| 2/16/2006 12:00:00 AM

Aproveche la evidencia

La solución de problemas y los elementos para tomar decisiones efectivas pueden estar dentro de la organización. Aprenda a convertir datos en información útil.

El bombardeo constante de herramientas, modas y teorías sobre el management puede convertirse en un peligro para las organizaciones, si no las aplican contextualizándolas a las problemáticas específicas de cada empresa. Como afirma María Lorena Gutiérrez, decana de la facultad de Administración de la Universidad de los Andes, "al hablar sobre las tendencias de la gerencia -management-, hay que evitar la tentación de confundir las modas gerenciales con los verdaderos cambios de fondo que determinan la gestión de los gerentes" (Dinero No. 200). La competitividad de una empresa está relacionada con identificar el saber organizacional y en convertirlo en acciones, o en el hacer de la empresa para generar mayores curvas de aprendizaje y ventajas en la industria. Una buena manera de conseguir este vínculo saber-hacer organizacional es por medio de la Gestión Basada en Evidencias (GBE), que no es otra cosa que tomar decisiones basadas en los hechos. Con frecuencia, los líderes organizacionales no quieren escuchar los hechos, particularmente si las noticias no son buenas. De ahí la importancia de la GBE, que implica un compromiso para reunir y usar la información, estar abierto a escuchar aquello que puede ser contrario a lo que usted cree, y tener así una disposición permanente a aprender. También implica adoptar e implementar estándares diferentes para evaluar el conocimiento y las ideas del negocio. Por ejemplo, la organización debe estar más interesada en lo "que es verdad", y menos preocupada en lo "que es nuevo".

Jeffrey Pfeffer, profesor de comportamiento organizacional, y Robert Sutton, profesor de ingeniería y ciencias del management de la Universidad de Stanford, son los principales difusores de la GBE. Después de publicar su libro The Knowing-Doing Gap: How Smart Companies Turn Knowledge into Action, en 1999, y al confrontarlo con sus lectores, se encontraron con el interrogante: ¿cómo implementar el conocimiento para construir organizaciones eficaces? A partir de esta inquietud, comenzaron un estudio, que les permitió identificar que no solo había un problema en que las personas y las compañías no podían actuar con lo que sabían (saber-hacer), sino que había un problema de hacer-saber, pues las acciones gerenciales no estaban basadas en la mejor evidencia que brindaba la organización. En ese momento, se encontraron con la práctica de la medicina basada en evidencias, y decidieron trasladarla al management.

Después de cinco años de investigaciones, publicarán en marzo próximo su libro Hard Facts, Dangerous Half-Truths, and Total Nonsense: Profiting from Evidence-Based Management. Dinero conversó sobre este trabajo con Pfeffer y Sutton, quienes consideran que la conclusión más importante del libro es que "hay mucho por aprender, o que podría ser reconocido, recurriendo a la teoría y a los datos disponibles -realizando arbitraje de información-, acerca de lo que hace exitosa a una compañía y cómo dirigir más efectivamente. Pero poco de este análisis está siendo realmente aplicado en forma sistemática. La GBE permite a las compañías una drástica ventaja competitiva en el mercado", señalan.

De la medicina al management La medicina basada en evidencias (MBE) nació en París, en 1834, cuando el médico francés Louis Nella Parigi realizó el experimento de aplicar su "método numérico" para valorar la eficacia de la sangría en diferentes patologías, y así se creó un movimiento que llamó Medicine d'Observation. Gracias a él, se comenzó a valorar la experiencia de los médicos, la información y los datos estadísticos que sustentan el diagnóstico y la toma de decisiones, para contribuir a la erradicación de terapias inútiles, como fue en su momento la sangría.

Poco más de un siglo después, la existencia de variaciones en la práctica médica y el hecho de que solo una minoría de las intervenciones médicas se basaba en estudios científicos fiables, llevó a un grupo de médicos de la Universidad McMaster, Canadá, liderado por el profesor David Sackett, en 1992, a iniciar un nuevo movimiento dentro de la enseñanza y práctica de la medicina, que denominaron Evidence Based Medicine (MBE). Para Sackett, la MBE "es la utilización consciente, explícita y juiciosa de la mejor evidencia científica disponible para tomar decisiones sobre el cuidado de los pacientes individuales. Como herramienta para la toma de las decisiones médicas, busca la integración de la experiencia clínica individual con las mejores evidencias disponibles en los sistemas de investigación científica". Adicionalmente, considera que sus principios, estrategias y tácticas son aplicables universalmente a todas las profesiones.

Cuando Pfeffer y Sutton trasladaron la medicina basada en evidencias al management, homologaron la función del médico con la de los directivos empresariales, que todo el tiempo deben estar diagnosticando y tomando las decisiones sobre los pacientes (la empresa conformada por sus empleados, clientes, proveedores, accionistas y cada uno de los stakeholders que intervienen en la organización). El reto final de la GBE en las empresas, al igual que el de la medicina con las personas, es saber prevenir las "enfermedades" de la empresa que conlleven a una quiebra, saber diagnosticar al paciente de acuerdo con su historia específica, y no formular o dar curas milagrosas sin estar adecuadamente incorporadas al contexto empresarial de cada una.

La GBE supone basar los análisis, acciones y decisiones directivas en las mejores evidencias posibles, pero se fundamenta en las técnicas de administración empresarial, incluidas aquellas que se han adaptado de otros campos del conocimiento, pero también en el juicio, experiencia y habilidad de los directivos. No puede sustituirse ni a unas ni a los otros, aunque sí reforzarlos y mantenerlos actualizados.

Para Felipe Millán, director del Centro Nacional de Productividad, "el tema de la Gestión Basada en Evidencia, GBE, no es nuevo en Colombia. Se ha venido trabajando desde la perspectiva del método científico de la administración, incorporado al desarrollo de las empresas. Sin embargo, es incipiente y rescata la urgencia que tienen las empresas de incorporar sistemas de gestión basados en el método científico. La clave del éxito es cómo levantar los hechos y ahí casi siempre las empresas se empantanan, ya que el qué y el cómo son muy diferentes". Para Millán, la GBE es una corriente filosófica y de pensamiento, pero no es una directriz política. "Es un ángulo interesante para la toma de decisiones organizacionales", señala.

Cómo manejar la evidencia El profesor Carlos Blanco, doctor en economía y dirección de empresas de la Universidad de Deusto, Bilbao, explica que "la empresa del siglo XXI debería basar su estrategia en las evidencias del aprendizaje organizacional, la gestión de la innovación y del conocimiento, es decir, en la puesta en común de la experiencia y en compartir los conocimientos tácitos por medio de las diferentes formas y flujos en la gestión del conocimiento para tener una radiografía que permita tomar decisiones, dar soluciones y mejorar el conocimiento actual, sin olvidar el contexto ni las cualificaciones de las personas". Para él, la empresa debe preguntarse continuamente de dónde viene, qué está haciendo y para dónde va. Así, realiza un diagnóstico adecuado, basado en las evidencias de la puesta en común de sus saberes y la formulación de una hipotética, pero razonable, estrategia que lo lleve a indagar cómo debe responder a los cambios continuos que exige el entorno.

Cuando gerentes y empresarios aprenden a reconocer y utilizar las evidencias (entendidas como comprender el entorno y los datos claves para los cuales la intuición, la experiencia y el conocimiento tienen un alto valor), las organizaciones logran ser más competitivas. Los gerentes con frecuencia actúan rutinariamente y toman sus decisiones con base en algunos indicadores o estadísticas que han elaborado líderes anteriores, y no las toman con las mejores evidencias para realzar el funcionamiento y las ventajas competitivas.

Según Pfeffer y Sutton, "la gestión basada en evidencia implica una mentalidad distinta que choca con el modo en que actúan muchos ejecutivos y empresas. Incluye una disposición a dejar de lado las creencias y el convencimiento convencional -las peligrosas medias verdades que muchos adoptan- y reemplazarlos por un firme compromiso por reunir los hechos necesarios para tomar decisiones más informadas e inteligentes".
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