Impuestos y empresas

| 10/3/2002 12:00:00 AM

Impuestos y empresas

La propuesta de incrementar los impuestos a la nómina llevaría a que alcancemos niveles no vistos en Chile desde 1980.

La reforma pensional, que se debate por estos días en el Congreso, está coja: la mayor parte del ajuste contenido en el proyecto de Ley recae en un incremento de los impuestos a la nómina en 2 puntos porcentuales (3, en el caso de sueldos de más de 20 salarios mínimos) y hace muy poco por la vía de reducir el excesivo gasto que caracteriza al sistema. Si el Congreso acoge este camino, el sector privado pagaría nuevamente gran parte del ajuste, pues las empresas perderían competitividad y se fomentarían aún más la informalidad y el desempleo. Y, sorprendentemente, Colombia se acercaría cada vez más a la normativa chilena, pero a la del año 1980 antes de las reformas estructurales que generaron las condiciones para un crecimiento sostenido.



La gráfica muestra que con esta reforma pensional, las contribuciones para seguridad social (salud y pensiones) expresadas como porcentaje del salario base de cotización (SBC) serían de 19,4% y de 10,1% para las empresas y los trabajadores, respectivamente. Sergio Clavijo, codirector del Banco de la República, demuestra en un trabajo reciente que hay una equivalencia entre estos aportes y el pago de un "impuesto puro" o un sobrecosto, indirecto y oculto, en el que incurre la sociedad cuando se obliga a los empresarios a realizar contribuciones para adquirir algún bien o servicio (en este caso, por el desbalance pensional). Mientras que en Chile el "impuesto puro" es de 0% luego de las reformas de los 80, en Colombia el "impuesto puro" pasaría de un 17% por cada peso pagado en la nómina a un 19% a partir del año 2005. Bajo estas condiciones, la competitividad del sector privado será nula en los mercados mundiales.



A principios de los 80, Chile redujo los impuestos a la nómina y los trabajadores quedaron a cargo de la gran mayoría de los aportes para costear los servicios que los benefician a ellos. Al mismo tiempo, se dio un ajuste en los salarios de una sola vez, como se hizo en Colombia en 1990 con la introducción del salario integral.



El país todavía está a tiempo de tomar decisiones de fondo para no continuar haciendo reformas a medias. La viabilidad del país y la reducción del desempleo están en juego. El Congreso tiene ahora la palabra.
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