| 5/4/2014 10:00:00 AM

¿Rajado en contabilidad?

Durante su primer interrogatorio ante la Fiscalía, Carlos Alberto Palacino, expresidente de Saludcoop, tuvo problemas para explicar cifras que sugieren que usó recursos públicos en inversiones privadas.

Carlos Alberto Palacino, cabeza depuesta del emporio empresarial en el que se convirtió el grupo Saludcoop, se presentó el lunes 7 de abril en la Oficina de Protección de la Fiscalía en Bogotá para enfrentarse a un interrogatorio que tomaría doce horas. Hasta ese día, pocos le apostaban a que este hombre, que se declaró insolvente cuando la Contraloría lo condenó a pagar solidariamente $1,4 billones por perjuicios al sistema de salud, aceptaría dejar su cómodo y voluntario exilio en Boca Ratón, Florida.

Llegó puntual a la diligencia en compañía de su abogado, el penalista Gonzalo Jiménez. Iba a responder por el primero de cinco procesos que el organismo de investigación adelanta en relación con el descalabro de la EPS más grande del país en términos de activos. Algunos de ellos lo involucran directamente a él y otros están referidos a actuaciones de directivos de la Corporación IPS Saludcoop.

Una de las investigaciones más sensibles es la que se relaciona con un presunto enriquecimiento ilícito, que ha llevado a los nuevos cuerpos de policía judicial a revisar la tradición de sus bienes, los de su esposa y sus tres hijos, lo mismo que los de su socio Jaime Borrero Fandiño, un arquitecto y excurador urbano de Bogotá.

Ese lunes, sin embargo, Palacino solo iba a responder algunos interrogantes que parecían sencillos sobre los estados contables de las empresas del grupo que él solía manejar con el concepto de unidad de caja. Llevaba documentos e iba preparado con un amplio repertorio que presentaría con la misma habilidad dialéctica que le caracterizó desde los tiempos en que, como humilde cooperado de Coomultrasan y La Equidad, comenzó a crear la idea de Saludcoop.

Pero habilidad y dialéctica no le resultaron suficientes para rebatir un breve informe de auditoría contable preparado por un grupo de contadores al servicio de la Fiscalía y alusivo exclusivamente a sus movimientos del año 2004. Por razones de ritualidad legal, la primera parte de la investigación solo podía referirse a los manejos de Saludcoop entre 2000 y 2004 y tendría que ser tratada de acuerdo con el procedimiento penal antiguo. De 2005, cuando entró a regir el Sistema Penal Acusatorio, en adelante, el trámite tendrá que ser adecuado al régimen vigente. Por eso existen dos expedientes sobre este tema con radicados distintos.

En blanco sobre negro

En el capítulo de conclusiones, el informe remarcaba inconsistencias entre las cifras correspondientes a los recursos propios de la entidad y aquellas relativas a obligaciones financieras e inversiones. En uno de sus apartes, el documento ponía así las cosas en blanco sobre negro: “(…) Saludccop EPS OC contó con recursos propios por valor de $39”705’394.000. Sin embargo, en el pago de capital de las obligaciones financieras pagó (sic) $49’’339’298.000, es decir, un valor superior a sus propios recursos. En cuanto a los usos (inversiones en distintos campos), para el mismo período la EPS destinó la suma de $67’’472’803.000 a actividades diferentes a la prestación de servicio de salud. Esto arroja una diferencia entre generación de recursos y usos (…)”.

El asunto era clave porque Palacino aducía que las inversiones en campos distintos a la prestación de servicios de salud, entre ellos la participación en clubes deportivos, compra de participación en empresas y actividades inmobiliarias, habían sido hechas con recursos propios. Pero si el desfase advertido no encontraba explicación técnica, ello significaría que había usado indebidamente recursos de las UPC y también recursos parafiscales, como lo han sostenido la Contraloría y la Procuraduría.

Si esto último resulta probado por la Fiscalía, Palacino podría ser instruido de cargos por peculado por extensión, toda vez que los parafiscales son considerados recursos públicos.

Como a la luz del informe estaba claro que las cifras no cuadraban, el expresidente de Saludcoop alegó que la información era incompleta y que los expertos no le habían tenido en cuenta otras masas de capital que hacían parte de los recursos propios.

Cuando Jorge Eduardo Rojas, director de la Oficina de Protección y fiscal destacado para el caso, le puso de presente el informe y lo requirió respecto a otras posibles inconsistencias, Palacino intentó hacer sus propias cuentas y al final pidió plazo para aportar documentos que, según él, servirán para aclarar los posibles vacíos. Por primera vez en mucho tiempo, se le oyó decir que no tenía presentes ciertas cifras.

De todas maneras, insistió en que sean tenidos en cuenta “criterios jurisprudenciales” según los cuales los excedentes de tales recursos podrían ser considerados como recursos propios y utilizados para hacer inversión.

Al final, prometió que acopiaría la información necesaria para zanjar las dudas y no dijo que regresaría a La Florida. De hecho, registró como domicilio un exclusivo club residencial que se erige en un valle contiguo a los cerros de La Calera, al nororiente de Bogotá. Por ahora no tiene restricciones para viajar.

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De todo como en botica


Antes de oír en versión libre a Palacino, la Fiscalía escuchó no menos de 38 declaraciones de distinto tenor. Algunas transcurrieron incluso entre los sollozos de quienes decían que no era justo darle tratamiento de reo al constructor de un imperio con vocación social o entre los reparos de quienes consideran que dicho emporio no es más que una empresa orientada al lucro personal.

A las diligencias han concurrido también ejecutivos de importantes empresas del sector privado que figuran como miembros del Consejo de Administración de Saludcoop o como representantes de las cooperativas asociadas. Entre ellos están Gabriel Arcadio Franco Espinosa, integrante del Consejo y representante de la Cooperativa de Avianca; José Enrique González Enciso, docente y representante de la Cooperativa y Profesor de la Universidad Nacional, y Ana María Piñeros, representante de la Fundación Juan N. Corpas.
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