La aprobación en el Congreso del austero

| 10/8/1999 12:00:00 AM

La aprobación en el Congreso del austero

Presupuesto de la Verdad tiene una innovación institucional que no ha salido a la luz pública: no lleva partidas para los congresistas. Además de permitir una economía de recursos por varios cientos de miles de millones de pesos, este hecho tendrá esta implicación política para el año entrante: las partidas nacionales manejadas por congresistas dejarán de influir en las elecciones locales. Ello puede ser una verdadera caja de sorpresas.

La carga del desajuste económico en el último año ha sido dispar para el gobierno y para el sector privado. El gobierno quiso cerrar la brecha fiscal estabilizando el nivel de gasto que heredó y aumentando impuestos. La inversión empresarial colapsó, y el PIB per cápita generado por el sector privado llegará este año al nivel que tuvo en 1990. Es decir, una década perdida para el sector empresarial.



¿Y qué pasó con el aparato estatal? Que su tamaño se quedó por las nubes. Solo al compararlo con el resto del mundo se aprecia mejor cuán grande está. El reciente Estudio Económico de la Cepal permite la comparación del tamaño del gasto y de los ingresos tributarios de Colombia con todos los países de América Latina en la actualidad. La gráfica indica que Colombia tiene hoy, en relación con el tamaño de su economía, un gasto público un 25% mayor y un esfuerzo tributario un 40% más alto que el promedio de América Latina. Nuestro gasto público solo es superado por Brasil, pero es el doble que el de Centroamérica. Ningún país, ni siquiera Uruguay, tiene mayores recaudos tributarios. Y tenemos el doble de impuestos que México o nuestros vecinos, Ecuador y Venezuela.



Es hora de que, ahora que el país, el gobierno y el Congreso parecen por fin haber tomado la ruta de las reformas estructurales, se equilibren las responsabilidades de las empresas y los burócratas. No puede ser que el tamaño del gasto público siga siendo intocable. El equilibrio de las finanzas públicas hay que lograrlo con menos gasto, con mucho menos gasto y también con menos impuestos, con muchos menos impuestos. Para evitar, en el siglo que comienza, perder otra década para el sector privado.
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