| 4/1/1997 12:00:00 AM

Otra marca samperista

"Un verdadero jefe es aquel cuyos deseos se convierten en órdenes. Un mal jefe aquel cuyas órdenes se convierten en deseos."

DESDE 1983 NO caían en valor las exportaciones no tradicionales. A partir de ese año habían aumentado consistentemente, unas veces más otras menos pero siempre variaciones positivas. Pues bien, en 1996 el gobierno del señor Samper logró detener por completo el impulso de este importante renglón de la economía. La caída en 1996 de las exportaciones no tradicionales fue de 4,6%.



Entre los principales renglones los más afectados fueron cueros, calzado, confecciones y textiles. Mención aparte merece el descenso en esmeraldas, que sólo se explica porque en 1995, tal como en repetidas ocasiones lo señaló Poder & Dinero, hubo lavado de dólares del narcotráfico por este concepto.



Entre los de mejor comportamiento se destacan azúcar y flores. Las flores pasaron a ser el segundo renglón en importancia (y el primero como producto homogéneo). Gracias a su alta competitividad los floricultores han compensado con cantidad la reducción en los márgenes ocasionada por la revaluación, aunque se están quejando con insistencia de que el negocio "ya no da".



Los exportadores no tradicionales están padeciendo síntomas de anorexia crónica.



Durante 1996, el índice de la tasa de cambio real pasó de 99,3 en enero a 88,7 en dicembre (finales de 1986 = 100). O sea, la revaluación fue de 10,7%. Esta revaluación se dio ante todo en el segundo semestre cuando el gobierno nacional empezó a traer dólares por borbotones para financiar su déficit.



Algunos exportadores creen ingenuamente que la tasa de cambio no es un precio de mercado sino que su nivel depende de la voluntad de gobierno. Pero si hay mucha oferta de dólares (en parte para financiar gasto público) y poca demanda (por la recesión y los mayores aranceles), entonces, la revaluación (fortalecimiento del peso frente al dólar) es inevitable. El gobierno podría manipular la tasa de cambio devaluando artificialmente, pero el resultado sería más inflación. Los aumentos en los costos de producción compensarían con creces el impacto favorable de una mayor devaluación.



Mientras el gobierno siga en su frenesí de gasto, financiándose en forma creciente con dólares provenientes del crédito externo y de las privatizaciones, poco se puede hacer para evitar la revaluación. Después de todo, todavía no se ha inventado una ley que suplante a la ley de la oferta y la demanda.
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