Confusión de prioridades

| 6/14/2002 12:00:00 AM

Confusión de prioridades

Más que en estabilizar el ingreso de los productores del grano, la contribución cafetera se fue en costos institucionales.

Uno de los grandes cuestionamientos que hace la Comisión de Ajuste de la Institucionalidad Cafetera, que rindió su informe a finales de mayo, es si la plata de la contribución cafetera realmente sirvió los propósitos de los productores del grano.



La gráfica muestra que entre 1991 y 2001 el recaudo por la contribución ascendió a US$2.224 millones a precios constantes de 2000. Solo el 20,2% de la contribución se dedicó a la estabilización del ingreso cafetero, mientras el resto financió parcialmente la provisión de bienes públicos, gastos institucionales para mantener el aparato burocrático del FNC e inversiones, en orden de importancia. Esta confusión de prioridades generó un desequilibrio sistemático entre la contribución neta y los costos institucionales, que fue la principal causa del deterioro patrimonial de la institución. De hecho, el hueco por este manejo de los recursos de los cafeteros ascendió a US$1.048 millones durante este período.



Esta triste situación sale a la luz en un momento en que la caficultura colombiana pasa por una grave crisis estructural, producto de una sobreoferta mundial y un nivel de precios internacionales del grano que no permiten recuperar los costos de producción.



Para evitar que se prolongue la crisis del FNC, la Comisión recomienda modificar legalmente la institucionalidad cafetera, creando tres unidades independientes (comercialización, estabilización, y bienes públicos y otros gastos institucionales), con funciones claramente definidas y delimitadas.



Este vuelco implicaría romper con la unidad de caja del FNC, la cual en últimas permitió al gremio continuar con unos gastos institucionales muy elevados. De hecho, desde el rompimiento del Pacto Cafetero en 1989 era evidente que la estructura institucional cafetera estaba sobredimensionada y no era la adecuada para enfrentar con éxito los retos que imponía el nuevo entorno. Ahora más que nunca es necesario que el gobierno ponga en marcha unas reformas institucionales que permitan apoyar de la mejor manera a los 560.000 productores de café. La sobrevivencia del sector depende en gran parte de ello.
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