| 10/1/1994 12:00:00 AM

¿Bonancita o bonanzota?

TODAVÍA ES UN poco temprano para saber si se va consolidar un precio internacional del café por encima de los US$2.00 la libra. Después de la helada que afectó los cafetales de Brasil se cierne ahora la amenaza de una sequía. El mercado internacional se encuentra invadido de un creciente nerviosismo.

Las consecuencias para la política económica son realmente significativas. Con lo que ya se ha dado, el precio interno del grano ha alcanzado en términos reales un nivel parecido al de la segunda mitad de los años ochenta. Con respecto al precio promedio de 1993 el aumento en términos reales ha sido de un 72%. Si bien el volumen de la cosecha es menor que en otros años, este porcentaje da una idea del mayor poder de compra que se está empezando a generar en la economía cafetera.

Desde el punto de vista del sector externo los cambios también son dramáticos. Las exportaciones cafeteras durante 1993 fueron US$1.140 millones y para este año se espera que sean por lo menos US$2.000 millones. Durante 1995 estas exportaciones alcanzarían una cifra que podría oscilar entre US$2.600 millones y US$3.300 millones, dependiendo del clima en el Brasil.

Aunque parte de los excedentes se destinarían a repagar las deudas del Fondo Nacional del Café y otra parte simplemente se congelaría, no hay, duda de que la mayor

porción iría a parar a manos de los caficultores. En otros años cuando hubo bonanza cafetera como la que se vislumbra, los gobiernos de Alfonso López y de Belisario Betancur llevaron a cabo una política fiscal contraccionista (de superávit en las cuentas del gobierno) y evitaron así problemas mayores de inflación y de revaluación. El actual gobierno no se ha dado por enterado.
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