| 4/16/2004 12:00:00 AM

Retos de la gestión pública

En el manejo de la gestión pública están los grandes problemas y soluciones de un país. A pesar de su trascendencia, no se le presta la atención necesaria.

Fortalecer la gerencia pública es un propósito esencial en la tarea de poner a marchar una sociedad. De un lado, las empresas y los individuos están en contacto permanente con entes públicos, de allí que el conocimiento de cómo funcionan sea una ventaja para la gestión privada. Por su parte, desde la perspectiva de lo público, la administración con herramientas empleadas por las empresas privadas solucionaría problemas que el común de la gente no asocia con debilidades en la gestión. Poca gente pensaría que el control de la corrupción es un problema de falta de gerencia pública.

Infortunadamente, el terreno público es más complejo que el privado. En lo público, los grupos de interés son mucho más fuertes y dispersos; se requiere entender dimensiones mucho más amplias. Esto no sucede en la gestión privada, en la cual los llamados stake holders son más fáciles de identificar. En lo privado, los fines están establecidos, "el presidente de una empresa actúa como un mayordomo que puede escoger entre medios, pero no entre fines", argumenta Alfredo Sarmiento, director del Programa Nacional de Desarrollo Humano. Es decir, el gerente no se puede levantar un día diciendo que el fin último de su gestión es la equidad. Cualquiera que sea el medio, su objetivo es la maximización de los beneficios de los accionistas. En cambio, en gestión pública el líder social debe escoger medios y fines simultáneamente. Esta combinación de poderosos grupos de interés y la dificultad de definir metas concretas hacen de la gestión pública un acto político que requiere más que técnica para ejecutarse.

A pesar de la complejidad y trascendencia del tema, hay un gran desconocimiento de su funcionamiento. Los esfuerzos por mejorar las capacidades de los servidores públicos son minúsculos comparados con los de la formación de ejecutivos privados. Esa es la fórmula perfecta del fracaso, si se tiene en cuenta que en el campo público se requiere gente capacitada. Óscar Pardo, director del MBA de la facultad de administración de la Universidad de los Andes, opina que el país no logrará una verdadera dimensión de lo público si no toma conciencia de que por fuera de lo privado, todo es de todos. Argumenta que, con este enfoque, los gerentes públicos y también los privados, más que funcionarios deben ser buenos ciudadanos. ¿Cómo lograr este objetivo? ¿Cómo dignificar la gerencia pública y a los que la practican?

Gestión pública y privada.

¿Qué pueden aprender entre sí?

En la versión clásica de la administración pública se pensaba que los recursos caían del cielo. Hoy se reconoce que los ingresos son escasos y que la gerencia pública se debe fundamentar en la articulación de la política económica y la política social. Elssy Bonilla, quien recientemente coordinó un programa del BID para reducir la pobreza en República Dominicana, explica que la administración pública, además de sus objetivos básicos de bienestar y equidad, ha venido entendiendo la necesidad de ser eficiente y eficaz, características de lo privado.

Así, cada lado está reconociendo en el otro la oportunidad de nutrirse de conocimientos y experiencias. Esto ha sido más evidente desde la perspectiva de lo privado hacia lo público. Es claro, por ejemplo, que el sector público debe aprender a medir resultados y rendir cuentas de la misma forma que el privado lo hace. La medición en este caso depende del objetivo que el gestor o el proyecto pretendan cumplir. Lo importante es no realizar traslados directos de técnicas, sino ponerlas en contexto para que funcionen.

Hay otros elementos de la gestión privada que son valiosos en lo público. Entre ellos, la visión y la estructura son fundamentales. Un servidor público puede tener claridad sobre las necesidades y programas de una sociedad en el corto plazo, pero si no tiene un norte y una visión de largo plazo, posiblemente no sabrá cómo implementarlos. Un buen servidor público es aquel que puede mostrar una propuesta sobre el futuro.

Así mismo, la corrupción, el exceso de trámites y la burocracia son consecuencia directa de no saber estructurar incentivos y controles en las instituciones públicas.

Esto no quiere decir que la gerencia privada sea la salvación de la gerencia pública. En realidad, sería apenas un elemento más que contribuiría a su mejoramiento, como también lo son la economía política, la política y todo aquello que permita una concepción histórica y social de los lugares donde se ejecutan los proyectos.

Sin embargo, es muy posible que la administración privada tenga más qué aprender de la pública. Prueba de ello es el creciente entusiasmo de las empresas por la responsabilidad social, una dimensión ética que viene de lo público, que cada vez influye con más fuerza en sus operaciones y estrategias. Además, la exigencia y el compromiso en el servicio público son tan grandes que de él se pueden extraer valiosas enseñanzas.

Desempeñarse bien en lo público es una buena forma de adquirir noción de país, experticia cada vez más apreciada en las organizaciones privadas. La experiencia de enfrentarse a distintos grupos de presión, como medios de comunicación, gremios, instituciones políticas y comunidades, enseña cómo manejar situaciones de tensión.

Jorge Hernán Cárdenas, presidente de la Fundación Corona y conocedor de ambos mundos, asegura que el administrador privado no imagina la cantidad de papeles, memoriales, comunicados y reuniones que un administrador público de alto rango está acostumbrado a manejar.

Además, en estos altos mandos, las jornadas en lo público son mucho más largas, los tiempos para formar equipos más cortos y las agendas más ágiles, pues los períodos políticos están acotados. Para Cárdenas, estos elementos sin duda potencian su capacidad de ejecución y comunicación.

En la nueva gestión pública, la esencia de la administración está en bajar el Estado a las personas, líderes comunitarios y ciudadanos en general. La formación de políticas implica un proceso de cogerencia y retroalimentación. Estas experiencias son útiles tanto en lo público como en lo privado. Lo importante es aprender cómo delegar responsabilidades y abrir espacios, manteniendo el control en la calidad y la eficacia de decisiones que afectarán a la población del país, el departamento, la ciudad o el pueblo.

El secreto de una buena

gestión pública.

Dado que la gerencia pública plantea retos tan grandes, la pregunta es cómo formar a los servidores que los puedan enfrentar. En cuestiones físicas, la tecnología está en saber cómo funcionan las máquinas. En gestión pública, en cambio, es necesario entender los comportamientos y las reglas de juego. Gente capaz de negociar, elegir entre fines, y pedir y dar cuentas. En realidad, sostiene el ex ministro Luis Carlos Valenzuela, en este campo es más valiosa la capacidad para abrirles espacios a las ideas, que los conocimientos específicos. En algunos países desarrollados, la figura de un ministro es eminentemente política, alguien con la capacidad de crear consensos; en cambio, los viceministros tienen los conocimientos técnicos avanzados.

No hay un esquema único para fortalecer la formación de servidores públicos. Algunos países como Francia son reconocidos por su preocupación de formar gente desde el pregrado. La Escuela Nacional de Administración Pública -ENA- se precia de educar a los dirigentes políticos de este país. Por otra parte, en Estados Unidos los esfuerzos se concentran más en programas de especialización, como lo hace el Instituto de Gobierno John F. Kennedy, de Harvard.

Manuel Rodríguez, ex ministro y académico, conocedor de temas públicos piensa que lo importante es una educación universal de primera línea, con énfasis en las ciencias básicas que formen la personalidad de la gente. Un servidor público que no sepa ubicar histórica, política y socialmente el lugar donde se desempeña y que no sepa cogerenciar con la gente, evaluar y dar cuentas, estará condenado al fracaso.

Gustavo González, profesor titular de los Andes, recuerda cómo los primeros intentos de formar administradores en Colombia estuvieron enmarcados en una concepción integral. La Escuela de Minas en Antioquia atinó a formar empresarios que tuvieran visión en lo público y en lo privado. Nadie duda de la importancia de los líderes de esta generación, al cumplir este doble papel. Luego la tendencia fue hacia la especialización y las distintas facultades que fueron naciendo se concentraron en lo privado. Valdría la pena recuperar este enfoque integral, como en efecto algunas facultades lo están haciendo, y fortalecer las instituciones estatales que se encargan de fomentar las buenas prácticas públicas.
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