| 3/2/2007 12:00:00 AM

Emerge una nueva ciencia

Cada vez toma más vigencia el concepto de inteligencia social, es decir, la capacidad de relacionarnos con la gente. Dinero entrevistó al renombrado consultor internacional Karl Albrecht, uno de sus principales exponentes.

A todos nos sucede. Hay un grupo de personas que simplemente encontramos seductoras. Disfrutamos su presencia y compañía, junto a ellas el tiempo pasa suavemente y nos sentimos afirmados y respetados. Anhelamos su presencia. Mientras en el otro extremo están aquellos personajes a los que definitivamente tratamos de evitar a como dé lugar. ¿Están seguros de querer invitarlo esta noche? ¿Otra vez escuchar la misma tragedia? ¡Qué pereza verle la cara cada mañana en el trabajo! Esta es la esencia de la inteligencia social. Según explica el autor Karl Albrecht en su libro Inteligencia social. La nueva ciencia del éxito (Editorial Vergara), esta se define como "la capacidad para llevarse bien con los demás y conseguir su cooperación". Es decir, es la inteligencia que separa a las personas que en cierta forma son "nutritivas" y cuya compañía todos buscan, de las "tóxicas" que todos repelen.

Daniel Goleman, prestigioso psicólogo de la Universidad de Harvard, también se interesó por esta faceta de la inteligencia. Como expresa en su reciente libro Inteligencia social: la nueva ciencia para mejorar las relaciones humanas (Editorial Planeta), el propósito es "actuar sabiamente en las relaciones humanas". Precisamente, en 1995, Goleman contribuyó a cambiar el paradigma de la inteligencia medida solo en términos del cociente intelectual IQ con su libro sobre la inteligencia emocional. La inteligencia social hace parte de este mismo enfoque de las llamadas inteligencias múltiples que inició Howard Gardner, también psicólogo de Harvard, en 1983.

Pero, entonces, ¿cuál es la relación entre la inteligencia emocional (IE) y la inteligencia social (IS)? Albrecht relata en su libro un ejemplo perfecto que describe esta distinción. Tal vez uno de los presidentes más recordados y queridos en la historia de Estados Unidos sea Ronald Reagan. Este sentimiento creció hasta su muerte por su capacidad para motivar y conectarse con la gente. Pero en el nivel personal, ilustran sus biógrafos, mantenía una relación tormentosa con su familia y allegados. Seguramente, Reagan fue un hombre de notable inteligencia social, pero sin competencias en la parte emocional. "La IE tiene qué ver más con la gerencia de sí mismo, mientras la IS con la de la gente", explica Albrecht.

El modelo

Siendo Karl Albrecht nuestro invitado especial a este artículo (ver entrevista), vamos a centrarnos en su propuesta de inteligencia social. Un ejemplo hipotético para empezar. Suponga que lo invitan a una fiesta de 15 años. Y digamos que la homenajeada no se destaca por su belleza. Todo el mundo lo sabe. En medio de la noche, en un silencio absoluto y en espera de que aparezca, a usted se le ocurre decir en voz alta: "podemos esperar una eternidad mientras la arreglan". Albrecht llama a esto una 'flatulencia social' o más específicamente, en términos del consultor Edward Hampton, 'un pedo social'. Como también lo es hacer chistes en un funeral o no saber comportarse en ambientes sociales y de trabajo.

La idea es que la inteligencia social, la capacidad de relacionarnos exitosamente con los demás, va mucho más allá de decir 'gracias' y 'por favor'. De hecho, la ventaja de la propuesta de Albrecht es que presenta un completo modelo para entender, mejorar y valorar las capacidades de IS. Todo lo resume en la sigla SPACE, que representa las habilidades de integración que este autor considera las claves para desarrollar.

Con la s, de situación, Albrecht resalta la importancia de entender los contextos cambiantes en que se desenvuelven las personas. A esto se refería el mal chiste de la quinceañera fea, pero en realidad este tipo de situaciones pasa todo el tiempo. Mucha gente carece de esta conciencia situacional. Usted mismo puede encontrar ejemplos en su vida para darse cuenta de que entender las situaciones hace parte de una buena IS.

Con la p, de presencia, Albrecht se refiere al modo en que afectamos a los demás con nuestra apariencia física, nuestra actitud, la forma en que nos proyectamos y abarcamos espacios nuevos. Tiene qué ver con el carisma. ¿Cómo nos perciben a primera vista? ¿Cómo nos describimos y sentimos que nos describen? Esa imagen que usted proyecta, por supuesto, influye en sus competencias sociales.

La a en el modelo significa autenticidad. ¿Qué tan honesto o sincero es consigo mismo y con los demás en cualquier situación? Piense en la cantidad de personas que se benefician de su propia autenticidad en la política, en los medios o las cercanas a usted. En la muy negativa reacción de la gente cuando tratamos de ser quien no llevamos dentro.

En la selección de candidatos para trabajar como consultores, es usual pedirles a los candidatos que expresen una acción de liderazgo o definan su vida profesional como el "encabezado de un periódico". Aquellos que no logran transmitir lo que son en pocas palabras se rajan en esta etapa. A esto se refiere Albrecht con la c, de claridad. En política o en los negocios es evidente el impacto negativo cuando las personas no saben expresarse de manera concreta. Este autor dice que esa debilidad afecta todas las relaciones sociales.

Finalmente, con la e, de empatía, Albrecht recuerda el valor de sintonizarnos con los sentimientos ajenos. "La connotación habitual de ser empático es identificarse con otra persona y apreciar o compartir sus sentimientos", define en su libro. Los comportamientos tóxicos característicos de una IS baja, como hacer sentir devaluados, frustrados y culpables a los demás destruyen la empatía. En cambio, los nutritivos hacen que se sientan valorados, capaces, queridos, respetados y apreciados. Esto hace que las personas con abundante IS sean como un imán para el resto de la sociedad.
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