| 3/1/1994 12:00:00 AM

Palabras ociosas

LAS TASAS de interés han tenido una relativa estabilidad durante los últimos dos años. Cuando se aceleró la apertura a partir de 1992, gracias al margen monetario que proporcionó el aumento de las importaciones, el gobierno pudo concederle una mayor liquidez a la economía interna, que se reflejó en una importante caída en las tasas reales de interés (descontando inflación al consumidor). En la gráfica se puede apreciar cómo las tasas reales de colocación, que estuvieron tradicionalmente entre 14 y 16%, descendieron con la apertura a un rango entre 10 y 12%. De la misma manera, las tasas reales de captación, que estuvieron entre 7 y 9%, cayeron a un rango entre cero y 2%.

Ahora bien, el ministro de Hacienda insiste en que las tasas deben bajar aún más. Indudablemente se está refiriendo a las tasas de colocación puesto que las de captación prácticamente no le están remunerando al ahorrador en términos reales. En otras palabras, lo que quiere el ministro es una disminución del margen de intermediación, que actualmente está oscilando entre 10 y 11%.

Sin embargo, para que ello suceda se requiere principalmente dos cosas: en primer lugar, una reducción drástica de los encajes e inversiones forzosas del sistema financiero que son de los más altos en el mundo. Para eso hay que aumentar el superávit fiscal, o sea compensar con contracción en el lado fiscal la expansión que originaría la baja de los encajes. En segundo lugar, se requiere quebrar definitivamente las expectativas inflacionarias. La inflación parece estancada en 22-23% y nadie apuesta en una disminución sustancial. Mientras no suceda ninguna de estas dos cosas las exhortaciones del ministro no son más que boñiga de bull.
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