El valor de una buena junta

| 6/23/2000 12:00:00 AM

El valor de una buena junta

En América Latina, un buen gobierno corporativo es más importante que el desempeño financiero a la hora de definir una inversión.

Capitalizar se ha convertido casi que en una obligación para las empresas colombianas que quieren asegurar su permanencia en el mercado. El progresivo descenso de la economía, que no ha podido ser contrarrestado por el tímido repunte de los últimos meses, hace que la obtención de recursos frescos sea un tema recurrente entre los empresarios.

A la hora de salir a buscar capital entran en discusión desde el riesgo país y el manejo de la política macro, hasta las proyecciones del respectivo sector y la situación particular de cada empresa.



Pero lo que seguramente muy pocos han considerado es que contar con una junta directiva profesional puede inclinar a su favor a un potencial inversionista, aunque los números no sean tan atractivos como los de la competencia.



De acuerdo con un estudio entre más de 200 inversionistas institucionales de América, Asia y Europa que acaba de realizar la firma de consultoría McKinsey & Company y la revista Institutional Investor, tres cuartas partes de los encuestados opinan que a la hora de tomar una decisión de inversión, el papel de la junta directiva es al menos tan importante como el desempeño financiero. Y, en el caso específico de América Latina, el 48% considera que lo más importante es una buena junta directiva.



Incluso, el 80% de los entrevistados estaría dispuesto a pagar una prima extra cuando hay un buen gobierno de junta, que varía dependiendo de cada país. En Estados Unidos o en Europa la prima es baja, mientras que en Asia y América Latina aumenta. Y estas diferencias tienen una explicación clara: los inversionistas perciben más problemas en el gobierno corporativo de América Latina o Asia y, por ello, están dispuestos a premiar una empresa bien manejada.



Por ejemplo, los inversionistas afirman estar dispuestos a pagar las primas más altas en Venezuela, e Indonesia y Colombia, respectivamente (entre 27,6 y 27,1%), mientras que las más bajas son para el Reino Unido y Suiza (17,9 y 18,0%).



Además, la diferencia entre el valor de las primas está directamente relacionada con la facilidad de conseguir información confiable, completa y oportuna de las compañías. Cuanto más abiertos estén los países al mercado de capitales y cuanta mayor transparencia haya en la información financiera y contable, la necesidad de contar con una junta directiva profesional como "garante" de la empresa es menor.



El estudio de McKinsey-Institutional Investor fue realizado entre marzo y abril del 2000 en cooperación con el Banco Mundial y con institutos regionales de inversionistas institucionales y, para el caso de América Latina, fue aplicado a 90 inversionistas que en su conjunto manejan portafolios de activos por US$1.650 millones.



Según el estudio, cuatro factores aseguran un buen gobierno de junta en una compañía. En primer lugar, que la mayoría de sus miembros sean externos, es decir, que no tengan vínculos con la gerencia. En segundo lugar, que haya un sistema formal de evaluación de los directores. En tercero, que haya transparencia en el suministro de información requerida por los accionistas aunque sean minoritarios. En cuarto lugar, que los miembros de la junta tengan intereses en la compañía y que una buena parte de su remuneración se haga con opciones sobre acciones.



Esta combinación de "atributos" garantiza la independencia de los miembros de junta frente a las decisiones de la gerencia y asegura una mayor responsabilidad de su propia gestión en la medida en que sus intereses están alineados con los de la compañía. Cualquier medida afecta el propio bolsillo.



Para los inversionistas locales, la principal prioridad del gobierno corporativo es la transparencia de la información, mientras que para los extranjeros, son los derechos de los accionistas.



A paso lento

En Colombia, las juntas directivas habían sido tradicionalmente un espacio para nombrar a los amigos de los accionistas o de la gerencia, y no tenían un papel determinante en el desarrollo de la compañía.

Sin embargo, a raíz del deterioro de la economía y de la difícil situación que atraviesan los sectores productivo y financiero, que ha obligado a buscar refinanciación de créditos y a explorar alternativas como alianzas, ventas de parte de las empresas y, en algunos casos críticos, hasta a acogerse a la ley de intervención económica, las empresas han empezado a buscar asesoría en sus juntas directivas, "reclutando" personal por fuera de su círculo familiar o de amigos, para que los apoyen en temas financieros, tecnológicos o de mercado.



Esta tendencia, que se empezó a gestar con los retos de la apertura económica, se intensificó con la crisis, aunque a juicio de analistas consultados, todavía no es lo suficientemente fuerte como para decir que hay una verdadera profesionalización de las juntas.



Con la necesidad de reestructurar las compañías, se ha ido avanzando en tener una mejor composición de las juntas directivas, "pero todavía falta mucho para que la selección sea más objetiva y más técnica, y para que se busquen miembros con diversidad de competencias, independientes, que sean capaces de controvertir las propuestas de la gerencia o de los accionistas", explica un activo miembro de junta que prefiere no ser identificado.



Aunque los accionistas y la gerencia ya están dejando de ver a las juntas como un requisito legal, para verlas como organismos consultivos que ayudan a formular estrategias para sobrevivir o para hacer negocios, según sea el caso, todavía no han tomado conciencia de que ser miembro de junta dejó de ser un honor que no tenía mayores responsabilidades, para convertirse en un trabajo que debe ser bien remunerado si se quiere la dedicación del elegido, compromiso y disposición para tomar los riesgos necesarios.



Las remuneraciones de las juntas se han considerado un asunto marginal. Muchas veces, los accionistas no entienden que para contar con una junta más comprometida e idónea, tienen que garantizar una buena remuneración.



Una encuesta contratada por Dinero hace dos años con Invamer Gallup entre los directivos de 100 de las 300 empresas más grandes del país, mostraba que el 28% de las compañías no pagaba honorarios a sus miembros de junta, mientras que el 26,8% les pagaba entre $100.000 y $300.000, el 5,4% $400.000, y solo el 8,9% reconocía sumas superiores. Un sondeo realizado entre algunas compañías hace pensar que la situación no ha cambiado mucho y que la remuneración por sesión asistida sigue estando en su mayoría en el rango de $150.000 a $300.000.



"En Colombia está muy lejana la época en que se pague con opciones de acciones a los miembros de junta. Todavía no es común que los honorarios reflejen el costo de oportunidad de un profesional exitoso que asiste a una junta", explica un directivo. No es común que haya una evaluación sistemática del desempeño de la junta directiva, mientras que la inclusión de miembros externos tampoco es sistemática.



Sí hay un gran avance en el tipo de temas que se evalúan en las juntas. A principios de la década era común que los miembros se concentraran en el presupuesto y en el salario del gerente, mientras que ahora el largo plazo marca la pauta de las discusiones. La encuesta de Dinero e Invamer Gallup mostraba que hace dos años el plan estratégico de la compañía había sido discutido en el 93,7% de los casos en la junta directiva, mientras que para el 81% un cambio de presidente no iba a incidir en el funcionamiento ni en la estrategia de la empresa.



Así mismo, los temas estratégicos ocupaban el 50% de la agenda, mientras que los relacionados con definición de políticas, concentraban el 36% del tiempo.



Si bien no hay una medición más reciente de estos temas, muy seguramente no erraremos al afirmar que los asuntos estratégicos han ganado todavía más relevancia en las discusiones, dada la situación de la economía y que las juntas son cada vez más importantes en las decisiones sobre los temas neurálgicos de las empresas.



Vientos de cambio

En Colombia se puede decir que hay dos corrientes de cambio. Una, liderada por las empresas o grupos familiares, que están preparando la transición hacia una nueva generación, y otra, comandada por las empresas no familiares, en las que convergen intereses de diferentes accionistas.

En el primer caso, los pioneros en la profesionalización de las juntas han sido los grupos Corona y Carvajal, que vienen trabajando hace unos años en conformar un equipo independiente de las familias que ayude en la planeación y en la dirección de las empresas. En el segundo se destaca Aces, que a partir del año pasado cambió el sistema de elección de sus miembros de junta con el fin de contar con un grupo asesor conocedor del sector que le ayudara a pensar en alianzas y a desarrollar la compañía.



La aerolínea, que pertenece al Grupo Cafetero, tradicionalmente había conformado su junta para darles representación a los distintos Comités de Cafeteros y a funcionarios de la Federación Nacional de Cafeteros. Pero a partir de 1999 decidió incluir miembros externos, pero conocedores del sector aeronáutico. Así entraron los ex presidentes de Avianca Alvaro Jaramillo y Alvaro Cala, el ex ministro de Comercio Exterior Carlos Ronderos, y el ex presidente de Sofasa Sergio Restrepo. Sin duda, este equipo ha sido un gran apoyo para la aerolínea y está siendo decisivo para la proyección de la compañía.



Los beneficios que las empresas están percibiendo al contar con gente más preparada y que participe activamente en la definición de las estrategias de la compañía, va a ser el principal aliciente para que accionistas y gerentes se convenzan de que es mejor contar con asesores que controviertan pero que ayuden al progreso de la firma, que con convidados de piedra que dejen abandonado el barco a su suerte.



Los resultados



El estudio de McKinsey muestra que el 80% de los inversionistas estaría dispuesto a pagar una prima por una empresa con una buena gestión de junta directiva.

En América Latina, el 72% de los inversionistas locales y el 36% de los extranjeros consideran que la gestión de la junta directiva es más importante que el desempeño financiero.

En Colombia



La prima que un inversionista estaría dispuesto a pagar por Colombia es la segunda más alta, después de Venezuela. Esto demuestra que los inversionistas extranjeros perciben que hay mucho espacio para mejorar en el gobierno corporativo colombiano.

La crisis ha acelerado la profesionalización de las juntas directivas, pero todavía no es una constante.
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