| 10/13/1998 12:00:00 AM

Verdades de la educación

Los recursos públicos descuidaron la educación primaria y la universitaria de los más pobres.

A finales de 1997 Colombia tenía 11,6 millones de niños y jóvenes estudiando, de los cuales 1,1 millones estaban en preescolar, 5,0 en primaria, 4,1 en secundaria y 1,4 en universidad.



De acuerdo con la reciente Encuesta de Calidad de Vida del Dane, en los últimos cuatro años (entre 1993 y 1997) el sistema educativo incorporó 1.400.000 colombianos.



Como lo muestra la gráfica, la expansión en educación primaria fue mínima y el 50% de los nuevos cupos se creó en las universidades. En realidad, el número de estudiantes universitarios se dobló en este corto período, pues pasó de 700.000 a 1.400.000. La tasa de cobertura neta de la población entre 18 y 25 años en educación superior pasó del 9 al 16%.



Las universidades privadas cubrieron el 80% de esta expansión y hoy educan a casi un millón de jóvenes colombianos.



La paradoja es que en la universidad pública el 40% de la población más pobre disminuyó su participación en los cupos del 12 al 10%, mientras la clase alta alcanzó el 42%. Al gobierno, esta expansión le pudo haber costado más de medio punto del PIB y a las familias tres veces más.



¿Tiene sentido que los recursos públicos hayan descuidado la educación primaria y el financiamiento de la educación superior de los más pobres?



La expansión acelerada ya se ha manifestado en déficits crecientes de la universidad pública que amenazan con convertirse en una bomba de tiempo. ¿No será hora de pensar en serio en un esquema de financiamiento alternativo y en un diseño institucional que garantice niveles mínimos de calidad para los trabajadores calificados del nuevo siglo?
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