| 4/13/1998 12:00:00 AM

Educarse: buen negocio

La rentabilidad de la educación no sólo es alta sino creciente.

Desde cuando Gary Becker publicó sus investigaciones sobre capital humano en los setenta, los economistas aprendieron a analizar la educación como una inversión. Las familias hacen enormes esfuerzos para educar sus hijos y siempre quieren saber cuánto paga esa inversión.



La información de la encuesta de hogares del DANE permite calcular la rentabilidad de la educación en Colombia. A finales de 1997, la tasa de retorno de la educación era del 12,4%. Es decir, para el colombiano promedio invertir un año en educarse genera un aumento de ingresos reales anuales en un 12,4%. Estudiar 6 años duplica los ingresos esperados. Y estudiar 16 años hasta terminar la universidad multiplica por 6,5 veces los ingresos esperados en la vida laboral. La educación tiene, pues, una rentabilidad tan alta o más que otras inversiones.



Sorprende, además, que esta rentabilidad sea creciente. Las tasas de retorno habían descendido en los setenta y ochenta. El retorno a la educación, que era del 11% al comienzo de los noventa, ha subido sistemáticamente en los últimos cinco años. Esto es a la vez el síntoma de un desequilibrio y la señal de una oportunidad.



Es un desequilibrio porque revela la falta de ajuste entre la demanda y la oferta de educación. En los noventa, la apertura y aceleración del cambio tecnológico ampliaron la demanda por personal calificado. Al tiempo, las restricciones de política han impedido que escuelas, colegios y universidades aceleren sus coberturas al ritmo que se requiere.



Pero también es una señal de oportunidades de inversión para las familias. Mandar a los hijos a los colegios y en especial a las universidades es hoy, a pesar de las dificultades, más negocio que nunca en los últimos 25 años.
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