| 12/12/2003 12:00:00 AM

Verdades mínimas

El salario mínimo ha venido en aumento consistentemente en términos reales desde 1997, sin importar la posición del gobierno.

Alrededor del aumento del salario mínimo se genera cada año una polémica -a veces interesante, otras no tanto- entre gobierno y trabajadores, en la que tercia el Banco de la República como encargado del control de la inflación en la economía.

El libreto de la negociación ha convertido en tradición que las centrales de trabajadores propongan al inicio de las conversaciones porcentajes de aumento muy superiores a los del gobierno para hacer subir la oferta oficial. Esa estrategia no ha sido muy efectiva en los últimos 10 años. Las diferencias han sido definidas por decreto y como muestra la gráfica, bastante más cerca de lo que proponía el Ejecutivo. Solo en 2001, al final del cuatrienio de Pastrana, parecieron acercarse los intereses de los sindicatos y del gobierno, pero no hubo final feliz. Ese año, el ajuste salarial fue determinado por decreto y, paradójicamente, se hizo por una cifra inferior a la que el gobierno presentó al comienzo, por el enfrentamiento entre los ministros de Trabajo, Angelino Garzón, y Hacienda, Juan Manuel Santos, que liquidaron sus diferencias con 8,04%, menor al 8,74% de Angelino, pero muy superior al 6% de Santos.

La gráfica muestra otro hecho concreto: el salario mínimo ha venido aumentando consistentemente en términos reales desde 1997.

Esto no es necesariamente bueno. Las encuestas del Dane muestran que, a partir de ese año, la informalidad ganó participación en la ocupación en el país, con lo cual el salario mínimo en alza tendría junto con la recesión, algo de responsabilidad en el desplazamiento de las personas hacia la informalidad, con el consecuente efecto negativo sobre la productividad y el crecimiento económico. Además, la cifra perdió buena parte de su sentido social. Un estudio de Carlos Esteban Posada demostró que el 50% de la población económicamente activa del país gana menos del salario mínimo. El aumento tiene, por último, un importante efecto sobre las pensiones, atadas por ley a este valor.

Sin embargo, el efecto del salario mínimo sobre la inflación es menor de lo que algunos estiman. Según Posada, tan solo el 10% de la población económicamente activa gana el sueldo mínimo legal. Por ello, la transmisión a la inflación ocurriría de forma más indirecta por la vía de cambios en las expectativas, por aumentos de sueldos para los empleados públicos y por las convenciones colectivas.

Todavía hay mucho por esclarecer, por lo cual el acuerdo para 2004 no debería cerrar esta discusión por los siguientes 12 meses.
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