Una mala costumbre

| 9/28/2001 12:00:00 AM

Una mala costumbre

Las metas de déficit fiscal implícitas en el presupuesto jamás se cumplen. El gobierno debería pensar en grande y reformar las instituciones presupuestales.

En teoría, el Presupuesto General de la Nación señala el derrotero del gasto del gobierno y, por tanto, los propósitos de política fiscal. En la práctica, sin embargo, las metas se incumplen sistemáticamente y el presupuesto se convierte en un clásico "saludo a la bandera".

La gráfica muestra la falta de coherencia entre el presupuesto inicial y el definitivo, ilustrada por la distancia entre el déficit fiscal implícito en los proyectos de presupuesto y el déficit final. De acuerdo con un documento reciente de la Contraloría General de la Nación esto volverá a ocurrir este año y con el presupuesto de 2002 que el Congreso aprobó por $62,9 billones (40% para pago de deuda, 28% para gastos de funcionamiento y transferencias y 13% para inversión).



La tradición de no incluir la totalidad de los gastos y adicionar partidas durante una misma vigencia hacen del presupuesto un documento irrelevante de programación fiscal. El ajuste proyectado para este año se disipará de aprobarse las adiciones presupuestales que muy pronto el gobierno presentará al Congreso. Para el año fiscal 2002, la Contraloría encuentra que los recortes que pregona el gobierno al final se perderán porque omitió obligaciones ya existentes y, por tanto, el próximo año será necesario hacer adiciones presupuestales por $1,7 billones en gastos predecibles y de funcionamiento (como el de las Fuerzas Militares).



Además, por lo general, los ingresos del gobierno se sobredimensionan. Este año, por ejemplo, se utilizaron supuestos macroeconómicos irreales, como un crecimiento real de 4% y de la inversión privada de 18% para 2002, que no pasan los exámenes de consistencia. Por tanto, los ingresos tributarios de 2002 serán inferiores a lo inicialmente proyectado en alrededor de $450.000 millones.



La elaboración del presupuesto no puede seguir siendo una actividad aislada de la realidad. El grave problema del déficit fiscal colombiano amerita que las autoridades piensen en grande y solucionen las deficiencias del arreglo institucional actual, comenzando por desarrollar un marco fiscal de mediano plazo que acabe con la asignación histórica y por agencias, mantenga la consistencia, obligue a la revisión sistemática y a rendir cuentas. Mejores instituciones presupuestales ayudarán a obtener mejores resultados fiscales.
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