Auditoria Cuestión de riesgos

| 7/21/2000 12:00:00 AM

Auditoria Cuestión de riesgos

Antes, los auditores eran expertos en verificar estados financieros. Hoy, su tarea abarca además el control de los distintos riesgos que afectan a una empresa. La proyección del negocio es dramática.

El cambio



Se pasó de una auditoría basada en la medición sistemática y la verificación de estados financieros, a un enfoque en donde hay que conocer y entender a profundidad el negocio para poder identificar, priorizar y medir sus riesgos y así llegar a controlarlos.

Hoy los riesgos se pueden tipificar en términos de los que se relacionan con el entorno, los inherentes al negocio y los riesgos en las actividades que soportan los procesos del negocio.





El futuro



Las nuevas tendencias como el e-business representan numerosas fuentes de riesgo. Esto implica nuevos mecanismos de control mucho más precisos.

El auditor se enfrentará a nuevas oportunidades de negocio, para lo cual deberá especializarse y trabajar en equipos multidisciplinarios.





Durante mucho tiempo, la percepción que la mayoría de los empresarios tuvieron sobre la auditoría era parecida a la que tenían respecto a la Policía: un ente vigilante y un poco antipático dedicado a encontrar desviaciones respecto a las normas, más concentrado en los detalles que en la visión de lo primordial. La auditoría era poco más que un mal necesario.



Esta imagen ha sido superada por el rápido incremento de la complejidad de los negocios en las últimas décadas. La globalización, la aparición de nuevos competidores en todos los campos, la aceleración de los procesos, el auge de las alianzas y la necesidad de buscar capitales internacionales son factores que se han reflejado en un cambio de fondo en la relación entre auditores y empresas.



Las grandes firmas de auditoría han decidido construir sobre sus fortalezas tradicionales para abordar las nuevas necesidades de las empresas. Estas fortalezas son capacidad para monitorear las rutinas de los negocios por medio de mediciones cuantitativas precisas (las conocidas "pruebas sistemáticas", que constituyen el corazón de su práctica) y la independencia para entregar el dictamen profesional que resulta de su análisis. Lo que hacen ahora es aplicar estas dos capacidades a un entorno más amplio que el tradicional. Ahora no se limitan a verificar que los estados financieros sean elaborados correctamente, sino que examinan a fondo todas las fuentes de riesgo en el negocio y desarrollan sistemas para controlar el impacto de estos riesgos.



Así, las grandes firmas mundiales de auditoría, conocidas como las Big Five, han entrado pisando fuerte en el negocio de la consultoría empresarial. Los miembros de este grupo son PricewaterhouseCoopers, Deloitte & Touche, KPMG, Arthur Andersen y Ernst & Young, todas ellas con operaciones en Colombia.



La auditoría, al centrarse en entender y medir los riesgos e implicaciones del negocio, se convierte en un acompañante de la empresa en todos sus procesos y le genera mayor valor agregado. Según Gabriel Suárez, socio de PricewaterhouseCoopers, el nuevo enfoque de auditoría llevará a que "una empresa sea exitosa si tiene una estrategia clara, una estructura de organización acorde y una adecuada evaluación de los riesgos del negocio, junto con controles que mitiguen esos riesgos." El auditor mantiene la distancia en ese proceso. "Les pedimos tanta información a los clientes que a veces a ellos les molesta, pues les parece que nuestra relación con ellos se basa en la desconfianza", afirma Daniel Feged, socio de Deloitte & Touche. "Pero no partimos de la desconfianza, sino de la necesidad de evaluar la vulnerabilidad del negocio. Esto va a favor de los mejores intereses del cliente".



En busca de riesgos



El nuevo proceso de auditoría parte de una planeación que se basa en el conocimiento del negocio y sus estrategias. Se trabaja muy de cerca con la junta directiva y la alta gerencia para identificar los riesgos del negocio en todos los frentes. El auditor debe ser capaz de ver aquellos riesgos que por lo general no son identificados fácilmente por los directivos de la empresa, más allá de los puros riesgos contables.



Cada empresa enfrenta un conjunto diferente de riesgos. Para Alfonso Coronado, socio de Ernst & Young, "lo importante es comprender el riesgo de negocios de cada compañía, analizando cómo quienes tienen intereses en la empresa (los stakeholders) afectan a la compañía y comprendiendo los efectos de las fuerzas de mercado y otros factores del entorno". Los riesgos podrían tipificarse en tres grandes categorías. En primer término, están los que se relacionan con el entorno e incluyen frentes como el dinamismo de la economía, la devaluación... En segundo lugar, los que son inherentes al funcionamiento del negocio en sí, es decir, los que se relacionan con los diferentes procesos que componen el negocio, incluyendo compra de insumos, procesamiento, inventario, ventas, cobro de cartera... Finalmente, están los riesgos en las actividades que soportan esos procesos, es decir, la facturación, el manejo contable, las rutinas de seguridad contra robo y fraude. Una vez identificados los riesgos, el siguiente paso es establecer prioridades en cada una de las grandes áreas. El orden de esas prioridades está dado por la combinación de la probabilidad de ocurrencia de cada riesgo y su impacto económico sobre la empresa. Por último, cuando las prioridades están claras, la atención se concentra en los procesos y controles que tiene el cliente para contrarrestar los riesgos.



En todo este proceso, el levantamiento de información tiene un papel fundamental. La disciplina de la prueba sustantiva se aplica en cada una de las etapas, con el fin de verificar hipótesis sobre la naturaleza de los riesgos y el diseño de mejores mecanismos y rutinas de control. Además, las Big 5 se nutren de sus redes mundiales de conocimiento, que les permiten acudir a las mejores prácticas mundiales en los diferentes casos. El examen sobre las empresas se realiza en forma permanente y no solo en la época de cierre de balances, como se hacía antes.



El auditor de negocios



Este nuevo enfoque ha implicado profundos cambios dentro de las empresas de auditoría. En el nuevo entorno no basta con tener auditores generalistas y rutinarios. Hoy, las firmas de auditoría están en busca de profesionales especializados por áreas, que estén orientados a los negocios y que sean expertos en evaluar riesgos.



Según Oscar Darío Morales, socio de Arthur Andersen, "al abrirnos a los riesgos del negocio, hemos tenido que entrar en campos vedados para el contador público. Necesitamos gente de otras disciplinas, que nos de opiniones más técnicamente soportadas. Hoy contratamos ingenieros, economistas, administradores, abogados y hasta médicos".



Para las firmas auditoras, en Colombia todavía falta recorrer un largo camino en términos de la formación universitaria de los contadores públicos. Los programas de estudio aún se centran en el manejo contable y el PUC (plan único de cuentas) y no se abren más hacia el entendimiento de los negocios y su administración. La carrera tiene una imagen pobre entre los jóvenes y es raro que los mejores estudiantes de los colegios busquen esta opción profesional.



Por su parte, las Big 5 hacen un esfuerzo enorme en la capacitación de sus trabajadores, pues esto es indispensable para mantener el liderazgo en el negocio. Es común que un profesional de estas firmas pase el equivalente de un mes al año en cursos de capacitación y entrenamiento. Todas ellas cuentan con centros de investigación y desarrollo de clase mundial, donde se capacitan sus miembros. Adicionalmente, el conocimiento de todos los profesionales es recogido en bases de datos que están alcance del conjunto, en cualquier lugar del planeta. Todas ellas han hecho inversiones gigantescas en tecnología, para permitir que el conocimiento fluya instantáneamente allí donde se le necesita.



El futuro



El negocio de la auditoría tendrá que evolucionar aún más rápidamente en los próximos años, a medida que la economía digital se extienda y todas las compañías se conviertan en empresas de internet. Las fuentes de riesgos se multiplicarán y los procesos de control serán diferentes. Por ejemplo, la facturación y el manejo de bienes será totalmente digital, lo que facilitará el control. Pero al mismo tiempo, aumentarán las posibilidades de fraude electrónico perpetrado por parte de terceros. Por otro lado, habrá que volver a concebir muchas operaciones que durante siglos habían tenido pocas transformaciones.



¿Qué pasa, por ejemplo, cuando una empresa colombiana le vende a un cliente en Europa, por medio de un portal de negocios ubicado en Miami, su inventario es controlado por una empresa en Costa Rica y despacha desde una bodega de ensamblaje en el Caribe? ¿Cuál es el país de origen de esa exportación? ¿Cómo deben manejarse los diferentes impuestos?



Cambian también las prioridades sobre las cuales la auditoría debe centrar su atención. En el pasado, lo más valioso eran los activos físicos y allí se concentraba el manejo de riesgos. En el futuro, lo más valioso serán los activos intangibles, como el talento concentrado en la organización y las relaciones con los clientes. Así, la contabilidad actual y los estados financieros tradicionales representan cada vez menos el valor de las empresas.



Esta es una página nueva en la historia de los negocios. En este momento se están diseñando las nuevas prácticas y disciplinas que permitirán a las empresas crecer en el nuevo entorno sin perder el control sobre sus operaciones. Así se abren nuevas oportunidades de negocios para los auditores, en las cuales la tecnología, el conocimiento y las técnicas de revisión analítica seguirán siendo determinantes del buen desempeño y eficiencia de las empresas. El manejo de los riesgos será más especializado y quienes están detrás de ellos deberán orientarse más hacia una asesoría integral del negocio. Para Luis Gerardo Flórez, socio de KPMG, "hacia el futuro, el auditor debe orientarse a ser un asesor de negocios de alto nivel, lo cual implica cambios fundamentales en el proceso de formación de los auditores". En Colombia, lo importante es continuar trabajando por una mayor profesionalización de los auditores y tratar de acercarse cada vez más a los principios contables internacionales que son la clave a la hora de pensar en inversión, alianzas y mayor acercamiento a las tendencias globales.



Una ley equivocada



Justo cuando la auditoría en el mundo se convierte en un factor clave de la modernización empresarial, en Colombia se plantea un proyecto de Ley de Revisoría Fiscal que convertiría esta tarea en una costosa y superflua carga para las empresas. El Proyecto de Ley (No. 09 de la Cámara en 1999 y 229 del Senado en el 2000) ya fue aprobado en la Cámara y puede llegar a ser sancionado en julio por la plenaria del Senado. Esto sería una catástrofe, tanto para las empresas como para la profesión de la auditoría.



Estas son algunas de las perlas que contiene el proyecto:



Adjudicará nuevas funciones para la revisoría fiscal. La obligará a encargarse de procesos administrativos y gerenciales, respondiendo por temas como la operación, la viabilidad de los proyectos y la revisión de la calidad de los productos.

Limitará la Revisoría Fiscal para que sea desempeñada únicamente por contadores. ("no menos del 70% de horas totales de dedicación de una Revisoría Fiscal debe ser ejecutado por contadores públicos").

Un contador público o revisor fiscal no podrá ejercer su labor en más de cinco "entes económicos" y las empresas tendrán que dedicar un mínimo de 400 horas anuales para la labor de auditoría fiscal.

Las tarifas de la Revisoría Fiscal serán, como mínimo, el 80% del valor de la remuneración por hora que recibe el gerente general de la empresa.

La ley aumenta sin justificación las funciones y los costos de los auditores. Al encargarlos de cosas como la certificación de los procesos de calidad, los obligará a contratar asesores externos, incrementando así los costos para las empresas. Si hoy se necesitan 45.000 contadores para hacer la revisoría, con esta ley podrían ser 200.000. Todo este costo adicional culminaría en nada, pues las empresas acudirían al menor esfuerzo posible para cumplir el requisito legal, sin preocuparse por lo sustantivo.



El proyecto solo se explica como un afán populista por dar empleo a contadores desempleados. En realidad, ellos recibirán el mayor daño, pues este nuevo marco llevaría al descrédito definitivo de su profesión.
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