana se encuentra en medio de un profundo proceso de reflexión y está desarrollando respuestas concretas a las necesidades de formación empresarial de la economía del nuevo siglo.

El país cambió
Las verdaderas presiones del cambio de modelo económico sólo se están sintiendo ahora, cinco años después de iniciada la apertura. Al principio del proceso, Colombia disfrutó un boom económico, pero la burbuja se ha desinflado durante los años 97, 98 y 99. La difícil situación actual de las empresas ocurre, en buena medida, por causa de su lentitud para adaptarse a un proceso de globalización cuyo verdadero rigor no se había sentido.

Las empresas no se reestructuraron lo suficiente, porque no sintieron una necesidad apremiante. No acudieron de manera masiva al mercado de capitales para financiarse, porque había deuda en dólares y en pesos que era barata, sin tener que ceder el control de las empresas. Muchos gerentes pospusieron las difíciles decisiones que se necesitan para romper con las herencias de la economía cerrada. La respuesta de las escuelas de administración ante el modelo de globalización y apertura también fue lenta, en la medida en que el mercado tampoco estaba exigiendo cambios acelerados.

¿Cómo están moviéndose ahora las universidades, para responder a una economía que entró en crisis y a unas empresas que finalmente ven el cambio como una necesidad inaplazable? Hoy más que nunca soplan vientos renovadores en las escuelas de administración de empresas. Las agendas de las diferentes facultades coinciden de manera sorprendente en lo que quieren y en la forma de enfocarlo.
 
Todas tienen como prioridad la profesionalización de su staff docente, o mejor, la "doctorización" de sus profesores (más docentes con el título de PhD); quieren tener programas más internacionales que obliguen a los estudiantes a manejar otro idioma y a salir del país para tener experiencias académicas y laborales; buscan formar, antes que empleados, gente emprendedora que sea capaz de crear empresas y de demostrar que está dispuesta a asumir riesgos y a competir. También se ve un nuevo énfasis en tecnologías y la necesidad de estructurar programas más flexibles que les permitan a los estudiantes acceder a una educación más integral.

La acreditación nacional e internacional también aparece con especial énfasis en los planes de las facultades. Se están realizando autoevaluaciones y reformas que luego serán puestas a consideración del Consejo Nacional de Acreditación (conformado por académicos de alto nivel). El Consejo dará un dictamen sobre si los evaluados cumplen o no unos estándares de calidad. Esta acreditación es voluntaria pero, poco a poco, será una exigencia del mercado para todas las universidades.

Pero algunas facultades quieren ir más allá de la evaluación local y están mostrando sus programas ante redes internacionales de universidades como Columbus. Esta red emite un concepto sobre la calidad, lo que puede elevar el reconocimiento internacional de la escuela.

Y, además, una preocupación renovada se aprecia entre los decanos: la necesidad de volver sobre los valores fundamentales. Las universidades perciben la crisis ética del país en los últimos años y entienden que las instituciones que forman líderes tienen una responsabilidad fundamental en ese proceso. Prácticamente no hay en Colombia una escuela de administración que omita de sus objetivos o misión, palabras como honestidad, valores y responsabilidad social.

El diagnóstico
Las debilidades de las facultades de administración quedaron identificadas en blanco y negro a finales de los años 80, cuando un estudio de la Misión de Ciencia y Tecnología (durante el gobierno Barco) concluyó que había una distancia entre lo que el país necesitaba para desarrollarse y el tipo de líder que producían las escuelas de negocios. Tres reconocidos profesores de la Universidad de los Andes (Manuel Rodríguez, Carlos Dávila y Luis Ernesto Romero) recogieron en el libro Gerencia privada, gerencia pública, educación en crisis los resultados de la Misión y realizaron un diagnóstico de la carrera de administración de empresas.
 
Su conclusión global fue poco alentadora: "crecimiento de los programas con precaria calidad".

Pero además de ese crecimiento acelerado de las facultades, muchas de ellas "escuelas de garaje", los profesores descubrieron que las compañías no estaban demandando profesionales de alta calificación para crear y transformar organizaciones empresariales. "El sector privado ha encontrado administradores profesionales egresados de las aulas universitarias, quienes se han encontrado en un ámbito empresarial en donde los valores fundamentales del mundo capitalista -como la eficiencia, la productividad, la innovación, el riesgo y la competencia- no han tenido mucha importancia", dice el estudio consignado en el libro.

El mismo estudio estima que, hasta hace muy poco, el éxito de los empresarios colombianos dependió menos de esos valores capitalistas y más del aprovechamiento de las ventajas derivadas de la protección, la concentración o el dominio de pocas empresas y la obtención de privilegios mediante la estrecha relación con los gobernantes de turno.
 
Sin desconocer la habilidad de los empresarios colombianos para operar en ambientes de alto riesgo, cambio en las reglas del juego, inflación y bajo la presión de los diversos factores de violencia, quedaban identificadas las grandes dificultades que les esperaban en un mundo globalizado y volcado hacia la competitividad.

¿Sigue vigente ese diagnóstico de la carrera de administración? En términos generales, los lineamientos del análisis siguen siendo ciertos. Sobre todo, el acelerado auge de programas con muy baja calidad sigue siendo un problema complejo en casi todas las carreras, pero en administración es aún más preocupante. Parece que en cualquier parte se puede dar una clase de administración. No se requiere una infraestructura compleja. Afortunadamente, esos viejos criterios han empezado a cambiar y hoy se entiende que una buena escuela de negocios podría requerir tanta inversión e infraestructura como cualquier facultad de índole científica.

En 1992, el estudio presentaba un grupo de 13 facultades que, en términos generales, reunía unas condiciones aceptables de calidad en sus programas. Las escuelas identificadas siguen siendo un buen grupo de control para entender las principales tendencias que están determinando la marcha de las escuelas de administración en Colombia. Ese número, casi cabalístico, reúne a las facultades con mejores perspectivas, reconociendo, sin embargo, que estaban lejos de estándares internacionales de calidad educativa.

En el fondo se ve muy claro que el crecimiento acelerado de las facultades está haciendo crisis desde hace rato. Entre 1990 y 1996, el número de facultades de administración pasó de 52 a 79, un aumento del 51%. El número de estudiantes aumentó el 66% (de 30.000 a 50.000 en el mismo período) y el número de egresados por año pasó de 3.500 en 1990 a más de 6.000 en 1996. ¿Se puede hablar de formación de alta calidad en medio de un crecimiento desbordado de la oferta de programas?

Más doctores
En la marea de programas de administración, la decisión de las principales facultades de administración de lograr un mejoramiento considerable en la formación profesional es una señal positiva. Como una tendencia clara, las facultades han identificado que su gran debilidad internacional es la falta de profesores de tiempo completo que tengan formación de doctorado. El estudio de la Misión de Ciencia y Tecnología hizo un hallazgo alarmante: de los 215 profesores de planta que conformaban el cuerpo de profesores de las 13 facultades de mayor trayectoria en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, y que son consideradas en este artículo, sólo 18 -es decir, el 8%- tenía el grado doctoral PhD.

Hoy las facultades quieren más PhD de tiempo completo que produzcan investigaciones y teorías propias. "Los administradores colombianos no tienen formación académica ni fundamentación metodológica. Por eso, somos tan permeables a las modas gerenciales. Porque no sabemos reconocer cuáles son las corrientes que realmente tienen un soporte científico y pueden funcionar", dice Francisco López, director del programa de administración de Eafit y canditato a doctorado del Esade de Barcelona.
 
Sólo una de estas escuelas no cree que sea crítico aumentar el número de doctores de planta dedicados a la investigación: el Cesa. Su enfoque es fundamentalmente práctico y hace énfasis en profesores de cátedra de alto nivel, muchos de ellos con doctorado pero no dedicados a la docencia. En realidad, los estudiantes reciben la experiencia de los empresarios más exitosos.

¿Cuál es el modelo adecuado? Nadie tiene la última palabra. No obstante, es muy claro el énfasis de todas las escuelas por tener más PhD a bordo. Con excepción del Cesa (una institución que, como se verá más adelante, prefiere en los profesores la experiencia práctica antes que el rigor más académico), las escuelas del grupo tienen convenios para enviar profesores a universidades de todo el mundo con el objetivo de obtener el doctorado.
 
Los Andes tiene convenio con Tulane, en New Orleans, Estados Unidos donde actualmente hay 18 profesores en vísperas de obtener el título (de los 45 profesores de planta de esa facultad, 12 tienen ya el grado doctoral), mientras que la Javeriana lo tiene con la Universidad de Laval en Canadá y la de California en Berkeley (cinco docentes javerianos están en el exterior buscando el doctorado). Algunas facultades tienen metas muy claras: la Universidad de Antioquia quiere que en el año 2004, el 18% de su planta de profesores esté compuesta por doctores de tiempo completo, mientras que hoy la proporción es de sólo el 8%.

El énfasis se repite en escuelas como Eafit, Icesi, la Universidad del Valle, la Universidad de la Sabana, el Externado y la del Norte en Barranquilla. Para todos los decanos es muy claro que se requieren investigadores de tiempo completo con alto nivel académico. Incluso escuelas como Eafit, cuyo énfasis en el pasado también fue más práctico que académico y fue la primera escuela que utilizó el estudio de casos como modelo pedagógico, ahora ve que es fundamental ir más allá del estudio de casos y generar investigación propia.

Una razón importante para este desplazamiento es la necesidad de lograr reconocimiento internacional como un objetivo de largo plazo. A la hora de hacerse notar en el extranjero, los ojos se volverán sobre esa cifra mágica: ¿cuántos PhD tiene la facultad haciendo investigación y transmitiendo el conocimiento a las nuevas generaciones?

Existe, desde luego, el peligro de caer en el exceso de academicismo y llegar al modelo estadounidense, en el cual el 100% de la planta de profesores de una escuela de negocios de prestigio está compuesta por PhD de alto nivel. Para Colombia esto sería no sólo una meta extremadamente costosa, sino poco adecuada. Por último, una escuela de administración necesita la vitalidad que le da nutrirse en el mundo real de los negocios.

Para las escuelas colombianas, el camino para obtener el reconocimiento internacional es bastante largo. No basta con profesionalizar su planta de docentes. Los profesores tienen que publicar artículos e investigaciones en medios académicos de peso, producir investigación, atraer estudiantes extranjeros, entre otros muchos factores.

La investigación
Muy poco se sabe sobre la realidad empresarial colombiana. La enseñanza en las facultades de administración se ha basado primordialmente en modelos importados de países industrializados, en especial de Estados Unidos. La verdad es que en Colombia la investigación en administración es reciente y se ha venido desarrollando muy lentamente en sólo algunas de las 79 facultades existentes. La principal forma para cambiar este panorama es disponer de investigadores profesionales, con formación de PhD, y dedicados totalmente a esta labor.

En la última década se notan algunos esfuerzos para mejorar el panorama desolador que el diagnóstico de la Misión de Ciencia y Tecnología, en la antesala de la apertura económica. La concentración de investigadores y de publicaciones en dos universidades (Andes y Valle) no se ha modificado sustancialmente, pero ya hay un grupo de facultades (y no sólo en Bogotá y Cali) que se han lanzado a preparar a algunos de sus profesores en doctorado y a fomentar proyectos de investigación.

Pero, ¿cómo se investiga en administración? ¿Cuáles son las metodologías que se usan para ese propósito? No son solamente estudios de casos (aunque para algunas facultades ésta parece ser la prioridad, quizás influidas por su aceptación en el sector empresarial). Las encuestas, entrevistas, observación y técnicas estadísticas sirven también para analizar el desempeño de las empresas, examinar sus estrategias financieras y de mercadeo, estudiar sus problemas de organización... Pero existe un problema: no se está haciendo suficiente énfasis en el estudio de estas metodologías en la formación de los estudiantes del pregrado.

Investigar es muy costoso y las fuentes de financiación son muy escasas. No hay incentivos competitivos para retener a los pocos investigadores. Apoyarlos para que formen grupos de investigación y para que publiquen es un proceso largo. Pero ya comienza a haber conciencia de que ésta es la mejor forma para fortalecer la investigación.

Dentro de las 13 facultades estudiadas, algunas universidades van más adelante en investigación, aunque es claro que frente a las escuelas de otros países aún tienen mucho camino por recorrer. Este es el caso de los Andes, pues claramente el tamaño de su planta de profesores de tiempo completo y con doctorado, desde mediados de los años 70 abrió un camino hacia la investigación, haciendo énfasis en que no es posible la buena docencia sin una base investigativa. De los 45 profesores de planta de esa facultad, 12 tienen ya el grado doctoral y otros 18 están adelantando el doctorado.

Esto se refleja directamente en las publicaciones de dicha facultad en los últimos 25 años: 40 libros en diversas áreas de la administración, 49 monografías, numerosos capítulos en libros nacionales y extranjeros (36) y 20 artículos publicados en revistas académicas internacionales. Otras universidades destacadas por su labor investigativa son la del Valle, con publicaciones y profesores con grado doctoral en aumento y la Javeriana que entró en la etapa de enviar al exterior profesores para prepararlos como investigadores.

El Icesi acredita ya esfuerzos en la elaboración de casos y, en los dos últimos años, el Externado y el Rosario tienen en marcha algunas líneas de investigación. En el caso de la Nacional de Bogotá, un grupo de investigadores de la departamento de sociología ha adelantado la investigación en administración que tiene un mayor desarrollo. La Universidad Externado también ha hecho énfasis en sus líneas de investigación y para lograrlo se ha apoyado en los estudiantes de la maestría (MBA).
 
Uno de los estudios en marcha es el de "Empresas que perduran" en el que se están investigando las características de las empresas más exitosas del país.

Es importante concluir que entre las universidades estudiadas hay diversos niveles de desarrollo en investigación, unas llevan más tiempo, otras han invertido más en la formación académica de sus docentes y otras se interesan mucho más en la práctica que en la investigación. Aunque con dificultades, ésta comienza ya a desarrollarse. Pero queda una preocupación: ¿cuál es el nivel de actividad investigativa en el resto de facultades, en especial en las "universidades de garaje"?

Liderazgo
"Se ha dado un particular énfasis a los conocimientos, descuidando el desarrollo de habilidades y valores". Estas palabras aparecen en el autodiagnóstico de la facultad de administración de la Universidad de los Andes.

Los directivos de los Andes identificaron el año pasado, después de un profundo proceso de autoevaluación, que estaban formando profesionales con muy buenos conocimientos técnicos pero con poco énfasis en ese intangible llamado liderazgo. Esta es la fuerza que hace que los estudiantes se conviertan en transformadores de las organizaciones, que muevan equipos y, sobre todo, que sean creadores de empresa.

Los Andes descubrió que el concepto del liderazgo estaba presente en múltiples lecturas y discusiones a lo largo de la carrera, pero nunca se ponía al estudiante en situaciones concretas y observables que lo obligaran a desplegar o a desarrollar sus habilidades de líder.

Para los Andes, el 99 arranca con un nuevo currículo en el que se tratan de cubrir esas debilidades. Esto ha obligado a la universidad a inventar escenarios en los que los estudiantes puedan desarrollar habilidades como proyectos concretos de creación de empresas, entre otras herramientas.

La universidad pública enfrenta también un reto frente al tema de hacer realidad la capacidad de liderazgo de sus estudiantes. Por ejemplo, la Universidad de Antioquia (UdeA) tiene claro que recibe estudiantes con un alto cociente intelectual, partiendo de un proceso de selección en el cual se presentan 1.600 aspirantes para 50 cupos.
 
"Pero estos estudiantes, por su extracción social, enfrentan serios problemas de autoestima y sus capacidades de liderazgo en muchos casos están menguadas por la situación económica que enfrentan dentro de sus propias familias", estima John Cardona, decano de la facultad de ciencias económicas de la Universidad de Antioquia.

La Ude A ha encontrado diversas formas de cubrir esas dificultades. La misma universidad, por ser pública, ofrece la posibilidad de que los estudiantes se vinculen a organizaciones y promuevan eventos. "Hay muchos líderes de barrio dentro de la universidad", dice Cardona. Además, el departamento de talento humano de la universidad programa ejercicios de liderazgo para todos los estudiantes. Los participantes realizan prácticas de grupo, trabajo en equipo y desarrollo de visión profesional, entre otros.

La Universidad del Rosario tiene un modelo de promoción de líderes que consiste en promover la elección de colegiados entre los estudiantes. Los colegiados son estudiantes que sobresalen por sus capacidades intelectuales y de manejo de grupos. Estos colegiados toman decisiones que afectan a todo el resto de la comunidad universitaria e, incluso, eligen al rector.

Este modelo, que se aplica para todas las carreras del claustro, tiene un significado especial para los futuros administradores de empresas. Los procesos a los que se enfrentan los colegiados les dan lecciones sobre cómo influir sobre grupos y lograr objetivos específicos.

El liderazgo es hoy un tema cuya importancia crece día a día en contraste con la economía del pasado, cuando las organizaciones eran piramidales y la toma de decisiones usualmente estaba centralizada en unas pocas cabezas de la alta gerencia. Aunque el esquema piramidal aún persiste con arraigo en Colombia, la tendencia mundial es hacia organizaciones que cada vez se aplanan más y en las cuales cada uno de los empleados tiene una agenda propia por cumplir y no se tiene que ceñir sólo a las directrices del jefe.

Esto sucede con más frecuencia en organizaciones que manejan productos de alta tecnología y con un alto contenido intelectual.Pero, de hecho, los trabajadores de las empresas cada vez están más obligados a agregar valor intelectual porque el resto de los oficios será paulatinamente reemplazado por máquinas o robots. En este contexto, el tipo de líder cambia: quedan pocos jefes autoritarios y subordinados humildes y empiezan a surgir muchos emprendedores que imprimen la innovación, la iniciativa y la capacidad de convencimiento. En pocas palabras, el liderazgo se convierte en el verdadero motor del crecimiento.

Las formas de aprendizaje también están cambiando. "Más que individuos con unos conocimientos muy sólidos, lo que queremos es formar gente con la capacidad de desaprender", dijo el decano del Icesi, Héctor Ochoa, un veterano de la educación en negocios y ex rector de Eafit.

El mundo moderno exige de la gente la capacidad de poderse "cambiar el disquete" cuando lo que está grabado no da más resultados o las condiciones no permiten que esas habilidades funcionen.

Empresarios
Por mucho tiempo, las facultades de administración del país se dedicaron a formar a sus estudiantes para que al graduarse pudieran obtener el mejor empleo posible; es decir, se formaban (y aún se forman) dentro de la "empleomanía". Para la gran mayoría de los recién egresados, el modelo de vida ideal comenzaba por buscar empleo en una empresa grande, ojalá multinacional o pública. La verdad es que son pocos quienes se arriesgan a salir y crear su propia empresa.

Factores como la recesión económica que enfrenta el país les ha abierto los ojos a las facultades de administración, las cuales han empezado a darse cuenta de la importancia del desarrollo del espíritu empresarial de los estudiantes. Los primeros antecedentes de estos programas se presentaron a finales de los años 80 en dos universidades privadas (Icesi y los Andes). Pero es ahora cuando han tomado una mayor fuerza en vista de la difícil situación de desempleo y subempleo a la cual se ven enfrentados muchos de sus egresados.

Universidades como los Andes y la Javeriana brindan apoyo y asesoría para la creación de empresas que surgen por iniciativa de los estudiantes. La Universidad de los Andes está trabajando en el programa "Empreandes" (Empresarios de los Andes) y en la creación de una incubadora de empresas. Por su parte, la Javeriana, junto con el Cite (Centro de Servicios para la Innovación Tecnológica Empresarial), brinda oportunidades de asesoría y apoyo para la creación de empresas de diversa índole. A su vez, el Cesa tiene un convenio con el Tecnológico de Monterrey, con el que han venido desarrollando un programa denominado "desarrollo del espíritu emprendedor".

Las prácticas
En lo que sí se ha dado un gran desarrollo es en los sistemas de enganche de estudiantes por parte de empresas locales. Muchas facultades tienen programas especialmente diseñados para cubrir todos los requerimientos de estudiantes y empleadores. Esto no es un proceso fácil, pues implica una gran inversión en términos de búsqueda de convenios con empresas, seguimiento a la labor desempeñada por los estudiantes y aseguramiento de un nivel de calidad en las prácticas.

Sin duda, unos programas se han desarrollado más que otros. Este es el caso del Cesa, el Rosario, la UNAB y la Universidad del Norte que tienen dos semestres de prácticas obligatorias en una gran variedad de empresas. En otras universidades, tomar práctica empresarial es opcional, como ocurre en la Javeriana, el Externado y los Andes. Eafit de Medellín es una de las instituciones que más ha desarrollado los programas de prácticas empresariales y cerca del 70% de los estudiantes terminan sus carreras y definen su ubicación laboral.

Sin fronteras
Si hay un tema que ha dejado su huella claramente marcada en las escuelas de administración es la globalización. La preocupación por formar gente con la mente abierta al mundo y con la capacidad de interactuar en otros mercados diferentes al colombiano es evidente en todas las facultades analizadas. En principio, todas exigen demostrar conocimientos de inglés (algunas son flexibles a otros idiomas) para poder obtener el título profesional. En las universidades privadas es usual que los estudiantes tengan que obtener más de 550 puntos en el examen de Toefl (Test of English as a Foreign Language) o el Michigan, exámenes que exigen todas las universidades de Estados Unidos.
 
Ese puntaje de entrada les exige a los estudiantes un alto nivel de inglés, que indique que se pueden defender sin dificultades en ambientes internacionales y recibir clases en inglés.

No obstante, estas ventajas implican que el estudiante tenga la capacidad económica para financiar su viaje y sostenimiento, lo cual reduce las posibilidades de formación de quienes sólo pueden acceder a las escuelas públicas. En general, en la administración de empresas hay una clara elitización de la educación. La crisis económica de la universidad pública la ha rezagado frente a las privadas en temas tecnológicos y en las posibilidades de los estudiantes para acceder a otros mercados y otras culturas.
 
La Universidad del Valle, por ejemplo, cuyo déficit global fue de $77.000 millones en 1998, tiene frenado un programa de actualización tecnológica en la facultad de administración de empresas. Este hecho representa una clara desventaja en la formación de los administradores que necesariamente deben tener conocimientos profundos de informática.

Tecnología
Drucker dejó otra advertencia durante su conferencia en junio del 98: "Ustedes tienen que volverse ilustrados en información. La mayoría de ustedes ya son ilustrados en computadores, pero eso son datos, no es información".

El conocimiento de las tecnologías hace rato que trascendió el buen manejo de los computadores. Es más, la focalización en estas máquinas puede hacer más mal que bien porque, como dijo Drucker, hace que las empresas miren demasiado hacia adentro y no abran las puertas a otros mercados o a ver qué está haciendo la competencia.

En las facultades de administración se siente el cambio. El número de computadores por alumno ya no importa. Lo que es crítico ahora es cuántos de esos computadores están conectados a internet y cuántos de los estudiantes hacen algo más que enviar o recibir e-mails o simplemente navegar. La búsqueda de información en la red es una norma, no una diferenciación entre una escuela y otra o entre dos estudiantes.
 
Lo que sí los puede diferenciar es qué saben hacer los estudiantes con internet. ¿Conocen su potencial como negocio? ¿Pueden explotarlo como herramienta de estudio interactivo? ¿Pueden diseñar la página web de la empresa donde van a trabajar?

Universidades como los Andes, la UNAB y el Cesa ya empiezan a tener una idea más aproximada de lo que representan las nuevas herramientas tecnológicas. En los Andes se han iniciado experiencias como casos de estudio interactivos colocados en internet, lo que permite analizarlos con todas las herramientas posibles de información y desplaza la función del salón de clase como escenario de discusión por excelencia.
 
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