| 10/5/2010 10:35:00 AM

Plantas de etanol 'hacen agua'

Factores como la imprevisión técnica, la laxitud en los procesos de contratación y la negligencia oficial llevan al fracaso a los principales proyectos públicos concebidos durante el gobierno de Uribe para la producción de etanol y biodiesel.

El 17 de octubre de 2008, el entonces presidente Álvaro Uribe pronunció un emotivo discurso sobre el advenimiento de una nueva era en la producción de biocombustibles en Colombia. Ese día, al inaugurar la planta piloto para la producción de etanol en Barbosa (Santander) el mandatario exclamó: "A esto no le van a tener que poner 'made in Colombia', sino inventado en Colombia".

La planta, construida bajo la responsabilidad de Corpoica, con una inversión de $6.800 millones, se anunciaba como un complejo de última tecnología que contribuiría a resolver problemas económicos y sociales de la rica región del río Suárez: absorbería la producción de caña de azúcar, beneficiaría a los productores de panela y sería imán para atraer mayor inversión en la comarca.

Pero poco tiempo después, cuando aún resonaban los ecos de la celebración, la planta afrontó el primer problema que la puso en riesgo de desuso. El dique de una de sus piscinas se averió y los esfuerzos por recuperarla naufragaron en un mar de diligencias burocráticas. Meses más tarde, sus estructuras estaban envueltas por la maleza y los planes edificados alrededor de ella lucían frustrados y sobredimensionados.

Junto a su herrumbrosa estructura, el alcalde de la población, Jorge Humberto Ardila, diría en ese momento que de las casi 60.000 hectáreas de caña de azúcar producidas en la hoya del río Suárez, la planta solo podía absorber media hectárea y que su aprovechamiento quedaría reducido a la producción de vinazas, un desecho o sobrante del etanol que, desnaturalizado, se convierte en fosfato útil como abono.

"Pronto -dice un auditor de la Sociedad Colombiana de Ingenieros- hubo más vinazas que alcohol carburante. Se produjeron derrames incontrolados y fue necesario pagar millonarias indemnizaciones a los dueños de predios circundantes". Por lo demás, la planta fue levantada en un sitio de ladera de difícil acceso y la Nación dejó en manos del municipio la construcción de una vía que costaría $600 millones y que todavía no existe.

Sin solución a la mano, el Gobierno optó en ese momento por entregar en comodato el terreno donde está la planta a la Universidad Industrial de Santander (UIS) que podría emplearlo para sus prácticas académicas. Al asumir recientemente su cargo, el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, se encontró con que la Contraloría investiga un posible detrimento patrimonial y con algunas propuestas para la recuperación de la planta que hoy están en estudio.

EL OTRO ORO DE FRONTINO

Espectros similares rondan la planta de producción de etanol de Frontino, que fue inaugurada a comienzos de año, luego de varios meses de anuncios. Durante su primer mes, único lapso en el que funcionó, su producción llegó al 5% de lo anunciado en 2008, cuando el Ministerio de Agricultura, a través del Corpoica, comprometió en el proyecto $4.400 millones, la gobernación de Antioquia $1.300 millones y el Instituto para Soluciones Energéticas (IPSE) $700 millones.

La planta del Chuscal de Musinga -denominada así por su vecindad con el valle del mismo nombre- absorbió, mientras funcionó, una pequeña cantidad de la producción de caña que se extiende a lo largo de 22.000 hectáreas. Su capacidad instalada estaba calculada inicialmente en 5.000 litros diarios de etanol, pero con dificultad llegó a los 800.

Según funcionarios del Ministerio de Agricultura, existen temores razonables en el sentido de que otras instalaciones similares que se encuentran en Vegachí (Antioquia) y Villeta (Cundinamarca), en los que están comprometidos en total más de $60.000 millones. De hecho, en el proyecto de Villeta -uno de los más grandes productores de panela del país- solo alcanzó a ser comprado el lote donde se haría el montaje de la planta.

"El proyecto hizo agua porque no estuvo soportado en estudios técnicos y de viabilidad confiables. Como ocurrió en Barbosa, en Frontino también hubo varios directores de obra y proliferaron los contratistas que no dieron muestras de cabal funcionamiento", asegura un antiguo interventor que pidió no ser identificado por su nombre porque actualmente actúa como testigo en procesos de responsabilidad fiscal y disciplinaria.

Según él, el municipio de Frontino, famoso históricamente por sus vetas de oro, tuvo la esperanza de que el etanol fuera un recurso tan valioso como el preciado metal, pero actualmente sus expectativas se ven frustradas.

¿Y EL BIODIESEL?

El problema que se percibe en el sector con los proyectos de biocombustibles -al menos en los de origen estatal- no es exclusivo del etanol. En este campo, uno de los mayores fracasos sobre los que el país no parece haber reparado suficientemente está encarnado en una planta de biodiesel construida en 2009 en vecindades de Tumaco (Nariño).

Su inversión inicial, relativamente pequeña, llegó a los $2.000 millones, pero los esfuerzos por hacerla funcionar llegan al doble. El proyecto original, liderado por Corpoica, contemplaba que la planta produciría 2.000 litros diarios del combustible y permitiría suministrarle energía a Salahonda, un municipio pobre de 10.000 habitantes.

Entre otras falencias, el complejo no contó desde el inicio con un laboratorio que certificara la calidad del biodiesel producido. Con su fracaso, los cultivadores de palma de aceite, especialmente aquellos que aún producen en pequeña escala, no cuentan con alternativas de mercado para su oferta.

Seis informes de auditoría coinciden en que en los tres proyectos mencionados proliferan los sobrecostos y las redes de contratistas hoy no dan razón sobre la calidad de su trabajo.

Sin embargo, miembros de los equipos técnicos de Corpoica que trabajaron en el diseño de las plantas y que incluso exportaron tecnología a Guatemala y Honduras -donde plantas similares aún no han entrado en funcionamiento- le dijeron a Dinero que los contratiempos surgidos representan casos aislados y no permiten, de ninguna manera, pregonar el fracaso de las políticas públicas para la generación de energía alternativa.

Carlos Virgüez, asesor de los montajes de las plantas, aseguró que se trata de experimentos piloto, en los que aún los "fracasos temporales" constituyen elementos de aprendizaje. "Allí no ha habido mala fe de nadie, sino un experimento de ensayo y error que pronto nos permitirá concebir verdaderas plataformas de producción".

Según él y otros expertos consultados, plantas de este tipo abrirán las puertas para proyectos integrales que beneficiarán a toda la comunidad en campos como la producción de aceite, utilizado en la generación de bioenergía, que mejora la calidad de vida de esa misma comunidad y que beneficia al medio ambiente con menos emisión de gases nocivos.

No obstante, lo que se ha conseguido hasta hoy demuestra que la empresa de producir etanol y biodiesel en escalas crecientes, y por cuenta del Estado, por ahora está haciendo agua.

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